Hijo mío
Tiempo de lectura aprox: 45 segundos
Ya sé. Es mentira. «Los hombres» sí «lloran». Porque quién le dice a un hombre que no llore cuando han matado a su padre. Quién se lo dice. Quién.
Vi tus lágrimas cayendo en mi foto. Vi tus ojos rojos. Vi el cielo que se te hizo en el pecho a merced de mi ausencia, pero, hijo mío, yo no me he ido.
Estaré en tus labios cada vez que pronuncies mi nombre, cada vez que digas: «Mi papá era… Mi papá decía…». Estaré en tu abrazo cuando abraces por vez primera a alguien que amarás de por vida. Y recuerda, ahora tienes una responsabilidad más grande: darle a tu hijo el tremendo amor que has de darle y darle también el tremendo mío.

Cuando sientas que no estoy, búscame en los lugares donde siempre estuve. Seguiré ahí, aunque no puedas verme y, desde algún balcón, te estaré viendo yo.
No te angusties. Recuérdame jugando junto al niño que fuiste y engrandécete el alma como quien siembra árboles a la orilla del camino.
Cuida a los nuestros. Lucha por todo lo que tengas que luchar y lucha bien. De cobardes está colmado el mundo, pero, si es necesario, hemos de construir un mundo nuevo para nosotros los valientes.
Hijo mío, tú vive… Tu padre murió «faja’o» y pensó en ti.

Tomado del diario Granma.
Visitas: 5

