Junto a los reyes del viento (+Fotos)

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Al mirador llegaron caminando desde la ciudad de Trinidad a través de la carretera que enlaza esa urbe con Topes de Collantes. A las 2:00 p.m. el objetivo todavía le quedaba lejano a los cuatro excursionistas, quienes, meses antes, habían planificado subir el pico Potrerillo para despedir por todo lo alto el año 2025. Y así lo hicieron juntando lo necesario; valor, energía y optimismo para escalar la mayor altura de la vecina provincia de Sancti Spíritus con 991 metros sobre el nivel del mar (msnm); vértice importante de un triángulo en el Macizo de Guamuhaya compuesto además por el “San Juan” (1 140 msnm, en Cienfuegos) y pico Tuerto, con 919 msnm dentro del territorio de Villa Clara.

La extensa caminata hasta el mirador./ Foto: Delvis Toledo de la Cruz / 5 de Septiembre
La extensa caminata hasta el mirador./ Foto: Delvis Toledo de la Cruz / 5 de Septiembre

Los deseos por alcanzar la montaña fueron más fuertes que los temores ante la caída de la noche durante el ascenso, la ventolera feroz que soplaba del lado opuesto del farallón donde se vieron obligados a acampar o la incertidumbre de verse casi perdidos en aquella tupida vegetación que les impedía cualquier tipo de orientación. Sin embargo, 12 horas después los primeros rayos solares anunciarían suerte y ventura para el final del sendero. ¡Y menuda sorpresa! Habían pernoctado justo a la vera del Potrerillo, totalmente invisible pero convertido en guardián gigante durante la noche. Pan comido fueron los restantes metros hasta coronar la cúspide, donde observaron una bellísima, limpia y envidiable panorámica de 360 grados, entre las mejores de todo el archipiélago cubano.

Panorámica del sur, hacia la península de Ancón y la Laguna La Chorrera./ Foto: Delvis Toledo de la Cruz / 5 de Septiembre
Panorámica del sur, hacia la península de Ancón y la Laguna La Chorrera./ Foto: Delvis Toledo de la Cruz / 5 de Septiembre

Allá lejos allá por el sur, yacía una extensa medialuna verde dormida sobre el mar Caribe: la península de Ancón y el espejo de La Chorrera. Del lado opuesto, el majestuoso Kurhotel de Topes, como si fuera un castillo flotante entre nubes y pináculos infinitos. Y arriba, volaban como proyectiles los Streptoprocne zonaris, llamados comúnmente vencejos de collar, aves extraordinarias de vuelo errático, creadoras de un sonido inconfundible con sus alas puntiagudas mientras cortan los aires. Eran incesantes; rozaban las cabezas a los aventureros, confirmando así su reinado absoluto de aquellos vientos y de su presencia habitual en esos parajes remotos de la región central.

 

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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