Fin de la escala 6×1, otro eje de la batalla electoral en Brasil

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El fin de la escala laboral 6×1 gana protagonismo hoy en Brasil tras entrar en discusión en el Senado, en medio de una campaña presidencial donde la propuesta se perfila como un tema de confrontación hacia la segunda vuelta.

La Cámara Alta comenzó este martes la discusión en plenario de la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 221/2019, que reduce progresivamente de 44 a 40 horas la jornada máxima semanal y establece dos días de descanso remunerado, sin reducción salarial.

El debate continuará este miércoles y deberá cumplir cinco sesiones antes de la votación en primer turno de la iniciativa, con la cual se pondría fin a la escala que establece seis días de trabajo por solo uno de descanso.

La PEC, presentada originalmente en la Cámara de Diputados en 2019 y aprobada por esa instancia en mayo, recibió en septiembre el respaldo de la Comisión de Constitución y Justicia del Senado.

Para ser aprobada en el plenario necesita al menos 49 votos favorables, equivalentes a tres quintos de los 81 senadores, en dos turnos.

El retorno de la propuesta al primer plano ocurre durante la campaña para el segundo turno presidencial del 25 de octubre y convirtió la jornada laboral en otro terreno de confrontación entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, y el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL).

Lula defendió este martes nuevamente la reducción de la jornada sin pérdida salarial y sostuvo que los trabajadores deben disponer de más tiempo para descansar, convivir con sus familias, estudiar y cuidar su salud.

También emplazó a su adversario a definir si orientará a los parlamentarios del PL a votar por la propuesta.

“En la hora en que el Senado comience a votar, la máscara va a caer”, afirmó el mandatario, al plantear el debate como una oportunidad para identificar las posiciones de cada sector político frente a una reivindicación laboral.

Flávio, por su parte, calificó de “oportunista” la discusión impulsada durante el segundo turno electoral y sostuvo que busca favorecer políticamente a Lula.

El aspirante al Palacio de Planalto ha evitado comprometerse con el respaldo a la PEC 221 y defiende, en su lugar, una propuesta de flexibilización de la jornada.

Su alternativa es la PEC 12/2026, respaldada por el senador Rogério Marinho, coordinador de la campaña presidencial de Flávio, que plantea un régimen basado en el pago por horas trabajadas y permite negociar la carga horaria entre empleado y empleador, con derechos laborales proporcionales al tiempo trabajado.

De acuerdo con el legislador, ese mecanismo permitiría a cada persona organizar su jornada según sus necesidades.

Sin embargo, esa propuesta ha recibido cuestionamientos porque, a decir de sus detractores, trasladaría al ámbito de la negociación individual una decisión que afecta las condiciones generales de trabajo y podría reducir los ingresos de quienes opten o se vean obligados a trabajar menos horas.

Los críticos de la iniciativa sostienen que, en un mercado laboral marcado por desigualdades, la negociación individual puede favorecer al empleador y presionar al trabajador a aceptar más horas o menores ingresos para conservar su puesto.

A la controversia se sumaron organizaciones empresariales como las confederaciones Nacional de la Industria, Nacional del Transporte, Nacional del Comercio de Bienes, Servicios y Turismo, y Nacional de Agricultura, las cuales divulgaron este martes un manifiesto contra la votación de la PEC durante el actual proceso electoral.

Las entidades alegan que la reducción de la jornada puede elevar costos de producción, presionar los precios y afectar las contrataciones formales.

Sin embargo, el fin de la escala 6×1 tiene el respaldo de amplios sectores de la sociedad brasileña que consideran agotador ese esquema y reclaman mayor equilibrio entre trabajo y vida personal.

Sus partidarios sostienen que dos días de descanso permitirían mejorar la calidad de vida, fortalecer la convivencia familiar, facilitar el estudio y reducir los efectos del desgaste físico y mental asociado a largas jornadas laborales.

Una encuesta Datafolha divulgada en marzo mostró que 71 por ciento de los brasileños apoyaba el fin de la escala 6×1, mientras 76 por ciento consideraba que la medida tendría efectos positivos o muy positivos sobre la calidad de vida de los trabajadores.

Otro estudio, divulgado por la Agencia Brasil en septiembre, indicó que 67 por ciento de los consultados considera que trabajar seis días consecutivos perjudica la salud mental y 62 por ciento cree que afecta la salud física.

Así, a medida que avanza el calendario hacia la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre, la discusión sobre la jornada laboral se establece como uno de los terrenos en los que Lula y Flávio Bolsonaro buscan diferenciar sus proyectos.

De ese modo, el electorado que deberá decidir no solo quién gobernará Brasil, sino también qué modelo de relaciones laborales prevalecerá en los próximos años.

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Prensa Latina

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