Cienfuegos: puertas cerradas a la pandemia; abiertas a la vida

En coautoría con Zulariam Pérez Martí.

De disímiles maneras se asume en Cuba la pandemia de la Covid-19. La transmisión de la enfermedad en el país trastoca las arraigadas costumbres, los efusivos afectos, impone la distancia y obliga a quedarnos en casa, encerrados, en la más extraña apuesta por la vida. Las habituales rutinas que desgastaban nuestros zapatos reposan, como la ropa, en los escaparates del necesario aislamiento y, en su lugar, nos hemos reinventado las horas y los días.

La ciudad de Cienfuegos pareciera, por momentos, soñolienta. Por sus calles más transitadas, la concurrencia de personas es bastante escasa, incluso cuando muchos acuden a los establecimientos comerciales en busca de alimentos y artículos de aseo. Pero predominan aquellos instantes en que luce vaciada, fantasmal, con los únicos cuerpos de sus modernos y viejos inmuebles.

Cienfuegos puertas cerradas a la pandemia
En estos momentos tan difíciles, no pocos echan mano a antiguas tradiciones./Foto: Roberto Alfonso Lara

Desde los balcones, puertas y ventanas de casas y edificios, la urbe clama su decisión de seguir viviendo, con mensajes cargados de amor, creatividad y conciencia ante el complejo escenario. Una familia, por ejemplo, indica que su hogar “entra en cuarentena, no te enojes, no recibiremos visitas, mi prioridad es colaborar para que no se propague el virus (…) Cuando todo pase nos juntamos y festejamos”. Otros son mucho más tajantes: “Stop”, dicen, aunque aclaran, amablemente, que es “por tu seguridad y la de los míos”.

Los devotos hasta amarran cintas blancas en las agarraderas de las puertas, bien a la vista, porque escucharon que una vez, cuando la gripe española, en 1918, este fue uno de los métodos que se aplicaron para evitar el contagio. Sin embargo, la leyenda afirma que en realidad, el objetivo era advertir a los servicios médicos que dentro de ese domicilio residía una persona enferma. Claro que en jornadas tan sobrecogedoras, la esperanza se recodifica y las antiguas tradiciones adquieren nuevos significados. Así de ingeniosa, original y solidaria, Cienfuegos muestra su semblante al coronavirus, sin perder los colores ni la fe.

DIBUJOS PARA EL ALMA

En la calle de Argüelles, entre Tacón y Cristina, muy cerca del Paseo del Prado, varios dibujos llaman la atención a los transeúntes. Están cogidos con alambres a la reja de una ventana, y recrean la cotidianidad de esta urbe: las casas, los edificios, los autos. Encima, cual sol, un letrero los ilumina: “Que se curen pronto”.

Son los buenos deseos de César Valdés Quiñones, un niño de ocho años que, ayudado por su hermana Cecily, de quince, concibió esos trazos para animar a sus vecinos, amigos y a todo el que se detuviese a mirar las “obras”. Hace unos días, estas hasta llegaron a las redes sociales, con montones de comentarios positivos y de admiración.

Yudith Quiñones Alvaíe, madre de los muchachos, cuenta que la idea surgió para ocupar el tiempo libre. “Con pedazos de cartulina que habíamos utilizado en otros quehaceres se nos ocurrió realizar estos dibujos, porque a César le gusta mucho pintar. En ellos plasma la actual situación: pasan los autos, se ven las viviendas, pero no las personas. Él ha visto en el televisor que hay mucha gente enferma, incluso niños, y por eso quiso ponerles un mensaje (‘Que se curen pronto’), para que puedan salir nuevamente a las calles, a jugar con los amiguitos”.

Para los moradores del barrio, César y Cecily elaboraron también pequeñas tarjetas que sus padres tiran por las hendijas de puertas y ventanas en los efímeros momentos en que salen del hogar. “Queridos vecinos: extrañamos mucho encontrarnos en la acera —escriben—, saludarnos, preguntar por la salud. Pero ahora es importante cuidarnos y quedarnos en casa seguros, para luego una buena fiesta hacer”.

Dice Yudith que “las reacciones han sido favorables, las personas se emocionan; muchas rebasan los 60 años y llevan tiempo sin poder interactuar. Además, a las nueve de la noche aplaudimos a los trabajadores del sistema de Salud Pública, y recién comenzamos con la iniciativa de los silbatos, para que otros nos oigan y participen”.

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El dibujo del niño cienfueguero César Valdés Quiñones, de ocho años, generó diversas reacciones en la red social Facebook por su originalidad./Foto: Roberto Alfonso Lara

Vivir esta circunstancia aferrada a sus hijos resulta, por supuesto, una bendición, pero a la vez entraña retos, al tenerlos recluidos dentro del hogar. “Afortunadamente están las teleclases y las grabamos para ambos al disponer de la facilidad de la tecnología. Hacemos juntos las tareas que orientan y en el resto del día variamos las actividades”, afirma Yudith.

“Dibujamos, jugamos parchís, utilizamos la computadora, la tablet o el celular y, en el horario de la tarde, practicamos ejercicios físicos en el patio: lo mismo fútbol, baloncesto o cualquier otro deporte. Es importante —agrega— esta atención, buscar alternativas para los niños y especialmente, cumplir con las medidas y cuidarnos todos”.

Las piezas pictóricas de su pequeño César exhortan, desde el tierno lenguaje de la infancia, a ese sentido de la responsabilidad, mientras las máquinas de coser apenas descansan, en el afán de resguardar al mayor número de rostros.

MASCARILLAS DE PASARELAS

Hoy el grito de la moda son los nasobucos 😷. Así lo entiende Dianko Menéndez, diseñador del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y director del Grupo de creación Reinel y Dianko, al comentar sobre la iniciativa de destinar recursos a la fabricación de las imprescindibles mascarillas.

“Lo decidimos sin pensarlo demasiado”, dijo. “El mundo y las economías están paralizadas, las personas mueren por el colapso de los sistemas sanitarios y la escasez de los medios de protección. En Cuba, país bloqueado, es difícil satisfacer la demanda de estos accesorios; entonces, qué mejor que los artistas utilicen sus reservas en función del bienestar de la sociedad.

“Reinel y Dianko está sacando de lo que tiene. Nosotros no hacemos este tipo de aditamento, sino confecciones de moda. Por tanto, las telas que utilizamos para ello son buenas, de mucha calidad. Es lo que nos toca; tampoco nos gustaría que la pandemia pase a más y quedarnos con el cargo de conciencia de que, teniendo con qué trabajar, no lo hicimos”, sostiene.

Desde sus casas, las costureras de la pujante marca cienfueguera, casi todas personas mayores, se entregan a la elaboración de los nasobucos, de forma voluntaria y sin percibir ni reclamar un centavo. Luego proceden a la distribución.

“Hemos regalado mascarillas a la Dirección Provincial de Cultura, a los trabajadores de tiendas que interactúan directamente con el público: Artex, Caracol, Tiendas Caribe; a periodistas que vemos en la calle. En la medida que crezca la producción, llegaremos a otros lugares y a personas necesitadas”, apunta Dianko.

Para el conocido emprendedor, la situación deviene un poco controversial. “Es una economía frenada y sin embargo, el deber nos exige donar y no vender. Nuestra política no es aprovecharnos de semejante tragedia. Por eso, todo lo que hagamos con tal fin será sobre la base de las donaciones. La Covid-19 —dijo— se ha encargado de demostrar que existen cosas más importantes que llevar una prenda de lujo”. El gesto, reproduce el altruismo de otros muchos que, en horas como estas, se vuelcan a aliviar el golpe.

LAS CRÓNICAS DE UN BUZO

El “Flaco Manzanares” deja claro que sus textos son aptos para mayores de 40 años. Los tira al ruedo en la pasarela de Facebook como si fueran bolos que apuntan al centro de una generación de cubanos, como si fueran modelos que no necesitan caminar con tacones de terciopelo ni posar ante las cámaras de una ciudad virtual.

No pactan con la exquisitez editorial, mucho menos se disponen a navegar por los mares de las ediciones repetidas. “Es un diálogo. Yo comienzo y los demás lo enriquecen con sus memorias e ideas. No tengo la última palabra, lo hago para divertirnos en los días del #QuédateenCasa. Algunos ya los tenía escritos antes de la Covid-19, pero ahora fue que los hice públicos. Llevan una secuencia cronológica: la niñez, la adolescencia, la juventud… Es para interactuar y conectarnos en tiempos donde  cuela la soledad”, dice Ernesto Manzanares.

Cuando lo explica, ni te imaginas que aunque estudió Derecho, lleva 20 años administrando el Centro Internacional de Buceo de Rancho Luna y que de esos andares está marcada su existencia.

Con más de 2 mil 600 seguidores, el Flaco Manzanares ha cautivado a sus amigos virtuales con una docena de crónicas que evocan la vida del cubano en tiempos donde la tecnología no sustituía los parques. Leerlo en medio de la catarsis universal por el nuevo coronavirus es volver sobre el camino dejado atrás, desempolvar las historias pasadas que unen en el centro de un salón a cubanos de aquí o de allá, dispuestos a bailar sobre el eje de una época pretérita.

“Menos mal que te tengo de amigo, ya me he acostumbrado a pasarla entretenido con tus historietas, hasta las comparto con otros para que se diviertan también”, señala Nelson Rodríguez, uno más en la tripa de comentarios que le cuelgan a sus textos.

“¡Qué historias! Espero que las estés guardando a la antigua, en papel y lápiz. Me encantan”, opina otra usuaria.

Las crónicas las escribe en el teléfono, de un tirón y “sin lucha, porque lo que interesa es pasar un rato agradable. Trato de ubicar a la gente en un contexto determinado y entonces en los comentarios terminamos de completarlas, de agregarles las cosas que faltaron. Así salió una sobre los juguetes que tuvimos, las salidas nocturnas antes de casarnos, los carnavales, los traumatizados de hoy”, agrega.

Su texto lo es todo, como todo es su memoria sobre la vida feliz de los cubanos que disfrutaron los años 80 y 90 de esta isla excepcional. La prosa digital se convierte en oasis para los internautas que, cansados de visualizar reportes de la Covid-19, leen y recuerdan esos hilos que movieron su existencia en una época diferente.

Con buen sentido del humor, frases cortas y un lenguaje coloquial, las crónicas del “Flaco Manzanares” cuelan en las redes como un profundo mar de cubanía; sus olas salpican y mojan de añoranza a gente de aquí o de allá. Ya no hay buceo, esos trajines están limitados por estos días, pero hay textos que andan casi a diario por las pasarelas de Facebook como si fueran modelos que no necesitan caminar con tacones de terciopelo ni posar ante las cámaras de una ciudad virtual.

Como otras peculiares iniciativas ciudadanas que nos roban el aliento y desencadenan aplausos, estas nacen en Cienfuegos y se abren a la vida, aunque la pandemia obligue a mantener las puertas cerradas.

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Roberto Alfonso Lara

Roberto Alfonso Lara

Licenciado en Periodismo. Graduado en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2013.

2 Comentarios en “Cienfuegos: puertas cerradas a la pandemia; abiertas a la vida

  • Roberto Alfonso Lara
    el 9 abril, 2020 a las 10:45 am
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    Saludos Atilio, tiene razón, nuestro periodismo debe proponerse mirar hacia los barrios, si bien en este reportaje las situaciones que se describen, incluso algunas de las fotos, no se ciñen exclusivamente al centro de la ciudad. Pero creo y defiendo lo que dice, que es preciso ir ciudad adentro, e incluso más allá.

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    el 8 abril, 2020 a las 8:29 pm
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    no se limiten a las calle céntricas…dense una vuelta por Reina…

    Respuesta

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