Un director-galaxia

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Ingmar Bergman, cuyo centenario conmemoramos en 2018./Foto: Tomada de Internet

Nacido el 14 de julio de 1918 en Upsala, Suecia, cumplimos este a√Īo el centenario del natalicio de Ingmar Bergman, uno de los m√°s significativos realizadores de la historia del cine.


La pantalla contemporánea no puede comprenderse sin maestros como John Ford, Yasujiro Ozu, Andrei Tarkovski o Ingmar Bergman, porque ellos contribuyeron a formar sus mapas de representación y a forjar los pilares de sus códigos.

El sueco represent√≥ una de las figuras tutelares del s√©ptimo arte, desde la d√©cada de los ’40 del siglo XX, aunque la parcela esencial de su creaci√≥n se extiende durante los cuatro decenios posteriores. Y, de manera excepcional, se adentra en las comarcas del XXI.

La obra suya, se√Īera, resulta materia obligada para todas las academias de cine del planeta y plato reglamentario para los cin√©filos. La firma del maestro est√° asociada a la cultura audiovisual de muchas generaciones de espectadores.

Este hijo de pastor, criado en la severidad monacal de su familia luterana, fue alguien difícil y paradójico, como casi todos los genios. Solitario, nostálgico, hosco, resentido, celoso, aprensivo. Contradictoriamente tildado de misántropo, se relacionó con muchas personas; aunque con reservas. Contradictoriamente tildado de misógino, era en cambio devoto total del sexo femenino; aunque con una posición de demasiada exigencia para con sus no pocas amadas. Triste de naturaleza y a la vez bromista. De raigambre religiosa, pero anticlerical. Irónico, soberbio, culto. Amante de las tablas (el también dramaturgo compartió la dirección fílmica con la teatral a lo largo de muchos períodos), la filosofía, el arte y la literatura…

Su cine, en buena medida, constituiría un reflejo de esa personalidad, ambigua, rica, pletórica de conflicto y fascinación.

La fuente de la virgen./Foto: Tomada de Internet

Tan inteligentes y duales como su autor resultaron sus piezas cinematográficas. Tan magnéticas, complicadas, agudas, epatantes y rabiosamente contagiosas de felicidad y pena -mucha pena- por nosotros mismos, a la vez fueron esas películas a las cuales todo espectador debe volver cada cierto tiempo.

Sobre la obra de Bergman circunvalan grandes temas/ideas con algunos de los cuales se puede estar de acuerdo o por el contrario rebatir de a pleno, pero que, de una u otra manera, suelen adentrarse casi siempre en la carne de su narrativa: la ineluctable condena al fracaso, la extrema complejidad de las relaciones humanas, la incomunicaci√≥n de la pareja, la crisis de la instituci√≥n familiar burguesa, el sentido o el sinsentido de la vida, el destino luctuosamente finito de la especie, la relaci√≥n del ser humano ante la fuerza divina y ese ‚Äúsilencio‚ÄĚ de Dios, del cual hablase a su modo tambi√©n el cat√≥lico maestro estadounidense Martin Scorsese en su √ļltimo filme de igual nombre.

Aunque hab√≠a filmado varios largometrajes desde inicios de los a√Īos ’40, Ingmar Bergman no encontrar√≠a el reconocimiento total a escala internacional hasta Sonrisas de una noche de verano (1955), Premio Especial del Jurado en Cannes; si bien dos a√Īos antes hab√≠a entregado una cinta que, pese a no haberse agenciado ning√ļn lauro, descoll√≥ igualmente. Era su inolvidable Un verano con M√≥nica, a la cual el maestro franc√©s Jean-Luc Godard (eterno admirador suyo), calific√≥ como ‚Äúla m√°s original de las pel√≠culas del m√°s original de los directores‚ÄĚ.

En medio de su denominado período simbólico, jalonado por un arco temporal que arranca un trabajo de fuste a la manera de El séptimo sello (1957, Premio Especial del Jurado en Cannes) y finiquita El silencio (1963), irrumpe una película que, no obstante en puridad para algunos no formar exacta parte de tal etapa, habría de erigirse en uno de los grandes manifiestos fílmicos del cineasta escandinavo. Se trata de La fuente de la virgen (1960), material con deudas confesas con el cine del maestro japonés Akira Kurosawa.

En los Estados Unidos, el mismo a√Īo el ingl√©s Alfred Hitchcock estrenaba Psicosis y el sueco se aparec√≠a al otro lado del Atl√°ntico con La fuente de la virgen, a cu√°l de las dos m√°s estremecedora y pol√©mica, en virtud de su componente com√ļn de descarnada violencia. Todav√≠a la capacidad de recepci√≥n del gran p√ļblico no estaba entonces condicionada para enfrentarse al registro opresivo y de supina agresividad de las escenas del filme de Bergman.

Dicho relato de violación colectiva a una joven, posterior asesinato de la víctima y ulterior venganza despiadada del padre de la muchacha, choqueó a muchos espectadores, como fundamentalmente a los poderes religiosos, mediáticos y parlamentarios de Suecia. En Cannes, empero, le confirieron un premio honorario de la crítica; mientras que en el área septentrional de nuestro continente se granjeaba el Globo de Oro y el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

Tambi√©n hay mucha violencia, psicol√≥gica y f√≠sica, en Pasi√≥n (1969). Tres a√Īos atr√°s, el creador europeo hab√≠a estrenado su magistral Persona, interpretada por sus musas Liv Ullman -ella, pareja suya por buen tiempo aunque no se llegar√≠a a convertir en una de sus cinco esposas, puebla gran parte de su cine- y Bibi Andersson.

Persona./Foto: Tomada de Internet

El proverbial poder√≠o visual del autor, amparado en la suma pericia del fot√≥grafo Sven Nyksvist (m√°s tarde favorito del filo bergmaniano Woody Allen) ha de plasmarse con fuerza may√ļscula en Persona, al abordar este estudio sin parang√≥n sobre el rostro, la identidad y la fagocitaci√≥n vamp√≠rica de los pariguales en condiciones determinadas.

En el libro Conversaciones con Ingmar Bergman, publicado en 1970, el director manifiesta lo siguiente en relaci√≥n a Persona: ‚ÄúPara m√≠, esos seres que intercambian sin m√°s sus m√°scaras y que de pronto comparten la misma eran fascinantes. Sin la fuerza o la iniciativa de las actrices, sin el est√≠mulo, la imaginaci√≥n, la claridad intelectual, la competencia de los actores que trabajan conmigo, yo ser√≠a incapaz de realizar los guiones que escribo solo. Se apoderan de esos guiones y los convierten en cosa suya‚ÄĚ.

En la segunda parte de las aseveraciones existe parte de verdad y parte de falsa modestia, cosa nada com√ļn en s√≠ por cierto. Muy calificado director de actores (y mejor de actrices), a mi juicio Bergman lograba extraer lo m√°s depurado del arte histri√≥nico de sus int√©rpretes sobre la base de tres elementos centrales: la entrega de l√≠neas de di√°logo exquisitas para masticar y escupir en forma de actuaci√≥n; la preparaci√≥n previa con ellos o cuando menos la transmisi√≥n de su visi√≥n o concepto del personaje; y la conjunci√≥n del tino para elegir al actor acorde con el papel a desarrollar, con la consiguiente inducci√≥n a la identificaci√≥n por parte de este hacia su rol: todo con la debida observancia y exigencia de un hombre minucioso, atento al detalle y ofrendado a su arte.

Con reconocimientos en los principales festivales del mundo (el de Berl√≠n lo consagr√≥ desde la entrega del Oso de Oro a Fresas salvajes, de 1957; y el de Venecia le confiri√≥ el Le√≥n de Oro por toda su carrera, en 1971), el signatario de Secretos de un matrimonio (1973) y Sonata de oto√Īo (1978) hilar√≠a un grupo de notables documentos f√≠lmicos cuya calidad -salvo excepciones puntuales- no decae; ni incluso en la etapa de ancianidad del cineasta. Su autobiogr√°fica, sensible e impactante Fanny y Alexander (1982) y su filme-epitafio, la delicada pieza de c√°mara televisiva Saraband (2003) confirman el √ļltimo aserto.

La influencia de la galaxia Bergman gravita sobre gran parte del cine contempor√°neo. Est√° en Ojos bien cerrados (1999), la tambi√©n obra p√≥stuma del maestro norteamericano Stanley Kubrick, como en Anticristo, dirigida por el dan√©s Lars von Trier justo un decenio adelante. Se encuentra en grandes segmentos del cine independiente de foco familiar hecho en los Estados Unidos; ha de localizarse en el ADN de mucho drama familiar europeo de las √ļltimas d√©cadas y en parcelas del cine m√°s intimista facturado en Latinoam√©rica. Hemos de hallarla adem√°s -aunque ya sin densidad y sometidos tales ecos referenciales a un proceso cabal de filtrado dieg√©tico- en el terreno de la teleficci√≥n, muestra de lo cual son diversas producciones de las cadenas norte√Īas HBO (Big Little Lies) o Amazon (I Love Dick).

Aunque resulta literalmente imposible de ser copiado, al genio de Upsala han intentado remedarlo desde bastardos imitadores hasta adelantados de este arte. En muy escasas ocasiones con la sonrisa de la fortuna a su favor. A su pesar, lo mismo que le sucediera a Tarkovsky y mucho despu√©s a Quentin Tarantino -salvando las distancias- tal proclividad referencial ha generado una abultada densidad poblacional seudobergmaniana por kil√≥metro cuadrado en el cine contempor√°neo. Es un precio a pagar por haber tenido entre nosotros a ese torrente art√≠stico fallecido en Far√∂, el 30 de julio de 2007, en el mismo pa√≠s y en el mismo mes en que naci√≥, a los 89 a√Īos.

Fanny y Alexander./Foto: Tomada de Internet

1 Comentario

  1. Hola, estimado amigo!!! De Bergman tuve el placer de ver El séptimo sello junto a un amigo en una copia muy buena. Nos fascinó el filme, y la manera en que este director podía tratar un tema que para otras personas sería muy denso de una forma atractiva y la vez profunda.

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