Teatro de los Elementos, un remanso de cultura | 5 de Septiembre.
mié. Nov 13th, 2019

Teatro de los Elementos, un remanso de cultura

En las fértiles tierras del lomerío cienfueguero Teatro Los Elementos “cultiva” la espiritualidad del los pobladores. Foto: Tomada de Internet

En las fértiles tierras del lomerío cienfueguero Teatro Los Elementos “cultiva” la espiritualidad del los pobladores. Foto: Tomada de Internet

En un largo día de faenas periodísticas llegamos ya en la tarde hasta El Jobero, un vergel ubicado en las estribaciones del macizo de Guamuhaya. Arribamos a la sede de Teatro de los Elementos al revés, bajando la loma; la mayoría lo hace ascendiendo, desde Cumanayagua.

Habíamos comenzado temprano el periplo en La Sierrita, desde la carretera del Circuito Sur, subimos hasta Cuatro Vientos; y ahí se inició la bajada, bastante difícil, por las condiciones del camino, la abrupta geografía, y porque lo hicimos “encaramados” en un camión. Entonces el sitio nos resultó como un doble remanso: por la vegetación, por la limonada fría en la bienvenida y más que todo por la acogida de los actores de este grupo de teatro comunitario y profesional comandado por Oriol González, él una especie de guajiro, filántropo e intelectual, nacido, criado y “hecho” en aquellas lomas.

Oriol contempla orgulloso el resultado de sus años de trabajo. Foto: Magalys Chaviano
Oriol contempla orgulloso el resultado de sus años de trabajo. Foto: Magalys Chaviano

Y aunque he estado en innumerables ocasiones allí, siempre encuentro algo distinto, el elenco se renueva, porque es como una unidad docente de las artes escénicas en Cuba. La tierra, el aire, el fuego, el agua… son los elementos que conforman y estructuran la compañía.

La bienvenida, en las propias palabras de  Oriol, quien además es actor y escritor, animan, porque la cultura es vida y es esencia allí en aquellos parajes, donde su colectivo siembra, cría animales para la alimentación, al mismo tiempo que nutren espiritualmente el alma de los pobladores de la zona y de mucho más allá.

Pero esta vez fueron los niños, los círculos de interés sobre Salud y cuidados de la vida, los animadores de la tarde. Y también hubo trova y poemas, porque nadie, ningún ser humano podrá salir de El Jobero, sin que lleve música en los oídos, aire puro en los pulmones y la alegría de la tropa de teatreros de Oriol.

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