Avances médicos tangibles contra uno de los tumores más letales
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Enero trajo noticias alentadoras en la lucha contra el cáncer de páncreas. El día 27 de ese mes, la fundación CRIS contra el cáncer presentó en Madrid los resultados de una investigación liderada por el prestigioso científico Mariano Barbacid en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España.
El estudio, auspiciado por dicha fundación, apareció en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, publicación oficial de la Academia de Ciencias de Estados Unidos. Este demostró que una combinación de tres fármacos pudo eliminar por completo los tumores de páncreas en ratones. La estrategia permitió mantener a los animales libres de la enfermedad por más de 200 días, sin efectos secundarios significativos.
El dato no es baladí. El cáncer de páncreas, en especial el adenocarcinoma ductal, figura entre los tumores más agresivos y letales. Su tasa de supervivencia a cinco años ronda apenas el 10 por ciento. Durante décadas, el problema fue siempre el mismo: tratamientos poco eficaces y una capacidad notable del tumor para desarrollar resistencias en muy poco tiempo. Por eso, los avances han sido escasos y, casi siempre, marginales.
La investigación comandada por Barbacid atacó ese problema con una estrategia distinta, al dirigir sus esfuerzos no contra uno, sino contra tres puntos clave del cáncer de páncreas. El primero, KRAS, oncogén mutado en alrededor del 90 por ciento de los casos. Los otros dos, EGFR y STAT3, proteínas que posibilitan a las células tumorales proliferar y resistir los tratamientos.
Para ello, combinaron daraxonrasib, un inhibidor experimental de KRAS; afatinib, fármaco ya aprobado para ciertos adenocarcinomas de pulmón; y SD36, un degradador de proteínas. El resultado, al menos en modelos animales, fue una respuesta completa y sostenida, algo que hasta ahora no se había conseguido en este tipo de tumor.
Podrían abordarse temas negativos alrededor de tal anuncio. Por ejemplo, la forma en que parte considerable de los comentarios en redes sociales buscaban ridiculizar al doctor Barbacid, debido a la marca rojiza en su rostro. O los problemas a la hora de obtener financiación, incluso para uno de los referentes históricos de la investigación oncológica en España.
Pero centrémonos en lo bueno. El estudio demuestra algo que durante años pareció fuera de alcance: el cáncer de páncreas no es, al menos en términos experimentales, un muro infranqueable. Una comprensión más precisa de sus mecanismos permite diseñar estrategias más eficaces. Y los avances, aunque lentos, llegan.
Sin embargo, conviene ser prudentes. Estos resultados no implican una cura inmediata ni un tratamiento listo para pacientes. El camino hacia los ensayos clínicos en humanos será largo y lleno de incertidumbres. Muchos fármacos prometedores no rebasan esa transición. La historia de la medicina lo recuerda con frecuencia.
Aun así, el avance existe. Y en una enfermedad donde durante décadas apenas hubo buenas noticias, eso ya es algo.
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