Pinceladas de Montevideo: Aeropuerto de Carrasco, alas al mundo

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Desde el cielo se divisa una armazón en forma de una gran ala. Y es natural que así sea como quiera que fue esa la intención del arquitecto uruguayo Rafael Viñoly Beceiro al diseñar el Aeropuerto Internacional General Cesáreo Berisso, o de Carrasco como es conocido comúnmente, en la capital de la República Oriental del Uruguay.

La terminal aérea se caracteriza por su imponente cubierta inspirada en las dunas de la ribera del río de La Plaza, muy próxima al lugar. Luego, la triple curvatura alada semejante a un manto se extiende 360 metros sobre la longitud del edificio apoyado al nivel del suelo, en tanto, debajo está localizada una estructura realizada a base de vigas y pilares de hormigón para el tráfico de pasajeros.

Vista de la parte frontal del aeropuerto internacional de Montevideo./ Foto: Tomada de Internet
Vista de la parte frontal del aeropuerto internacional de Montevideo./ Foto: Tomada de Internet

Para los especialistas en obras arquitectónicas, Viñoly buscó destacar el valor simbólico del aeropuerto como puerta de entrada para los visitantes que llegan al país, al tiempo de propiciar un aire de modernidad y funcionalidad el que, a la postre, permitiría disponer de una instalación altamente tecnológica, eficiente y sustentable, tendencias de la industria aérea que la avalan entre las mejores del continente y de las más hermosas del mundo.

“Mirá, a golpe de vista, comenta nuestra amiga charrúa Helena Amarillo, desde que vos se acerca por la ruta 101, rumbo al balneario de Punta del Este, siempre he admirado esa forma curvada y majestuosa del edificio, un verdadero sueño realizado que permite conectarnos con el mundo y, sin lugar a dudas, constituye para todos los uruguayos motivo de orgullo”.

Los amplios salones de recepción y servicios migratorios y aduaneros resultan amplios y confortables./ Foto: María Elena Llanes Suárez
Los amplios salones de recepción y servicios migratorios y aduaneros resultan amplios y confortables./ Foto: María Elena Llanes Suárez

En el recorrido por esta magnífica obra arquitectónica del siglo XXI -inaugurada en diciembre de 2009- llama poderosamente la atención, además del diseño espacial, las grandes transparencias que proveen de luz natural casi todo el día al interior del inmueble gracias a los grandes paneles de vidrio que circundan las diferentes áreas, que, por demás, optimizan el aprovechamiento de la claridad diurna, mientras se reporta un importante ahorro en el consumo eléctrico.

A todas luces, desde que uno penetra al interior esos espacios bajo techos tan peculiares contribuyen a crear un estado de seguridad, sosiego y tranquilidad, tal vez a modo de crear condiciones necesarias para quien se dispone a viajar por los aires. Por su lado, la vegetación ordenada y armónica invita a pasajeros y acompañantes a disfrutar del ambiente amigable con el medio ambiente.

En la instalación se muestra la réplica de un aeroplano propio de la historia de la aeronáutica civil del Uruguay./ Foto: María Elena Llanes Suárez
En la instalación se muestra la réplica de un aeroplano propio de la historia de la aeronáutica civil del Uruguay./ Foto: María Elena Llanes Suárez
En la parte exterior el acceso es controlado por un pórtico de peaje. Luego viene un amplio espacio de estacionamiento para mil 200 vehículos, el cual está conectado con el sector de arribos, mientras una enorme rampa circular une con el nivel de embarques. Ahora bien, uno de los sitios más impresionantes queda ubicado en el tercer nivel de la edificación la amplia terraza mirador que recorre todo el bloque con una vista panorámica completa hacia la pista de aterrizaje.

Historia para contar

Este 10 de octubre, en términos matrimoniales, el viejo aeropuerto internacional de Montevideo celebra sus “bodas de roble”. Fueron unas 40 personas las que en esa fecha, pero en 1946, se enfrentaban por primera vez a un hecho inédito para la nación sudamericana, desafíos que literalmente se enfrentaban “volando”.

Parte de la pista del principal aeropuerto de la República Oriental del Uruguay./ Foto: Tomada de Internet
Parte de la pista del principal aeropuerto de la República Oriental del Uruguay./ Foto: Tomada de Internet

Entonces ese grupo de jóvenes encabezados por gente intrépida y de espíritus elevados como los de Piacenza, de Miranda, de García Calvo, de Temperán, de Ocampo, de Garín y de otros soñadores comenzaron a vivir la aviación con el aliento de quien, después del primer contacto con una máquina de volar, ya no se separarían jamás de esta apasionante profesión.

Al cumplirse el aniversario 80 de tan trascendental acontecimiento, con motivo de la develación de una placa conmemorativa, el capitán (AV) retirado Eduardo Mazzuchel, miembro de la Academia de Historia Aeronáutica del Uruguay, recordaba que a raíz de firmado el Convenio de Chicago y finalizada la Segunda Guerra Mundial, se abría un nuevo orden mundial, un espacio donde la aviación civil comenzaba a actuar sistemáticamente uniendo regiones, ciudades y personas.
“En nuestro país, precisó, el llamado ´proyecto integral aeroportuario´, que incluía los aeropuertos de Carrasco y de Laguna del Sauce, se hacía realidad el empeño para estar a la par del mundo.

Una panorámica nocturna del aeropuerto de Carrasco. / Foto: Tomada de Internet
Una panorámica nocturna del aeropuerto de Carrasco. / Foto: Tomada de Internet

La captación hecha de forma apresurada pero rigurosa tuvo por escenario la Universidad de la República, Desde allí salieron los pioneros de aquella atrevida empresa”.

De acuerdo con el historiador Tte 1ro (Av) Juan Mauri, la “Pan American” trasladó sus operaciones de Melilla a Carrasco, con sus equipos de comunicaciones. Aquí instalaron el radiofaro no direccional en la frecuencia de 380 kilociclos. Como dato curioso señalar que este equipo llegó a superar el medio siglo de funcionamiento, guiando las aeronaves desde fuera de las fronteras hasta el territorio del país charrúa.

Fachada del antiguo edificio del aeropuerto de Carrasco, concluido en 1953. / Foto: María Elena Llanes Suárez
Fachada del antiguo edificio del aeropuerto de Carrasco, concluido en 1953. / Foto: María Elena Llanes Suárez

Recuerdan los cronistas que la calle de rodaje estaba compuesta de balasto. Los alambrados, por su parte, eran los típicos de campo propios de las chacras circundantes, y no existían los vallados de seguridad standard OACI. El control aéreo se realizaba desde una torre de madera, en tanto la guía en tierra de los aviones lo hacían con un automóvil, al cual se le colocaba un cartel en la parte trasera, donde se leía la clásica inscripción “Follow Me”. Ah, y el primer señalamiento lumínico se confeccionó con balizas de querosén. ¡Nada, para decirlo en buen cubano, un aeropuerto de palo!”.

En 1994, por ley, se votó unánimemente por la denominación definitiva de la instalación aeroportuaria con el nombre de General Cesáreo L. Berisso. Ningún gesto más justo para honrar a quien es considerado precursor de la obra, quien antes de 1946 ya había elegido el lugar exacto para construir la futura terminal.
Por supuesto a lo largo de su historia la terminal aérea fue evolucionando, tanto en su construcción civil como el equipamiento tecnológico, hasta convertirse en lo que es hoy, una joya de la aeronáutica civil uruguaya y uno de los aeropuertos más hermosos del mundo.

Nuevo sistema de balizas con luces LED./ Foto: Tomada de Internet
Nuevo sistema de balizas con luces LED./ Foto: Tomada de Internet

La más reciente renovación tecnológica fue la instalación del nuevo sistema ILS Categoría III B. Tal novedad permite que ante fenómenos climáticos adversos, en especial la niebla, las aeronaves realicen aterrizajes automáticos guiados con extrema precisión por señales emitidas desde tierra.

Hasta ahora, cuando dicha bruma cubría Carrasco, los pilotos podían descender únicamente hasta una determinada altura guiados por instrumentos. Si al llegar a este punto la pista seguía oculta, no quedaba otra alternativa que abortar la operación y dirigirse a otro lugar alternativo, con el consiguiente costo económico, como es natural, además de las molestias de mayor tiempo para los pasajeros..

La implementación del ILS Categoría III B implicó el montaje de cientos de luces LED, decenas de kilómetros de cableados, la modernización del equipamiento de radioescuchas y la incorporación de tecnología meteorológica, capaz de medir con precisión las condiciones de la pista en tiempo real. “No importa que no veas nada, el nuevo sistema antiniebla no impide un aterrizaje seguro”, afirma el experimentado piloto Diego “Tatín” López.

Experimentado piloto Diego “Tatín” López habla de las ventajas del nuevo sistema antineblina./ Foto: Tomada de Internet
Experimentado piloto Diego “Tatín” López habla de las ventajas del nuevo sistema antineblina./ Foto: Tomada de Internet

En fin, el “General Cesáreo Berisso” no deja de sorprender con nuevas iniciativas para continuar como la puerta abierta segura al mundo, para quienes arriban al país austral y también a los que prefieren viajar por esta vía aérea hacia otros parajes del planeta.

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Armando Sáez Chávez

Periodista de la Editora 5 de Septiembre, Cienfuegos, Licenciado en Español y Literatura y Máster en Ciencias de la Educación

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