Ranchuelo: crónica histórica de otro pueblo en vilo

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Durante mi etapa estudiantil en la Universidad de Cienfuegos, una excelente profesora de mi carrera me dijo en una de sus conferencias una reflexión que, hasta ese momento, era inédita para mí: “el que funda tiene privilegios”. Debo reconocer que en aquellos años no logré entender aquellas palabras a profundidad, aunque tampoco dejaron de retumbarme en la mente; tal vez, mi falta de experiencia académica no me dejaba ver con claridad su significado. El paso del tiempo y mi formación en ese complejo, pero gratificante, oficio del historiador me revelaron que siempre lo primero tendrá la supremacía sobre lo demás.

En la actualidad, me considero un fiel amante de la historia en general, pero ese amor se vuelve más desmedido al hablar sobre la génesis y posterior desarrollo de mi pueblo natal: Ranchuelo, la otrora taza de oro de Cuba. No es mi objetivo que esta pequeña crónica periodística sea interpretada por los lectores como una apología al lugar donde nací; pues creo que Ranchuelo tiene los méritos suficientes para plasmar su impronta en la historia nacional, y más, cuando el próximo 1ro. de octubre celebrará sus 289 años de existencia.

Resulta válido declarar, que, con antelación al proceso de expansión demográfica que se desarrolló en la Isla a finales del siglo XVIII y principios del XX, en un espacio cercano al lugar que hoy ocupa el actual Ranchuelo ya se había creado un pequeño asentamiento poblacional, el cual pertenecía al Hato del Escambray. Dicho sitio, conocido como Bocas de Riachuelo, había sido solicitado al cabildo de Santa Clara por Dionisio de Consuegra, para su poblamiento, el 1ro. de octubre de 1734. Su nombre oficial, plasmado en el acta de fundación, fue el de San Lorenzo del Riachuelo, al estar ubicado en el cuartón de la misma denominación dentro del hato antes señalado. No obstante, el quehacer económico de sus primigenios habitantes no permitió que el poblado superara los límites de un caserío y se mantendría así por más de una centuria.

Ya en 1856, Ranchuelo adquirió otras dimensiones cuando Don Diego González Abreu y Jiménez, tío de Marta Abreu de Estévez, obtuvo una caballería y 60 cordeles de tierra que luego trazó en solares y vendió a otros pobladores para la construcción de varias viviendas y establecimientos comerciales. Para esta fecha, ya existían numerosos potreros dedicados a la ganadería, varias vegas de tabacos y 18 ingenios azucareros. Por otro lado, el 26 de abril de ese propio año, el ferrocarril llegó a Ranchuelo, proveniente de la ciudad de Cienfuegos.

Primer Prado de Ranchuelo, centro de la vida cotidiana de los ranchueleros. Junto al Prado habanero, son los dos únicos del país con piso de granito.
Primer Prado de Ranchuelo, centro de la vida cotidiana de los ranchueleros. Junto al Prado habanero, son los dos únicos del país con piso de granito.

Estos elementos de modernidad introducidos en la sociedad ranchuelera, hicieron posible su nombramiento como una Capitanía Pedánea. Durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), este espacio no constituyó un territorio marcado por el desarrollo de acciones militares, aunque si aportó disímiles hombres a la beligerancia, entre ellos el más destacado, el coronel Joaquín Morales Enríquez.

La firma del Pacto del Zanjón y la puesta en práctica de una nueva política administrativa, hizo que Ranchuelo se convirtiera en un término municipal que, para 1885, contaba 300 fincas, 72 sitios de labranza, un cuartel de la guardia civil, una farmacia con un médico, servicio de telégrafo y teléfono, y más de una treintena de ingenios azucareros (muchos de ellos en plena transformación a central), entre los que sobresalieron cuentan: Santa María, Santa Rosa, El Rubí, Guáimaro, San Rafael y San José de Pedroso. Asimismo, la conversión en un municipio trajo consigo la apertura de las escuelas San Diego, Santa Rosa de Lima y Nuestra Señora de Regla, que constituyeron una solución a la carencia de instituciones educativas desde épocas anteriores.

De igual modo, durante el período de entreguerras, circuló la única publicación periódica colonial autóctona de Ranchuelo de la que se tiene registro hasta la fecha, la cual se tituló La Época, donde se publicaban las subastas y los acuerdos del ayuntamiento. Además, se crearon dos academias de piano para la enseñanza de la música y un cementerio; este último, hoy en día mantiene su funcionabilidad.

Durante la preparación de la Guerra Necesaria (1895-1898), Ranchuelo fue visitado por el comisionado del Partido Revolucionario Cubano (PRC), Gerardo Castellanos Lleonart, para la estructuración de la primera célula partidista en el territorio y la coordinación de los trabajos conspirativos. Al igual que la conflagración anterior, este municipio no fue anfitrión de acciones bélicas de envergadura. Algunos historiadores locales, a la hora de hacer referencia al aporte revolucionario de Ranchuelo durante el conflicto, aluden a los combates de Progreso, La Candelaria, la carga al machete de la Loma de la Alcantarilla y la toma de La Esperanza como los acontecimientos más destacados; sin embargo, estos tuvieron lugar fuera de los límites municipales. Tras finalizar la guerra, Ranchuelo había quedado devastado al reducirse considerablemente su infraestructura económica.

Groso modo, sobre la historia colonial de este municipio se conoce muy poco y es escaso su tratamiento como resultado de las insuficientes fuentes documentales y bibliográficas que imposibilitan la reconstrucción de su historia. Es por ello, que para nadie es un secreto que el Ranchuelo conocido es aquel del siglo XX, el Ranchuelo de los hermanos Trinidad, el Ranchuelo de su eterno alcalde Pepe Fabregat, el Ranchuelo como la Meca del calzado fino de mujer o el Ranchuelo como sinónimo de progreso económico y bienestar social. El advenimiento del siglo pasado representó para todos los ranchueleros una fórmula de prosperidad que, a su vez, contó con una mezcla de tradiciones, religión y cultura. Estos elementos hicieron posible que este lugar se ganara el apelativo de la taza de oro de Cuba. Por tales razones, resulta casi imposible recrear en pocas páginas la historia republicana de Ranchuelo porque es demasiado rica en todos sus aspectos, pero sí desearía salvar -o por lo menos, perpetuar en la memoria- algunos aspectos de aquel simbolismo que aún perdura en nuestros días y que una vez formó parte de la vida cotidiana de sus pobladores.

Emblemática construcción sede de la Fábrica de Cigarros Trinidad y Hermanos.
Emblemática construcción sede de la Fábrica de Cigarros Trinidad y Hermanos.

Hoy ya nadie se detiene a contemplar la colosal estructura que fuera la sede de la fábrica de cigarrillos Trinidad y Hermanos, la primera de su tipología en toda la geografía nacional en cuanto a producción; como tampoco, las huellas dejadas por los masones bajo el sello de los “MIL” en las calles durante su proceso constructivo; o simplemente, aquellos viejos edificios que guardan una historia sin igual y única.

Calle Santa Rosa, una de las arterias más concurridas del municipio.
Calle Santa Rosa, una de las arterias más concurridas del municipio.

Son pocos los que conservan en sus mentes los días donde el tostadero de café La Diana, la Iglesia Católica, las zapaterías o los cabildos dedicados a los santos africanos, formaban parte del día a día de los vecinos del lugar. Por otro lado, solo algunos son los que se atreven a hurgar en ese pasado para evocar al desaparecido busto del maestro Felipe Yanes Sosa o las acciones realizadas por Enriqueta Reyes para fundar un cuerpo de bomberos y que la inmortalizó como la primera mujer bombero de Cuba y de Latinoamérica.

Torre de torrefactora de café La Diana. En la actualidad, aunque la función del edificio ya no es misma, dicha torre se mantiene erigida como huella imborrable de sus faenas cotidianas.
Torre de torrefactora de café La Diana. En la actualidad, aunque la función del edificio ya no es misma, dicha torre se mantiene erigida como huella imborrable de sus faenas cotidianas.

Todos estos olvidos solo pueden resumirse en una sola palabra: “vilo”. Esta suspensión de la historia ya ha hecho mella en las generaciones más actuales, las cuales no están al corriente, pero tampoco deseosas de conocer y mantener vivas tradiciones tan autóctonas como la procesión de Santa Rosa de Lima, patrona de Ranchuelo, o el Día del Ranchuelero Ausente. En mi humilde consideración, el mejor regalo de sus hijos a Ranchuelo por sus 289 años de existencia no será engalanar un pueblo con capas de pinturas que el tiempo borrará o hacer de este aniversario una fiesta popular que pueda ser memorable por varios días pero que indudablemente pasará de moda; el mejor regalo será agasajar y rescatar esa historia llena de tradiciones que nos hacen únicos del resto de los habitantes del país.

Asimismo, considero que ese rescate nos ayudará a entender mejor nuestro presente para así caminar hacia un futuro mejor. Solo espero que la Diana Mambisa –antigua tradición en la cual la Banda de Música Municipal despierta a todo el pueblo el 1ro. de octubre durante la madrugada para homenajear la fundación de Ranchuelo- logre despertar la sensibilidad de sus habitantes, presentes y no presentes, para no olvidar jamás nuestra historia, que también forma parte de la historia de Cuba.

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Dariel Alba Bermúdez

Profesor e investigador de la Universidad de Cienfuegos ¨Carlos Rafael Rodríguez¨. Miembro de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC)

2 Comentarios en “Ranchuelo: crónica histórica de otro pueblo en vilo

  • el 2 enero, 2024 a las 8:18 am
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    Excelente crónica de ranchuelo muy lamentable que toda esa tradición e historia este ya en el olvido

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    • el 2 enero, 2024 a las 12:37 pm
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      Bueno, esto que escribe un investigador de la historia es para traer esa historia a los días de hoy, y se publica en el sitio web del periódico de Cienfuegos y no en el de Villa Clara, y es porque Ranchuelo siempre fue más cercano a Cienfuegos que a Las Villas en lo afectivo, hace falta que otros hagan lo suyo. Es como si en mi oficio de “eléctrico” dejáramos los cables colgando en la frontera de Cienfuegos con Villa Clara, digo yo, hace falta que los pobladores de Ranchuelo recuerden su historia y profundicen en ella. Gracias por compartir este tipo de trabajo, de lectura

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