Sonoridad y austera hermosura (+Fotos)
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Desde la calle Céspedes No.20 llegan cada día los repiqueteos de la Iglesia de San Antonio de Padua del municipio de Lajas, un templo austero pero lleno de tal gracia divina, que se ha vuelto famoso por algunos de sus atributos, entre ellos se hallan sus campanas, las cuales, unidas a un excepcional reloj, trasladan a los oyentes hasta las postrimetrías del siglo XIX por varios kilómetros en la llanura norte de Cienfuegos.
Construida primero como ermita y luego bendecida en 1868, la iglesia cumplirá 158 años el próximo mes de mayo; un devenir que nos llega no solo gracias al Pbro. Bachiller Manuel Pérez Falguera, su primer párroco, sino también a “la piedad, suscripciones y donativos de varios vecinos y feligreses del partido de Santa Isabel de las Lajas”.
De acuerdo con las pesquisas realizadas allí por el investigador David Liestter Martínez Ramos, la edificación se enorgullece hoy día de sus seis campanas fundidas en bronce, cuatro en funcionamiento y dos conectadas a la maquinaria del referido reloj que dan los cuartos de hora. “La ubicada al este se halla en la fachada principal, de frente al parque. Tiene 74 centímetros de diámetro e igual dimensión en altura. Posee seis asas con cabezas antropomorfas, un cordón en el hombro, en el tercio dos cordones y una trabajada cenefa.



“En el medio se encuentra un escudo catalán bordeado por el texto ‘Construida por Calbeto’ que a su vez es abrazado por motivos vegetales y florales (…) Fundida en 1866, la pieza puede ser tocada de dos formas, manualmente a la vez que está conectada al reloj produciendo el sonido grave con un martillo que anuncia la hora exacta”.
El santoral con todas las efigies que alberga la parroquia parece vibrar con cada repique, y si usted se halla dentro del recinto cuando esto sucede, puede incluso notar algún susurro que viene de la imagen del “Lusitanus”, quien fuera muy popular entre los católicos por su prédica feraz.
Guardiana de los alrededores, la iglesia del San Antonio de Padua es sin dudas poseedora de un bien cuidado patrimonio arquitectónico, por lo que resulta vital seguir preservando cada uno de sus símbolos para que las próximas generaciones también disfruten de esas singulares resonancias de pasado.




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