TIC: factor determinante en la evolución del Índice de Desarrollo Humano

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Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) se perfilan, según organismos internacionales, como un factor determinante en la evolución del Índice de Desarrollo Humano (IDH), marcando un punto de inflexión en la relación entre tecnología y bienestar.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha sido tajante en su más reciente informe: el progreso global del IDH experimenta su desaceleración más pronunciada en 35 años, excluyendo los años de crisis aguda, y por cuarto año consecutivo la brecha entre los países de IDH muy alto y los de IDH bajo no solo se mantiene, sino que se ensancha.

En este contexto de estancamiento, la inteligencia artificial y las tecnologías digitales no son una variable más, sino un eje central que puede funcionar como catalizador del progreso o como acelerador de las desigualdades preexistentes.

Foto: Creada por el autor con IA
Foto: Creada por el autor con IA

El análisis del PNUD para el cierre de 2025 introduce un elemento novedoso: la percepción ciudadana sobre el impacto de la IA revela un optimismo pragmático que contrasta con los discursos apocalípticos. Según los datos recogidos, seis de cada diez personas en el mundo creen que la inteligencia artificial generará nuevas oportunidades laborales, y en los países de IDH bajo y medio, un 70 % de la población espera que la tecnología aumente su productividad, mientras que dos tercios anticipan utilizarla en educación, salud o trabajo durante el próximo año.

Esta expectativa positiva, sin embargo, choca con una realidad estructural: la concentración de la capacidad de innovación en IA sigue estando en manos de unas pocas potencias tecnológicas, y el 32 % de la población mundial permanece desconectada, lo que significa que el debate sobre el futuro del trabajo y el desarrollo excluye, de partida, a un tercio de la humanidad . La paradoja es evidente: nunca antes la tecnología había prometido tanto para el desarrollo humano, pero nunca antes el acceso a sus beneficios había estado tan desigualmente distribuido.

Foto: Creada por el autor con IA
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Los mecanismos a través de los cuales las TIC influyen en el IDH son múltiples y operan en las tres dimensiones clásicas del índice: salud, educación e ingreso. En el ámbito educativo, la evidencia para América Latina, recogida en estudios recientes, muestra que la combinación de conectividad doméstica con competencias digitales de docentes y estudiantes puede elevar la retención escolar hasta en un 15 %, un avance equivalente a medio curso en matemáticas y lectura cuando se mejora la infraestructura tecnológica de las escuelas.

En salud, la telemedicina y los diagnósticos asistidos por IA están democratizando el acceso a especialistas en regiones apartadas, mientras que en la esfera productiva, la inteligencia artificial aplicada a la agricultura o la gestión empresarial promete saltos de eficiencia que antes requerían décadas de industrialización. Sin embargo, el Banco Mundial advierte que las vías tradicionales de desarrollo mediante manufacturas se están estrechando, y los países de bajo IDH enfrentan el riesgo de quedar atrapados en una transición directa de la agricultura a servicios de baja productividad, sin pasar por una fase de industrialización que genere empleo masivo.

Foto: Creada por el autor a partir de imagen en internet.
Foto: Creada por el autor a partir de imagen en internet.

La inteligencia artificial, vista no como una simple extensión de las tecnologías digitales previas sino como un “invento del método de inventar”, abre cuatro vías potenciales para revertir esta tendencia, según el análisis de Pedro Conceição, director del Informe de Desarrollo Humano del PNUD.

Primero, la IA puede actuar como complemento del trabajo humano en tareas de alto riesgo, donde la supervisión humana es insustituible.

Segundo, acelera la innovación al recombinar conocimiento existente de formas novedosas.

Tercero, generaliza el acceso a la experiencia avanzada, como demuestran estudios donde trabajadores menos experimentados mejoran su rendimiento al usar IA.

Cuarto, permite la personalización masiva de servicios educativos y sanitarios, precisamente los sectores donde la productividad ha crecido más lentamente. Pero todos estos beneficios tienen un requisito innegociable: la conectividad universal, asequible y de calidad.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) fijó como meta para 2025 que el costo de acceso a internet no supere el 2 % del ingreso mensual de un hogar, un umbral que muchos países en desarrollo aún están lejos de alcanzar.

Foto: Tomada de Internet
Foto: Tomada de Internet

En este complejo escenario global, la inserción de Cuba presenta rasgos singulares. Nuestro país ha mostrado una voluntad política clara de posicionarse en el debate internacional sobre tecnología y desarrollo, como lo demuestra la celebración en La Habana, en marzo de 2025, de la Cumbre Mundial de la Juventud de la UIT, un evento que reunió a 400 participantes de 31 países bajo el lema “Amplificando las voces de los jóvenes en las TIC para un futuro inclusivo y conectado” . Que Cuba fuera sede de este encuentro no es un dato menor: indica que el país aspira a ser parte activa en la construcción de las agendas digitales globales y reconoce en las nuevas generaciones un actor central para la transformación tecnológica. Durante la cumbre, se abordaron temas cruciales como la telesalud, la ciberseguridad y la salud mental en entornos digitales, lo que evidencia una comprensión integral de que las TIC no son solo infraestructura, sino también bienestar y protección.

Sin embargo, el comportamiento del IDH cubano y su relación con las TIC no puede evaluarse únicamente por la agenda internacional o los eventos de alto nivel. El país arrastra desafíos estructurales que condicionan el impacto real de la tecnología en la vida de las personas.

La UIT distingue entre brecha de acceso (falta de infraestructura) y brecha de uso (personas con cobertura que no acceden por falta de asequibilidad, dispositivos o competencias).

En Cuba, la primera brecha se ha ido cerrando gradualmente con la expansión de la conectividad móvil y la política de informatización de la sociedad, pero la segunda brecha sigue siendo significativa. La disponibilidad de infraestructura y la calidad del servicio limitados en gran medida por la situación económica provocada por las medidas restrictivas del bloqueo a que está sometido el país, que impiden un acceso a financiamientos y nuevas tecnologías provoca que el potencial educativo y sanitario de las TIC no se traduzca en mejoras efectivas del IDH. La evidencia internacional muestra que la conectividad doméstica, combinada con competencias digitales, son elementos que impactan directamente en el IDH.

Además, el informe del PNUD de 2025 introduce un elemento importante: la necesidad de “modernizar los sistemas educativos y de salud para que respondan a las necesidades del siglo XXI”. Cuba posee indicadores de salud y educación que tradicionalmente han sido su principal activo en el IDH, pero la pregunta que emerge es si esos sistemas están preparados para integrar la inteligencia artificial y la digitalización de manera que potencien sus resultados.

La encuesta global del PNUD indica que dos tercios de los habitantes de países de IDH bajo y medio esperan usar IA en educación o salud en el próximo año. En Cuba, esa expectativa existe, pero su materialización depende de que la conectividad se convierta paulatinamente en una herramienta de uso cotidiano y significativo.

Foto: Tomada de Internet
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En Cuba la valoración no puede ser unidimensional. Por un lado, el país ha dado pasos firmes y prácticos para insertarse en la conversación global sobre juventud y TIC, y mantiene un capital humano formado que es la base indispensable para cualquier salto digital. Por otro lado, el desarrollo de la infraestructura para mejorar la calidad de la conexión es vital para reducir la brecha de uso.

El riesgo señalado por el PNUD de que la IA pueda crear “dos mundos”, uno conectado a la innovación y otro rezagado, es perfectamente aplicable a países en desarrollo si no se resuelve la discriminación al acceso equitativo a recursos financieros y tecnológicos.

La influencia de las TIC en el IDH en 2025 se define por una tensión no resuelta entre esperanza y desigualdad. Las organizaciones mundiales coinciden en que la inteligencia artificial puede ser un puente hacia nuevos conocimientos y oportunidades, pero solo si se toman decisiones políticas explícitas para que la tecnología complemente, y no sustituya, el trabajo humano, y para que el acceso sea universal y no un privilegio.

Foto: Tomada de Internet
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Para Cuba, el camino implica convertir la estrategia en políticas públicas que garanticen que la conectividad llegue a todos los ciudadanos e instituciones con calidad, que los sistemas educativos formen en competencias digitales avanzadas, y que la infraestructura de salud integre la innovación tecnológica para mejorar la calidad de vida. Solo así las TIC dejarán de ser un indicador más de la brecha global para convertirse en el motor que impulse a nuestro país hacia un desarrollo humano más robusto e inclusivo en las próximas décadas.

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Pablo Morales Concepción

Ingeniero Radioelectrónico. Director Territorial de Control del Ministerio de las Comunicaciones en Cienfuegos.

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