“Busco los ecos de las voces no escuchadas”

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La biblioteca del tío se convirtió en una leyenda para él desde pequeño. El familiar, luchador antimachadista junto a Carlos Rafael Rodríguez, era un hombre culto que logró recopilar en sus estantes centenares de libros. Esos volúmenes rociaron de lumbre la imaginación del niño y si, más para bien que para mal no lograron domeñar su carácter impetuoso y su intrepidez característica, sí le confirieron la certeza de que de letras e historia iría su existencia.

Los rumbos de Orlando García Martínez (Cienfuegos, 1951) también serían marcados por su paso por la Universidad Central de Las Villas en la carrera de Licenciatura en Historia, cuando era cosa diaria la presencia allí de iconos como Manuel Moreno Fraginals, Armando Entralgo o Julio Le Riverend. “Fue un plan de estudios, con gente fabulosa, que me permitió una visión más cultural de los procesos históricos”, dice.

“Tuve la suerte de hacer mi servicio social en un sitio muy cercano a donde el grupo de teatro Escambray acometía sus investigaciones y labor de campo. Ello, unido a la formación fuerte en la investigación recibida en la Universidad, vinculada a la cultura y en el lindero entre la historia, la sociología y la antropología, contribuyó a configurar en mí una metodología de trabajo signada por lo anterior. Profesores como Violeta Rovira o Hernán Venegas, exigentes y reacios a la improvisación, me ilustraron en el camino del rigor y el sacrificio intelectual”.

García Martínez comenzó a pisar con el pie derecho en los terrenos de la historiografía. Ya su tesis de grado, Estudio de la economía cienfueguera desde la fundación de Fernandina de Jagua (la cual, dicho sea al camino, echaba abajo las tesis manejadas hasta entonces sobre el surgimiento de la Villa) se publicaba en una revista tan prestigiosa como Islas. Y era escogido para permanecer como profesor de la especialidad en la Universidad en la cual cursó estudios.

No obstante, retornó a Cienfuegos, donde preside la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) desde que se fundó, dirigió varias de las instituciones culturales más importantes -entre ellas, el Archivo Provincial-, y ha desarrollado una obra creadora de resonancia nacional e internacional en las investigaciones historiográficas. Concretada en varios títulos ponderados por figuras de relieve en dicho ámbito, dentro y fuera de Cuba.

Las biografías de los mártires cienfuegueros Luis Pérez Lozano y José Gregorio Martínez, ambas de la década de los ’80, antecedieron a la del brigadier de las luchas independentistas, José González Guerra, originalmente editada por Ciencias Sociales. Dicho texto, con el cual afirma no sentirse del todo satisfecho y del que se prepara otra salida con información ampliada, fue coescrito con Alina Puig y Florentino Morales, a quien lo atara profunda amistad.

“Florentino, figura imprescindible para el estudio de la historia de Cienfuegos, era digno de admiración por su constancia y laboriosidad. Si bien divergíamos en cuestiones de método y enfoques -al positivismo suyo se contrapone mi prisma marxista con aportes de la escuela francesa, la academia norteamericana, el estructuralismo y sobre todo el vínculo a lo microhistórico-, nos respetábamos mucho. Estuve mucho a su lado y llegó, por su bondad y cariño, a ser otro padre para mí. Su apertura al mundo me ayudó a ser abierto también”, evoca el intelectual.

Al inquirir más detalles en torno a su manera de abordar el fenómeno histórico, apunta que suele desplazarse “de lo macro a lo microhistórico y entrarle por dentro a los procesos en su perspectiva regional; e incluso dentro de lo territorial, a una escala micro”.

Buen ejemplo en ese sentido sería un aportador estudio sobre El Paisito, comunidad negra fundada un siglo atrás en las cercanías del barrio cienfueguero de Caunao por un grupo de esclavos, a través de la unión de lazos de parentesco y propiedad sobre la tierra, publicada en el libro Historia y memoria: sociedad, cultura y vida cotidiana en Cuba, 1878-1917: “Son esas las cosas que me interesan, la gente sin historia, las voces no reflejadas en los documentos. Mi propósito siempre es poner en diálogo el documento con la memoria oral perdurable en el tiempo”.

Alguien versado en el tema como Fernando Coronil considera que ese intercambio del presente con el pasado ocurre marcadamente en los trabajos de García Martínez y Rebecca J. Scott, quienes con sus entrevistados recrean colectivamente una historia encarnada en archivos, prácticas y memorias.

Con Scott, profesora estadounidense de la Universidad de Michigan -y el cubano Fernando Martínez Heredia- Orlando escribió el volumen Espacios, silencios y los sentidos de la libertad, y a ella le unen estrechos lazos de trabajo desde los días en que a ambos le encomendaran revisar la corrección histórica de la historia de esclavos sublevados recreada por el guión del filme La Amistad, de Steven Spielberg. Espacios, silencios…, donde el creador explora los vasos comunicantes de la tríada raza-nación, ciudadanía, pertinaz objeto de atención en su mirilla temática, constituye un peldaño significativo en el abordaje del fenómeno racial en nuestro país, visto desde un ángulo multidimensional a tono con el reclamo de Fidel de que dicho asunto se enfoque desde puntos de observación no sólo limitados a las explicaciones clasistas.

Lazos tan sólidos como los que tiene con la Scott replica con el historiador alemán Michael Zewskie. Internacionalmente a los tres investigadores se le conoce como “el trío de Cienfuegos” por su especialización en las investigaciones de la microhistoria regional. García Martínez mantiene además relaciones de intercambio con reputados especialistas de Cuba y todo el mundo, y ha sido invitado a impartir conferencias en centros de altos estudios de Alemania, España y los Estados Unidos.

Paralelamente a tan intensa labor creadora lleva la presidencia de la UNEAC, puesto del cual se siente orgulloso pese al tiempo que le sustrae a su obra, al que es recurrentemente elegido porque la intelectualidad cienfueguera aprecia en su persona no sólo cualidades innatas de liderazgo, sino una increíble voluntad y disposición para participar de sus problemas (y los de la cultura en general), enfrentarlos y -la mayor parte de las veces- resolverlos.

Es un tipo modesto, a quien no le gusta el aspaviento. Habla del mismo modo con el más encumbrado que con el más a ras de suelo. Por no apartarse de su trabajo investigativo en Cienfuegos, por no dejar atrás a los suyos, ha renunciado a rangos merecidos, becas y largas estadías en universidades del exterior. Su cerebro es un centro de ebullición de ideas, que creo no reposa ni al dormir. Fernando Martínez Heredia lo incita ahora a concluir un libro sobre el Ejército Libertador. Y elabora, junto al periodista e investigador Andrés García Suárez, un amplio texto relacionado con los hechos del 5 de Septiembre, cuya publicación está comprometida para 2007, aniversario 50 de la efeméride. Nunca se agota, siempre se renueva. Por ello continúa creciendo como creador.

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