De viajes como este…
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Aniversario 70 de la salida de Fidel al exilio en México
Me marcho de Cuba, porque me han cerrado todas las puertas para la lucha cívica.
Después de seis semanas en la calle, estoy convencido más que nunca de que la dictadura tiene la intención de permanecer veinte años en el poder disfrazada de distintas formas, gobernando como hasta ahora sobre el terror y sobre el crimen, ignorando que la paciencia del pueblo cubano tiene límites.
Como martiano pienso que ha llegado la hora de tomar los derechos y no pedirlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos. Residiré en un lugar del Caribe.
De viajes como este no se regresa o se regresa con la tiranía descabezada a los pies.
La Habana, 7 de julio de 1955.
Fidel Castro Ruz
La nota a la prensa que abre este artículo fue escrita por Fidel, poco antes de partir al exilio, el 7 de julio de 1955, hace 70 años, por si a los medios de prensa les interesaba publicarla. Y en efecto, se publicó íntegramente o en fragmentos.
Medios como Bohemia, que visitó el día 6 para dejarle sus declaraciones al periodista Rodolfo Rodríguez Zaldívar; y la coco, emisora del periodista Guido García Inclán, reprodujeron sus declaraciones. Pero también se publicó en otros libelos como Tiempo, que el día 8 de julio la reprodujo íntegramente, dividida entre la primera plana, con fotografía de Fidel, y la 15, en la cual incluso se le cambia una palabra diciendo «descabezada a mis pies», no «a los pies», como originalmente se escribió.
También Prensa Libre publicó la nota, aunque parcialmente, bajo el título Embarcó rumbo a México el doctor Fidel Castro, con el siguiente bajante: Despiden al doctor Fidel Castro sus amigos. De igual forma, el Diario Nacional, el 8 de julio, publica Hacia México Fidel Castro. Dice que le han cerrado todas las puertas de la lucha cívica. Y refiere, en el cuerpo de la nota, que «El Dr. Fidel Castro, destacada figura de la oposición, recientemente amnistiado –después de un año en prisión por su participación en los sucesos del Cuartel Moncada– partió ayer (jueves) hacia Mérida, México, donde según dijo en el Aeropuerto José Martí permanecerá indefinidamente «porque le han cerrado todas las puertas para la lucha cívica».¹
La publicación de la partida de Fidel al exilio corrobora el interés que sobre su figura tenía la prensa, por la fuerza que había adquirido tras los sucesos del 26 de julio de 1953, y porque su labor revolucionaria, después de la amnistía del 15 de mayo de 1955, se hizo sentir en medios de prensa, con denuncias a la tiranía por la corrupción y la represión. Y es que Fidel ha estado consciente siempre del valor del periodismo en el combate ideológico de los movimientos revolucionarios.
Desde los medios de la tiranía, algunos especularon sobre su salida y un posible pacto con Aureliano Sánchez Arango para radicarse en Costa Rica, y organizar allí una nueva revolución. Sin embargo, lo que no todos sabían era que la estrategia de Fidel, dando continuidad a la planteada por Antonio Guiteras, era permanecer en México, tierra de fuertes lazos con los cubanos, para regresar con una expedición armada. Allí se encontraba, desde el día 24 de junio, su hermano Raúl, que había tenido que asilarse en la Embajada de México, tras las acusaciones de poner una bomba en un cine de La Habana, cuando en realidad estaba en Oriente visitando a sus padres. Ante el peligro evidente que corría su vida, Raúl se había convertido en el primer moncadista en partir al exilio. Todo ello, unido a las prohibiciones a Fidel de aparecer en un espacio habitual de la ortodoxia en la televisión, el allanamiento de la sede del periódico La Calle, y la detención de algunos de los jóvenes amnistiados, demostraron que la tiranía tenía vigilados a los moncadistas y que estaba buscando desesperadamente pretextos para eliminarlos.
Fidel, al percibir lo que estaba aconteciendo, se da cuenta de que ya era momento de salir del país, pues era un hecho demostrado lo que él sabía que sucedería: la dictadura no daría posibilidades de luchar cívicamente. Era tiempo entonces de comenzar a poner en práctica la estrategia que se había trazado, desde el 12 de junio, en la constitución, clandestinamente, de la primera Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio: él marcharía al extranjero para organizar un contingente armado y adiestrado, con el cual volver a Cuba e iniciar la guerra. En la medida en que lograra asentarse, llamaría a otros integrantes de la dirección para fortalecer el trabajo en el frente externo.
Una de las tareas iniciales del frente interno sería organizar en Cuba una dirección en cada una de las seis provincias, y se trabajaría, entre otros, en los frentes bélico, finanzas, propaganda y las brigadas juveniles.²
Lo cierto es que, tras la excarcelación de los moncadistas, el 15 de mayo de 1955, Fidel desplegó una intensa labor política revolucionaria y organizativa, y como parte de ella la publicación de fuertes denuncias en medios de prensa nacionales, entre las que se destacó el periódico La Calle. En ese diario, el propio 16 se publicó un manifiesto de él y de los demás combatientes.
En lo adelante, serían publicados los siguientes artículos: ¡Mientes, Chaviano!; Chaviano, el provocador. No es con amenazas como se responde a la verdad; ¡Manos asesinas!; Lo que iba a decir y me prohibieron; Frente al terror y frente al crimen; Lo que iba a decir y me prohibieron por segunda vez; y Aquí ya no se puede vivir. Todos publicados en La Calle, entre el 16 de mayo y el 17 de junio de 1955. Justamente en el último –que apenas pudo ver la luz por el asalto de la Policía al local del periódico–, Fidel se refiere a lo sucedido con Raúl, demuestra con virilidad la lealtad a su hermano, y anuncia su posible salida de Cuba:
«El señor Carratalá ³ tiene derecho a publicar en todas las primeras páginas de los periódicos un informe acusando de terrorismo a media Habana y nadie tiene derecho a disgustarse. Pero si a mí se me ocurre decir por este modesto periódico que el señor Conrado Carratalá es un mentiroso y que ese informe es indigno de un oficial que se respete a sí mismo, me quieren hacer picadillo y los voceros mercenarios dan el grito en el cielo, diciendo que yo le estoy faltando el respeto a un “pundonoroso” militar; y a gritos piden mi cabeza como piden la destrucción del periódico La Calle.
«Ese pundonoroso militar tiene derecho a acusar a mi propio hermano Raúl de haber puesto el jueves una bomba en el teatro Tosca, siendo así que, exactamente ese día, se encontraba en Oriente junto a mi padre, anciano y gravemente enfermo. ¡A ese mismo Raúl Castro que en el cuartel Moncada hizo nueve prisioneros y los trató a todos con intachable caballerosidad, que sabe por tanto combatir de frente y no asesina prisioneros ni pone bombas! (…)
«No se ha incluido mi nombre en la terrible lista de terroristas, y si eso es una deferencia, una cortesía del señor Carratalá, se lo agradezco. ¡Muchas gracias! Pero se ha incluido el nombre de mi hermano, que participa de mis ideas con toda lealtad sin salirse de la línea trazada; acusarlo, es acusarme a mí, y eso sí que no se lo agradezco, señor Carratalá».
Y termina diciendo: «va llegando la hora de emigrar o morir, con lo cual anuncia que, en un tiempo no muy largo, saldría al exilio».
Previo a su salida, deja organizados con sus compañeros una serie de tareas para el funcionamiento del mr-26-7. El día 6 de julio, en vísperas de su salida, sostuvo un encuentro informal en la cafetería Las Delicias de Medina, en l y 21, en el Vedado, con los líderes estudiantiles José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez. Lo acompañaron Antonio López, Ñico; Osmel Francis y Pedro Azze Besil. Ese mismo día, también se reunió con Carmen Castro Porta, secretaria de Organización del Frente Cívico de Mujeres Martianas, en su apartamento de g y 25, en el Vedado. Finalmente, en horas de la noche, se encontró con José Pepín Sánchez Domínguez, en la casa de este dirigente ortodoxo, en el reparto de la Víbora. Con todos ellos también ultimó detalles de la lucha revolucionaria en Cuba antes de su partida.
El día 7 de julio de 1955, salió Fidel del aeropuerto internacional José Martí, de La Habana hacia México, en el vuelo 566 de la compañía Mexicana de Aviación. Familiares, dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria, del Frente Cívico de Mujeres Martianas y miembros del Movimiento 26 de Julio acudieron a despedirlo.
La lucha revolucionaria entraba en una etapa decisiva en la que, sin odio, pero sin miedo al sacrificio, actuarían digna y serenamente a la altura de las circunstancias.
[1] Artículos consultados en la Hemeroteca de la Oficina de Asuntos Históricos.
[2] Síntesis de los elementos estudiados por el doctor en Ciencias Mario Mencía Cobas (fallecido) sobre la fundación del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.
[3] Conrado Carratalá Ugalde. Tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, llegó a coronel de la Policía batistiana.
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