¿A quién le es ajeno el cáncer?

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El cáncer no entiende de bloqueos, pero los tratamientos sí

Llegar a la sala de oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR) es percatarse de cuán frágil e injusta puede ser la vida. Pero también significa palpar la esperanza.

Allí, los pasillos hablan en susurros. Hay madres que llevan días sin dormir en sillones rehechos camas, padres que viajaron desde cualquier punto del país con una mano en el hombro de su hija o hijo y la otra sosteniendo el historial clínico. En esta sala, 20 camas cobijan miles de historias.

Los niños juegan, saludan, transmiten felicidad, esperanza, ajenos a la gravedad del porqué están allí. Afuera, todo sigue su curso. Adentro, la doctora Mariuska Forteza Sáez, jefa del servicio de Oncopediatría del INOR y su equipo libran una batalla diaria contra un enemigo que no discrimina edades.

AQUÍ, LA ESCASEZ NO HA PODIDO CON LA VOLUNTAD

Cuando no llega la quimioterapia de primera línea, no hay tiempo para el lamento. Hay que modificar protocolos, reajustar dosis, explicarle a una madre que su niño recibirá otro esquema –quizá menos efectivo, quizás más tóxico– porque la medicina que precisa está, como tantas cosas, del otro lado de un muro.

Y aun así, este servicio –que atiende los casos más complejos de todas las provincias– mantiene tasas de supervivencia comparables a países desarrollados. No es retórica. Es una certeza que duele y abraza a la vez.

«Tenemos que reinventarnos cada día», dice la doctora Mariuska. Y cuando lo dice, no hay derrota en sus ojos. Hay determinación.

Porque allí, en medio de la escasez, una jeringuilla es la posibilidad de administrar el medicamento justo. Un analgésico es que un paciente pueda despedirse sin dolor. Un diagnóstico es el inicio de un camino que se recorre en equipo, con sinceridad, sin falsas promesas, pero con la certeza de que la ciencia –y la voluntad humana– pueden más que cualquier carencia.

En Cuba, la batalla contra el cáncer se libra con lo que hay. Y a veces, lo que hay es apenas el empeño de quienes se niegan a rendirse.

¿A quién, entonces, le es ajeno el cáncer? Es muy poco probable que alguien no tenga un familiar, amigo, vecino o conocido que lo padezca o haya perdido a un ser querido por esta causa. En Cuba, cada 20 minutos fallece una persona por cáncer y cada día se diagnostican entre 140 y 150 nuevos casos, lo que al cierre del año supera los 50 000. Los más frecuentes son el de mama en mujeres y el de próstata en hombres.

Pero no se trata solo de números: son vidas limitadas, y más aún cuando, pese a tener un Sistema de Salud accesible, no se cuenta con todos los medicamentos y tecnologías para un tratamiento efectivo, a causa del bloqueo económico que sufre el país.

PERSEVERANCIA Y ADAPTACIÓN

Con más del 25 % de su población envejecida, Cuba enfrenta un desafío demográfico que agrava el impacto del cáncer, explicó el doctor Luis Martínez Rodríguez, director del INOR. Subrayó que «cuatro de cada diez casos pueden prevenirse cambiando estilos de vida», de ahí la importancia de campañas educativas.

«A pesar de toda la prioridad y protección del Estado, hemos sido limitados», reconoció. La institución mantiene sus tres misiones –asistencia, docencia e investigación– y no ha cerrado departamentos, pero «los niveles de actividad han bajado» debido a la escasez de insumos, reactivos, piezas de repuesto y combustible. Esto afecta incluso el traslado de trabajadores y pacientes, aunque aseguró que «ningún niño ha dejado de recibir su tratamiento por falta de combustible».

Frente a este escenario, la respuesta ha sido la resiliencia. «Funcionamos como una salud en tiempos de economía de guerra, pero el compromiso es mantener la salud oncológica de nuestro pueblo», afirmó.

La vitalidad se sostiene con esfuerzo colectivo y apuesta por la conectividad. El INOR mantiene vínculos con la red oncológica nacional mediante telemedicina y ha fortalecido el intercambio internacional. «Hemos realizado videoconferencias con centros de referencia en Canadá, España, México, Rusia, Japón y China», destacó.

EN BÚSQUEDA DE SOBERANÍA

El doctor Elías Gracia Medina, jefe del Grupo Nacional de Oncología, recordó que «desde los años 70 se iniciaron las investigaciones clínicas en cáncer en Cuba. Podemos decir con orgullo que en 1974 comenzaron aquí, antes que en muchos países de la región». Un hito fundamental llegó en la década de 1980: «El primer anticuerpo monoclonal desarrollado en Cuba se creó en nuestros laboratorios, cuando muy pocos países tenían esa capacidad».

Ese logro sentó las bases para la creación, en pleno periodo especial, del Centro de Inmunología Molecular (CIM), puntero en el desarrollo de vacunas terapéuticas y anticuerpos. «Hoy, de una carpeta de más de 90 medicamentos oncológicos, el 40 % son de fabricación nacional», explicó. Sin embargo, este esfuerzo por lograr soberanía terapéutica choca con el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos.

«Por estas leyes, que nos prohíben financiamiento y acceso a mercados, la fabricación de muchos fármacos se ha visto afectada. Faltan materias primas y recursos», denunció. Además, la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo «complica las transacciones financieras y al final afecta a todos los pacientes».

La investigación también se resiente. «De tener más de 30 ensayos clínicos, hoy tenemos un número muy reducido. Hemos tenido que priorizar solo los más críticos por la carencia de reactivos», lamentó. A pesar de ello, el país no se detiene: se buscan alternativas mediante colaboración internacional. «Nos mantenemos con la capacidad y el compromiso de nuestros profesionales. Eso no nos lo puede quitar nadie».

Aquí se habla de vida, aun cuando se sabe frágil. /Foto: José M. Correa

LAS LIMITACIONES TRASPASAN LO MÉDICO

«El impacto del bloqueo sobre nuestros pacientes con cáncer es integral y devastador», enfatizó Gracia Medina. «No se trata solo de tener o no un medicamento. Es que el paciente no puede llegar al hospital por falta de transporte, tiene dificultades para alimentarse adecuadamente y, si necesita un concentrador de oxígeno en su casa, a menudo no hay electricidad para que funcione».

El especialista señaló que, aunque Cuba ha desarrollado una oncología de alto nivel, estas medidas externas erosionan día a día la calidad asistencial. «Es muy triste para el profesional tener que modificar un tratamiento y poner uno menos efectivo por falta del medicamento adecuado, o ver cómo se rompe un equipo y no podemos repararlo por las barreras financieras».

El doctor Carlos Alberto Martínez Blanco, jefe de la Sección para el Control del Cáncer en el Minsap, reiteró la denuncia: «Estas medidas, inhumanas y genocidas, atentan contra el derecho a la vida». Pese a todo, Cuba mantiene un programa nacional estructurado en todos los niveles de Salud. La resistencia, la ciencia y la biotecnología nacional permiten sostenerse.

«Nuestros profesionales, con un esfuerzo extraordinario, garantizan que la lucha no se detenga –concluyó–. Seguiremos ejerciendo nuestro derecho soberano a tratar a nuestros pacientes».

Y mientras haya un niño que espera, un diagnóstico que confirmar, un familiar que sostener, esa lucha tendrá un sentido. En el INOR, como en cada hospital del país, la oncología cubana sigue en pie. No porque las carencias hayan cesado, sino porque hay quienes se niegan a rendirse ante ellas.

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Granma

Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Fundado el 3 de octubre de 1965. Disponible en la web como diario desde julio de 1997.

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