1883: crecimiento, pasión y dolor en las Grandes Planicies

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 30 segundos

El próximo domingo 13 de noviembre la cadena estadounidense Paramount + estrenará el primer episodio de la quinta temporada de la serie Yellowstone, momento esperado por millones de personas en el planeta y especialmente por quien firma, devoto de la obra desde su estreno en 2018, en tanto constituye uno de los hitos de la teleficción anglosajona del siglo XXI, más allá de cierto tufo conservador impregnado a su relato.

Yellowstone, convertida en fenómeno sociocultural dentro de los Estados Unidos, es la serie más vista de la televisión por cable en la historia de ese país, por arriba de Juego de tronos (HBO) y The Walking Dead (AMC), otros dos monumentos esenciales del formato a través de la centuria en marcha.

El material, autoconsciente de su peso en el imaginario local, se ha instituido en el ya denominado Universo Yellowstone que, además de la serie madre con sus cuarenta episodios transmitidos hasta el momento, incluye las series derivadas por estrenar, 1932 y 6666; así como la ya emitida entre enero y febrero pasados, 1883. Todas, bajo la creación de un artífice del tema del oeste como Taylor Sheridan, autor de esa primorosa revisión contemporánea del género titulada Comanchería (Hell or High Water, 2016).

La saga de la familia Dutton narrada por Yellowstone, texto audiovisual a la gloria de Kevin Costner en el mejor papel y la composición más rotunda de su carrera, transcurre durante la actualidad en un rancho ganadero estadounidense, aunque es un western puro de los de toda la vida, con envoltura de drama familiar. Dentro de dicha tesitura filial atraen las chispas de la siempre complicada relación del personaje protagónico de John Dutton, compuesto por Costner, con su díscola hija, que alcanza cotas ásperas, como la conexión toda de esta mujer con el resto de su gente.

Por el contrario, en 1883 (estrenada esta semana por la televisión cubana sin quizá tener noticia los programadores del medio de la existencia de la obra original, cuya emisión previa hubiese sido lo más atinado) el vínculo entre los personajes centrales de padre e hija, James y Elsa Dutton (Tim McGraw y Elisa May) está marcado por la ternura, la comprensión y un enlace comunicativo que hace entrañable la unión de estos seres, desde el mismo arranque hasta el momento culminante del episodio diez, final, uno de los más poderosamente tristes irrumpidos en la televisión anglosajona en años.

1883, precuela de Yellowstone, se desplaza al pasado, justo al referido año del siglo XIX, en medio del viaje de los llamados pioneros (tardíos estos en realidad, pues ya quedaba poco territorio por colonizar) a través de las Grandes Planicies, en busca de la añorada Oregon. Los ancestros de los Dutton –además de James y Elsa, se trasladan en las caravanas, a lo largo de las praderas salvajes, el personaje de la madre, Margaret, y el hijo pequeño, John– emprenden el singular trayecto marcado por la muerte de muchos colonos y el exterminio de los nativos, algo esto último que la serie tiende a esquivar, pues, cual resulta común en el género, está contada desde la perspectiva blanca. Si bien es proclive, seguro debido a los actuales tiempos a favor de la inclusión, a ofrecer una visión más amable de la clásica con respecto al indio, pues Elsa, incluso, encuentra un gran amor de juventud en la figura de un nativo.

Ella es el personaje rector del relato en 1883, construido en tanto coming of age o historia de crecimiento. La adolescente se hace mujer, comprende el sentido del sacrificio, experimenta las desgarraduras provocadas en el alma por el dolor de la pérdida, lucha por su vida y la de los suyos, durante este periplo azaroso y repleto de peligros que los Dutton, semejante al resto de los caravanistas sortean de la forma que pueden.

La voz en off  del personaje central, error conceptual de Taylor Sheridan, sobrecarga de información y regala cierto aire melifluo de serie barata a lo Arrow a una trama que podía prescindir perfectamente de tal autonarración. Algunas acciones del mismo personaje (su relación sexual con dos hombres en el camino, a pocos metros de sus padres) supone elemento constitutivo que podría verse más a resultas del #MeToo que al servicio de la credibilidad de una historia desarrollada hace 139 años, con cuanto implicaba la época en materia de restricciones o convenciones morales. Tampoco luce muy legítimo, para las fechas, el romance público entre la europea inmigrante y el oficial afroamericano.

No obstante, son detalles menores en un trabajo que no alcanzará la rotundez artística de la serie madre ni tampoco el de exponentes cimeros del género en la teleficción a la manera de Deadwood, pero que deviene bienvenido asomo de verdes retoños a un campo argumental tantas veces dado por muerto y otras tantas resucitado, añadiéndole una carga de juvenilia, más señalada aun que la propuesta por los hermanos Coen en su revisitación de Valor de ley (2010) o por el británico Paul Greengass en su Noticias del mundo (2020).

Los amantes del western disfrutarán sobremanera esta serie al aire por la televisión cubana, encomiable además por sus valores de producción, hecho al cual contribuyen los diez millones de dólares destinado a cada uno de los diez capítulos.

Otro atractivo radica en su elenco, tanto para el público estadounidense como el mundial. Tim McGraw y Faith Hill, dos de las más populares estrellas de la música country de los últimos tiempos, incorporan a James y Margaret Dutton, los padres de Elsa. Un rostro icónico del western a la manera de Sam Elliott compone a uno de los dos veteranos de la Guerra de Secesión encargados de guiar la caravana a través del Camino de Oregon. También aparecen, aunque en roles menores o cameos, Tom Hanks, Billy Bob Thornton, Graham Greene, Rita Wilson y el mismísimo Taylor Sheridan, quien como todo hombre poderoso del audiovisual gringo convoca a leyendas del calibre Hanks u otras a su set.

Desde esta sección recomendamos 1883 a todos aquellos nostálgicos de esas tramas eternas de grandes superficies abiertas, majestuosidad del paisaje, luchas por la supervivencia en medio de las praderas, disparos, flechas, rudeza y lirismo. En breve será estrenada la segunda temporada, que también le invitamos a disfrutar junto a las todavía inéditas 1932 y 6666, así como la extraordinaria serie madre, Yellowstone, sobre todo esta.

Visitas: 52

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *