Yemen

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Es la de Yemen una de las carnicerías imperialistas más silenciadas del siglo XXI. El crimen alevoso y continuado que se perpetra contra esa pequeña nación situada en el extremo sur de la Península Arábiga, la más pobre del mundo árabe, no tiene el peso debido en las agendas políticas o la magnitud noticiosa de Siria o Ucrania en los titulares, porque no conviene su instalación: ni en el orden del día de los gobiernos, ni en el radar mediático impuesto por los poderes hegemónicos a los medios corporativos del planeta. Aquí los invasores ahora son los “buenos” y cuando ellos lo hacen, chitón. A callar.

Con el cobarde apoyo de Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Jordania, Bahréin, Sudán, Marruecos y Egipto, la feudal monarquía patriarcal de Arabia Saudita -de las naciones más ricas de Asia y la más retrógrada desde el punto de vista político-social, dueña de un poderoso ejército apertrechado por los norteamericanos -, encabeza la alianza que en marzo de 2015 inició una genocida campaña de bombardeos contra Yemen, bajo la guía de EE.UU.

Objetivo de la entente es hacer retroceder a los rebeldes hutíes, quienes tomaron Sanaa, la capital yemenita, en septiembre de 2014, y luego avanzaron hacia el sur del país.

Los rebeldes hutíes pertenecen a la rama chií del islam, y por tanto la Casa de Saud (Arabia Saudita) y los poderes imperialistas los consideran afines a Irán, uno de los países satanizados por la cartilla política hegemónica. Arguyen que la guerra constituye el modo de frenar la presencia de Teherán en el área.

En realidad la conflagración tiene varias razones. Una de ellas es reinstalar el gobierno del prosaudita y proimperialista mandatario Abd Rabuh Mansur Hadi (exiliado en Riad, la capital saudita), objetivo entorpecido por una ofensiva rebelde que bloqueó el propósito de mantener un estado lacayo a perpetuidad en Yemen. Otro motivo de la continuidad de la contienda radica en que dos imperios de criminal prontuario como el Reino Unido y EE.UU poseen intereses mayúsculos en la venta de armamento de última tecnología y municiones a Arabia Saudita y la coalición fratricida. Dado el dinero a raudales de Riad, las compras se registran en niveles sumamente cuantiosos; a tal grado que además de las de Londres y Washington también adquieren armas proporcionadas por Alemania, Francia y España.

Algunos analistas políticos sitúan otra causa en el petróleo. Yemen lo posee en medida poco determinante, aunque su ubicación geográfica le otorga un valor estratégico primordial en la reordenación del tráfico mundial de crudo.

Hasta la fecha han muerto a consecuencia de la invasión cerca de 11 mil civiles (de ellos, alrededor de 2 mil 600 son niños) y otros 40 mil resultaron heridos. El 90 por ciento de la población de Yemen se encuentra en condiciones de pobreza absoluta. La cifra de desplazados ya supera los tres millones de personas. Casi diez millones sufren de seguridad alimentaria grave. El país colapsó económicamente. La nación se halla a los bordes de una crisis humanitaria de proporciones épicas.

Los ataques registrados durante la agresión (en la práctica crímenes de guerra) no tienen coto alguno, al efectuarse contra escuelas, hospitales, mezquitas, bodas, funerales…Este 29 de enero se produjo el primer bombardeo de gran envergadura atribuido a Estados Unidos tras la toma de posesión del nuevo presidente, realizado mediante drones (de empleo corriente por el gobierno de Obama en Yemen) y helicópteros Apache. Los misiles de la operación -realizada por una unidad de fuerzas de élite del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, bajo la orden directa de Trump y el Secretario de Defensa, James “Perro rabioso” Mattis- acabaron con la vida de cerca de veinticinco mujeres y niños, al lado de más de 40 presuntos integrantes de Al Qaeda, que según los informes casi nunca precisos o por lo general manipulados de Washington posee base de operaciones en la Península. Desde finales de la década pasada, Washington perpetra estas masacres allí. Obama ya calificaba de “éxito” una de las primeras, la cometida el 16 de diciembre de 2009. El objetivo de aquella (como de otras múltiples acciones similares), según la Casa Blanca y el entonces régimen servil de Sanaa, consistía en contener a los guerrilleros hutíes. Sobre el terreno no cayó ninguno de esos rebeldes Sí murieron en cambio bajo los misiles 120 inocentes, la mayoría niños y mujeres. Cuanto ocurre hoy en Yemen es pura continuidad de la política geoestratégica del imperialismo norteamericano.

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