En primera línea contra la covid-19 en Cienfuegos: Memorias de los 77 días del CEA (+Galería)

Corría el 11 de marzo de 2020, y la noticia de tres casos positivos, turistas italianos de visita en la villa de Trinidad, a la covid-19, consternaba a los cubanos, porque hasta entonces no pocos veían lejana la posibilidad de la epidemia.

Sin embargo, desde mucho antes, las autoridades del país, de Gobierno y de Salud, trazaban un plan para la vigilancia y control de la enfermedad en Cuba, porque sin dudas no éramos inmunes a la epidemia, que ya a mediados de marzo, quedaba declarada por la Organización Mundial de la Salud como pandemia.

Dra. Vivian Isabel Chávez

Para el 14 de marzo ya era un hecho que el Centro de Especialidades Ambulatorias (CEA), sería la institución que atendería a sospechosos de Covid-19 en Cienfuegos, con criterios de moderados y graves. Trabajaría como un complejo, al que se anexaba la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE), cercana al centro y con condiciones para una capacidad de 300 camas, si fuera necesario; allí prestarían atención a casos con leve sintomatología. Las capacidades se ampliarían gradualmente. Y aunque al inicio hubo reticencias, al final se comprendió la misión del CEA. Sobre el tema, 5 de Septiembre conversa con la Dra. Vivian Isabel Chávez, directora de este Hospital.

“El director de Salud en el territorio Dr. Salvador Tamayo Muñiz, nos solicita el 11 de marzo, un cambio de misión para el CEA, que hasta entonces tenía la de, como centro anexo al Hospital General Universitario Dr. Gustavo Aldereguía Lima, realizar la Cirugía Mayor Electiva y de menor envergadura ambulatoria, y ofrecer, además, otras  prestaciones como son la quimioterapia, rehabilitación de pacientes con enfermedades sub agudas, así como la diálisis y hemodiálisis, donde se integran armónicamente la asistencia médica, la educación continuada y la investigación científica.

“Corrían días difíciles; se calculaba entonces que el 35 por ciento de la población cienfueguera estaría afectada por la epidemia, y se imponía tomar providencias para enfrentarla. Por supuesto, que un alto por ciento de pacientes requeriría hospitalización, atención al grave, ventilación… resultado de esos cálculos y lo que se conocía hasta entonces sobre la enfermedad, sumado a que contamos con un solo hospital para adultos y otro pediátrico, necesitaríamos un centro de atención hospitalaria para sospechosos. Prepararnos para lo peor fue la esencia del ritmo de trabajo en el CEA para acondicionarlo y cambiar su misión”.

Desde el 14 y hasta el 27 de marzo, una jornada intensa de trabajo convirtió a un centro de especialidades ambulatorias, en uno para la atención a sospechosos de padecer Covid-19, y en caso extremo, asistir a enfermos en una cifra cercana a los 500. Todo ello sin dejar de prestar los servicios de diálisis y hemodiálisis, con las características de inmunidad que tienen estos enfermos, ¿podría comentarnos al respecto?

“Se necesitaba un soporte indispensable para la asistencia médica; estamos hablando de un centro de especialidades ambulatorias anexo al HGAL devenido hospital. En 24 horas nos dimos a la tarea de reordenar los servicios que prestábamos acá. Las consultas externas y la Medicina Natural y Tradicional pasaron a las instalaciones de la Atención Primaria (AP); otras al Hospital, como la quimioterapia; se detuvo la cirugía electiva; se le dio alta a los pacientes en rehabilitación, y terminaron sus ciclos de tratamientos en las comunidades, en la AP. Entonces comunicamos a la población el nuevo diseño.

“Por supuesto, primero se contó con los trabajadores; la mayoría permaneció con nosotros y participó de la nueva misión; cada responsable de área movió sus recursos. Para entonces nos habíamos convertido en dos grandes unidades: la de hemodiálisis, aislada en todos sus procesos estructurales, flujo y en recursos humanos, para la protección a estos pacientes, independiente en su totalidad de la segunda unidad, la de Covid, como le llamaríamos a partir de entonces. En todo ese proceso participó un gran equipo de ingenieros, del Centro Provincial de Higiene Epidemiología y Microbiología (CPHEM), en la validación de los flujos, del equipo de dirección del Hospital y del CEA, de la DPS, todos con una visión integradora, en la que se aportaron variantes, hasta quedarnos con la definitiva. Uno de los riñones artificiales se instaló allí donde se atenderían a los pacientes sospechosos, para no usar ni comprometer los servicios de diálisis y hemodiálisis”.

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Área de recepción a pacientes pediátricos./Foto: Magalys Chaviano

Al caminar por los pasillos de la institución todavía se aprecian las huellas de lo que fuera la reconvención de un centro que cambió su función, y que en apenas 15 días estaba dispuesto, con los recursos materiales y humanos listos para enfrentar la epidemia de una enfermedad contagiosa y letal de la cual todavía se conocía poco.

“Los quirófanos se convirtieron en unidades de cuidados intensivos, para adultos y pediátricos; no fue necesario traer ventiladores de otros territorios, se usaron las máquinas de anestesia y se trajeron los de la AP, y sin ‘tocar’ los dispuestos en los hospitales, tuvimos 40 ventiladores, con la valiosa cooperación del Centro de Ingeniería Clínica y Electromedicina, Encomed, Ensune, entre otras organizaciones.

“Tres de los positivos a Covid-19 en Cienfuegos estuvieron en esta institución. Acá llegaban, se clasificaban y se diseñaba la ruta del control de foco. Atendimos pacientes graves, que venían descompensados de sus patologías de base. Fueron detectadas, por el equipo de médicos y especialistas, enfermedades, se diagnosticó a los pacientes y salieron del centro con tratamiento; incluso se intervino a una joven de 18 años con una apendicitis, que fue operada acá en un salón quirúrgico de emergencia que dejamos activo, por el cirujano Reinaldo Jiménez Prendes y residentes de la especialidad”.

Cienfuegos contó, durante la etapa más dura de la Covid-19, con 500 camas para la atención a sospechosos, y si fuera necesario, a enfermos; para ello dispuso de los recursos humanos, con disposición voluntaria para la asistencia médica.

A estas alturas del diálogo con la Dra. Vivian Isabel Chávez Pérez, directora del CEA, le pedimos comentar sobre el tema.

“El reclutamiento del personal fue bajo el principio de la voluntariedad, acudieron muchos residentes, de todas las especialidades, jóvenes sin riesgos, preparados, para los cuales este trabajo fue un ensayo de sus vidas profesionales. Eran 24 horas, y acudió personal del HGAL, del Pediátrico y de la AP, y todo ocurrió entre los días del 14 al 27 de marzo. Se capacitó a los cuatro teams de trabajo: médicos, especialistas, enfermeros, técnicos, personal de servicio. En cuando a bioseguridad, se redactó y puso en vigor el Manual de Organización y Procedimientos; se crearon dos ‘filtros’ para la entrada del personal, todo bajo las más estrictas normas de bioseguridad, porque teníamos una zona roja, que era unidad cerrada. Hasta los rehabilitadores, que primero fueron cuidadores, aplicaron sus técnicas con los pacientes.

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Donativos de la Cultura. /Foto: Magalys Chaviano

“Resultaron lecciones hasta de antropología sociocultural, y de cómo no se pueden deslindar los aspectos médicos de los sociales, entre los que se establece una relación, y sobre ello tenemos interesantes investigaciones. Vimos reflejada la sociedad dentro del CEA; acá tuvimos deambulantes, casos detectados en los sitios de frontera con otras provincias, pacientes psiquiátricos, casi un barrio, el de Tulipán, con toda su representación social”.

Resulta una larga e interesante historia la de aquellos 77 días, en los que un hermoso y comprometido colectivo estuvo dispuesto a luchar por la vida de los cienfuegueros en la vigilancia y control de una epidemia. Al decir de la Dra. Chávez Pérez, contar con personal de las más disímiles especialidades permitió el abordaje de la asistencia médica, que comenzaba con la terapia de protocolo desde que ingresaban, con un enfoque multidisciplinario, lo cual permitió incluso, la detección y diagnóstico de enfermedades. Para los residentes fue un entrenamiento valioso en su preparación.

Y habrá anécdotas que contar; de cómo llegaron camas y colchones de todas partes que eran lavadas e higienizadas por el propio personal; de los taxistas que les acompañaron en sus días y sus noches, de campesinos, artistas y artesanos que donaron producciones e insumos; trabajadores del Turismo que sirvieron allí sin miedo al contagio; el apoyo importante del Ministerio del Interior en estos menesteres y hasta de los aplausos de los vecinos, que cada noche rompían el silencio, que duró 77 días, en los que no se detuvo el tiempo, porque la experiencia estableció que en cualquier momento y cuando sea necesario, volverá a activarse.

“Fueron muchas las lecciones que quedaron, resultó un aprendizaje enorme; la epidemia generó un ritmo rápido, los controles de foco se ‘levantaban’ en las tardes, y en la noche se producía el trabajo mayor en la clasificación de los pacientes. Para la familia era difícil, porque se desmembraba, unos se quedaban acá, otros marchaban a un centro de aislamiento y eso genera trastornos en la salud mental de los pacientes. Siempre estuvimos preparados para lo peor; la alta responsabilidad que cargamos a nuestras espaldas, de todos, no nos permitía dormir. Quiero reconocer a los que nos acompañaron, y que ya para siempre pertenecen a nuestro equipo, porque la unidad fue nuestra mejor herramienta. El 29 de mayo cerramos, por la agradable noticia de no tener pacientes; entonces comienzan a ser tratados los sospechosos en la unidad de Covid del HGAL. Se procedió a la desinfección y recuperamos, de manera gradual, las funciones fundacionales del CEA, ahora remozado, recomenzando la vida”.

La última paciente hospitalizada, despedida al marchar a casa
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Magalys Chaviano Álvarez

Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Cienfuegos.

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