La cantera cubana volverá al examen del béisbol internacional
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Del 25 de septiembre al 4 de octubre, la ciudad mexicana de Mérida reunirá a las principales promesas del planeta en el Campeonato Mundial para menores de 15 años, una cita bianual cuya sexta edición bajo esta denominación tendrá como escenario central el emblemático parque Kukulcán Álamo, casa de los Leones de Yucatán en la Liga Mexicana de Béisbol.
Cuba, dirigida por Alexander Urquiola, quedó ubicada en el Grupo A, junto con Japón, campeón defensor y número uno del ranking mundial; además de los anfitriones, República Dominicana, Alemania y Sudáfrica.
La otra llave la integrarán China Taipéi, Estados Unidos, Venezuela, Australia, República Checa y Nicaragua, un reparto que confirma la creciente densidad competitiva de un béisbol en el que ya no existen rivales de simple trámite.
Japón aterrizará en suelo yucateco respaldado por la corona obtenida en Barranquilla 2024, mientras que Cuba buscará abrirse espacio desde una historia que todavía ilumina el camino, aunque no garantice resultados en el presente.
De 1989 a 2011, cuando el certamen se jugaba en la categoría sub 16, la selección de la mayor de las Antillas conquistó cuatro de los 15 títulos disputados.
Ya en el formato sub 15, instaurado desde 2012, los cubanos fueron campeones en México 2014 y Japón 2016; y volvió a rozar la cima en la edición de 2022, también en territorio mexicano, cuando cedió en la final ante Estados Unidos.
Ese pasado concede autoridad, pero el nuevo equipo deberá ganarse cada avance con pitcheo, defensa y una ofensiva capaz de responder ante programas que han convertido la preparación de sus adolescentes en una prioridad estratégica.
Noviembre traerá una prueba todavía más áspera, pues Nicaragua acogerá del 6 al 15 el Campeonato Mundial sub 23, con 12 selecciones distribuidas en dos grupos y tres parques listos para recibir una competencia de máxima tensión.
El Nacional Soberanía, de Managua; el Roberto Clemente, de Masaya, y el Rigoberto López Pérez, de León, serán las plazas de un torneo en el que los tres primeros de cada llave avanzarán a la superronda, instancia decisiva para repartir las medallas.
Los de la mayor isla del Caribe integrarán el Grupo B junto a Gran Bretaña, Japón, Corea del Sur, Sudáfrica y Venezuela, un cruce que obligará a combinar madurez táctica con la energía de una generación que busca dejar de ser promesa para convertirse en solución.
El Grupo A reunirá a Australia, República Checa, Panamá, Puerto Rico, China Taipéi y Nicaragua, anfitrión que intentará aprovechar el empuje de sus graderíos y la familiaridad con los escenarios.
Guillermo Carmona, recién coronado con Industriales en la pasada Liga Élite del Béisbol Cubano, conducirá a la escuadra nacional en un campeonato que representa una deuda pendiente para los discípulos de Carmona.
Cuba nunca ha alcanzado el podio en estos certámenes, cuya primera versión, en 2014, fue sub 21, mientras que los nipones dominan con tres títulos, incluidos los de 2022 y 2024.
Taipéi de China estrenó el palmarés en 2014, México ganó en 2018 y Venezuela reinó en 2020, una relación que refleja la amplitud de fuerzas que Cuba deberá desafiar para romper su sequía.
Los cubanos solo disputaron dos ediciones de la categoría: cuartos en México 2021 y décimos en Taipéi 2022, antes de ausentarse de Shaoxing 2024.
Para Nicaragua la clasificación llegó en septiembre pasado, cuando el conjunto entonces dirigido por el desaparecido Danny Miranda venció a los mexicanos para conquistar el bronce del Panamericano de Panamá, resultado que preservó una puerta abierta hacia el futuro.
No será un cierre de calendario sencillo para un país donde el béisbol conserva la fuerza de un lenguaje común, una memoria familiar y una pasión que sobrevive incluso cuando los resultados obligan a bajar la voz.
La reciente exclusión del equipo de mayores del podio en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026, inédita en seis décadas, recordó con crudeza que el prestigio no batea, no fildea ni retira el último out.
Sin embargo, los mundiales de Mérida y Nicaragua ofrecen algo más que medallas posibles: constituyen una oportunidad para evaluar talento, consolidar liderazgos y devolverle al uniforme cubano una competitividad construida desde la realidad, sin triunfalismos y con paciencia.
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