El rincón del poeta enamorado

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El próximo septiembre, el bardo que enamoró a Cuba, José Ángel Buesa (Cruces, 1910 – Santo Domingo, República Dominicana, 1982) cumpliría 116 años, y allí en su pueblo natal se le recuerda por esas fechas con disímiles actividades que tienen como núcleo a la Biblioteca Pública Raúl Aparicio, donde se promociona su vida artística y varias de sus composiciones líricas más relevantes.

Vinculado siempre al estímulo de la lectura, resulta poco difundida la labor de Buesa como fundador de la Organización Nacional de Bibliotecas Ambulantes Populares (ONBAP), que consistía en el traslado de un grupo amplio de libros en camionetas por las esquinas principales de las urbes, para poder vender así los textos en todo el territorio nacional. Sintéticamente, aquellas actividades eran el equivalente a una feria del libro actual, pero hilvanada en los duros y violentos tiempos del tirano Fulgencio Batista.

Gracias a ello y a la editorial que amparaba la propia organización, muchos escritores contemporáneos suyos publicaron en ella valiosos poemarios. Entre aquellos nombres sobresalen Rafael Enrique Marrero, Pura del Prado, Sergio Enrique H. Rivera, el Indio Naborí y Carilda Oliver Labra, con la cual cultivó una especial amistad alrededor de 15 años.

De “romántico empedernido” lo catalogaría la poetisa matancera mucho después, mientras ofrecía una entrevista a la prensa durante los festejos por el centenario, donde analizaba su obra y momentos inolvidables junto al crucense: “Con su libro inicial La fuga de las horas (1932), consigue su primer poema famoso, El hijo del sueño. Después empieza a leer la poesía francesa, y publica un año más tarde Misas paganas, donde trasunta este tipo de poesía. En 1936 comienza a hacer combinaciones de metros diversos, pues le gustaba mucho la música en la poesía, y triunfa con Babel, donde aparece el famoso Poema del Renunciamiento (…)

“Su mejor libro, Lamentaciones de Proteo (1947) es una obra que merece ser íntegramente publicada. Aquí tenemos un Buesa diferente, que es el mejor de todos. El libro es un alarde de oficio, imaginativo, con la estructura muy estudiada y un contenido absolutamente renovado, donde enfrenta la realidad de que somos cautivos de la civilización y que se debe regresar a los orígenes”.

Allí, en el rincón del poeta enamorado de la Biblioteca Pública de Cruces, está reunida buena parte de esas creaciones citadas por su colega y amiga Oliver Labra para el disfrute de los lectores ávidos de lírica. Y por si fuera poco, se reúne igualmente una selección de autores locales que recién han mantenido su actividad literaria, cítense a Rigoberto Ortiz, Ariesky Castillo Reyes, Maylen Domínguez Mondeja, Gustabo Mena, Clara Lecuona Varela, Jorge Luis Águila Aparicio o Jesús Candelario Alvarado, fallecido el año pasado.

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Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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