Carlos Baliño: precursor de las ideas marxistas-leninistas en Cuba

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«… Baliño es un cubano que padece con alma hermosa por las penas de la humanidad, y sólo podría pecar por la impaciencia de redimirlas»
José Martí.

El 18 de junio de 1926 falleció Carlos Baliño López, quien por su trayectoria revolucionaria comunista y su continuo bregar por el desarrollo de las ideas del socialismo científico en nuestra patria, merece el justo título de precursor del marxismo-leninismo en Cuba.

Nacido el 13 de febrero de 1848, en la ciudad de La Habana, su familia se estableció en Guanajay antes del inicio de la Guerra de los Diez Años (1868-1878). A la rápida maduración de su pensamiento revolucionario contribuyeron, en gran medida, los antecedentes conspirativos patrióticos de su padre, que fue preso y deportado a la isla de Fernando Poo –bajo la acusación de fomentar el alzamiento armado en Vuelta Abajo del 7 de febrero de 1869.

Baliño expresó sus primeras inquietudes políticas y sociales en poemas como Una Lágrima, donde denunció la esclavitud del negro y que fue publicado en «La Crónica», de Guanajay, en enero de 1865.

Su permanencia de treinta años (1869-1898) en el territorio norteamericano, sumada a su preocupación revolucionaria lo condujo a identificarse con el socialismo marxista.

Durante las décadas de los años sesenta a noventa del siglo diecinueve, el proletariado estadounidense inició sus primeras batallas contra el naciente capitalismo monopolista e imperialista yanqui.

Entre los acontecimientos más notables de ese periodo podemos apuntar: la fundación de la primera gran organización sindical –de carácter reformista– denominada Los Caballeros del Trabajo (1869); el traslado de la sede de la Primera Internacional a Nueva York (1872) y la celebración de su último Congreso en la ciudad de Filadelfia (1876); la crisis económica mundial de 1873, que marcó el tránsito del capitalismo premonopolista al monopolista; la gran huelga de 1877; el proceso judicial y el ahorcamiento de los anarquistas en Chicago (1886-87); la creación del primer trust moderno con la Standard Oil Company (1882); la Conferencia Interamericana de 1889, que estableció un Buró Comercial de las Repúblicas Americanas, posteriormente llamado Unión Panamericana y más recientemente Organización de Estados Americanos (OEA), instrumentos necolonialistas del imperialismo norteamericano; las movilizaciones obreras en demanda de la jornada de ocho horas, a partir del 1ro. de mayo de 1890; la depresión de 1893 a 1897; así como el intervencionismo militar yanqui en la guerra independentista de Cuba y su expansión imperialista en las Antillas y Asia.

En Estados Unidos estableció contacto con los emigrados revolucionarios de Cayo Hueso (Key West), Tampa, Nueva York y Nueva Orleans. Asimismo fue designado como vocal del Gremio de Escogedores –oficio que desempeñaba y colaboró con el periódico patriótico «El Yara» (1878), a la vez que participó en la fundación de clubes y logias incorporados a la causa independentista, mantuvo íntima amistad con José Martí y fue militante activo del Partido Revolucionario Cubano (PRC).

El contenido revolucionario de sus escritos se evidenció con la reproducción de su artículo titulado Agitación –originalmente publicado en el número inaugural de «La Tribuna del Trabajo», el 3 de marzo de 1889 en Cayo Hueso- por «El Productor», órgano oficial de la Junta Central de Artesanos de La Habana. Mientras en 1894, en carta dirigida a Rafael Serra –quien lo invitó a escribir en su periódico «La Verdad»– le advirtió sobre el contenido clasista de sus escritos:

«(…) Su periódico, me dice usted, tratará de la cuestión obrera también. Hablemos sobre esto. ¿No sería yo para usted un auxiliar molesto por mis ideas radicales sobre este punto?

(…) dondequiera que los que estén en autoridad se opongan a la propaganda y al libre desenvolvimiento de las nuevas ideas, yo seré un rebelde contra esa autoridad, y si me viese en la alternativa de optar entre la revolución social o la perpetuidad del salario, yo optaría por la revolución con todas sus violencias y desastres. Le hago esta especie de profesión de fe, para que sepa usted con quien quiere juntarse. ¿No soy compañía peligrosa para usted en su periódico?».

En su empresa de propaganda a favor de la emancipación del proletariado realizó la traducción y prologó el folleto de H. Davis «La Esclavitud del Bono», en 1896. Tiempo después, en 1921, repitió esa labor con el libro «El Imperio Americano», de Scott Nearing. Mientras, en 1897, participó en la edición de la revista «La Nueva República» y al año siguiente, regresó a Cuba, cooperando junto a

Diego Vicente Tejera en la publicación clandestina «La Victoria», según informa el historiador José Rivero Muñiz.

Desde los comienzos de la república neocolonial en 1902 hasta su muerte en 1926, su teoría y práctica revolucionarias alcanzaron su mayor profundidad como centro impulsor de las ideas del socialismo científico en Cuba.

Su principal medio de propaganda socialista fue la prensa obrera, en cuya elaboración estuvo presente y la que ayudó a su subsistencia, mediante una modesta remuneración por su trabajo de corrector de pruebas en «El Boletín del Torcedor». Al mismo tiempo, su proselitismo marxista se materializó en los primeros núcleos organizativos: el Club de Propaganda Socialista (1903); la Agrupación Socialista Internacional y el Partido Obrero (1904); el Partido Obrero Socialista de la Isla de Cuba (1905) –con su órgano oficial «La Voz Obrera»– que en 1906, se convirtió en el Partido Socialista de Cuba y creó como filial la Agrupación Socialista de La Habana, que editó el periódico «El Socialista».

El 25 de febrero de 1909, Baliño dirigió una carta al entonces presidente de la Agrupación Socialista de La Habana, en la que protestó por la publicación de un Manifiesto, donde se desconocía «el sistemático postergamiento de los obreros nativos». En su misiva, entre otros párrafos, escribió:

«El proletariado universal realiza hoy dos movimientos simultáneos, tan indispensables el uno como el otro para llevarlo a la victoria. El uno es la organización de resistencia para la lucha económica, y en ella no deben existir los privilegios de castas. El otro es la acción política en un partido de clase que tenga por objetivo la socialización de la industria. Solamente con la consecución de este ideal se abre campo para todos en la esfera del trabajo, se prepara asiento para todos en el banquete de la vida, y se borran todos los exclusivismos que impiden la fraternidad humana».

La Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia (1917) radicalizó el movimiento obrero mundial y enriqueció la ideología marxista con las experiencias revolucionarias del leninismo, que fueron recogidas en los congresos de la Tercera Internacional Comunista desde 1919. De tal forma, que un grupo reducido de miembros de la Agrupación Socialista de La Habana –presidida por Carlos Baliño- acordó una Declaración de Principios el 16 de julio de 1922, que significó su adhesión a las 21 tesis comunistas enunciadas por Lenin para la creación de los partidos de «nuevo tipo» comunistas.

Los marxistas-leninistas cubanos consecuentes con la manifestación pública de sus fundamentos ideológicos iniciaron el proceso de constitución de las Agrupaciones Comunistas, con la primera en la ciudad de La Habana, el 18 de marzo de 1923. Un año después, la misma tuvo como publicación oficial «Lucha de Clases», dirigida por Baliño. Por esta época profundiza sus relaciones con Julio Antonio Mella, líder del movimiento estudiantil revolucionario.

En agosto de 1925, los días 16 y 17, se celebró el Primer Congreso de las Agrupaciones Comunistas de Cuba y en el que se fundó el primer Partido Marxista-leninista. En el evento participó Baliño, quien, a pesar de sus sesenta y siete años cumplidos, laboró en la traducción al inglés de los documentos aprobados y fue elegido como miembro propietario de su Comité Central.

A raíz de dicho acontecimiento arreció la persecución de la recién estrenada tiranía machadista en mayo de 1925, contra los militantes comunistas. Así fue incoado el primer proceso judicial anticomunista con la causa número 1361 de 1925, donde se incluyó tanto a los marxistas-leninistas como a algunos dirigentes obreros y estudiantiles destacados por sus ideas progresistas o radicales.

Apenas transcurrido un año del magno evento comunista, murió Carlos Baliño, fiel a su lucha revolucionaria dedicada a la causa del proletariado y en la que se destaca como pionero en la divulgación de la ideología marxista-leninista en Cuba.

Artículo Carlos Baliño: precursor de las ideas marxistas-leninistas en Cuba, publicado en Granma el 18 de junio de 1976. / Foto: Archivo de Granma
Artículo Carlos Baliño: precursor de las ideas marxistas-leninistas en Cuba, publicado en Granma el 18 de junio de 1976. / Foto: Archivo de Granma

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Granma

Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Fundado el 3 de octubre de 1965. Disponible en la web como diario desde julio de 1997.

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