Pasión y razón se dan la mano

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Hacía más de 20 años la Academia no mostraba una imagen como esta./Foto: Carlos Ernesto

Cuando uno es amante del deporte agradece presenciar jornadas como la vivida el pasado sábado en la Academia de Ajedrez. Me invitaron a un tope entre niños de Matanzas y Cienfuegos, pero en verdad lo acontecido allí fue mucho más que eso.

Respondiendo a una visita realizada el año anterior por los sureños a la Atenas de Cuba, desde ese teritorio, específicamente de Varadero, llegó una veintena de trebejistas, correspondientes en su mayoría a las categorías 7-8, 9-10 y 11-12 años, pues los visitantes también trajeron a una chica del apartado Sub-15.

Por los de casa difícil es saber el número de participantes, ya que un montón de chiquillos se dio cita en la instalación, deseosos de probrar sus cualidades frente al tablero. Y hasta más de uno, sin constituir practicante sistemático, logró “colarse” en alguna silla y enfrentar (hasta con victoria incluida) a los rivales de turno.

De más está decir que la Academia simulaba un hervidero humano, entre ajedrecistas, entrenadores y familiares, los que volvieron a demostrar cuánto puede hacerse cuando prima el deseo y la voluntad de llevar adelante un noble proyecto.

Las palmas para los entrenadores Raúl Cepero y Farah Ponce, de Matanzas y Cienfuegos, respectivamente, indiscutibles líderes de la idea. Y también para los padres, que garantizaron TODO tipo de condiciones para una jornada inolvidable. Sí, porque para muchos ésta fue su primera “competencia”, por lo que no faltaron emociones desbordadas, alegrías y hasta lágrimas ante cada éxito o desliz.

Más allá del resultado (a la postre la balanza favoreció a los yumurinos), lo verdaderamente importante resultó apreciar cuánto pueden aportar “sucesos” como este, sin necesidad de calendarios oficiales o presupuestos previamente discutidos y aprobados.

“Hacía más de 20 años que las mesas de la Academia no se llenaban (hubo que improvisar algunas para lograr más espacios) en una competencia de niños”, me confesó orgulloso uno de los entrenadores.

De ahí el tremendo regocijo de todos, entre los que me incluyo. Y el grato sabor se hizo más exquisito cuando conocimos que Caissa no lloró en vano, pues la histórica instalación del juego ciencia, o “el Palacio del Ajedrez en Cienfuegos”, como lo calificó una madre, ya no se convertirá en un centro recreativo como se había anunciado, sino que, sabiamente rectificada esa decisión, será objeto de una reparación general para que continúe siendo orgullo de los cienfuegueros amantes de esa disciplina.

Raúl Cepero y Farah Ponce, los promotores del tope entre matanceros y cienfuegueros. /Foto: Carlos Ernesto

2 Comentarios

  1. Gracias Carlos Ernesto por tu pasión y tu valor las bellas palabras de tus escritos y la verdad junto a la justicia brillaron por el bien del ajedrez, los que aprendimos a amar este deporte a través de la pasión de nuestros pequeños ahora tenemos el sueño junto a ellos de que nuestra Perla tenga su Palacio de Ajedrez, que cuente siempre la ciudad con los trebejistras sureños, con sus profes y el pueblo todo que sigue con pasión este deporte.

  2. La mejor noticia es saber que nuestra Academia de ajedrez lo seguirá siendo para continuar una actividad que en Cienfuegos, rebasa los límites de la tradición. Felicitaciones a quienes reconsideraron la idea de preservar la instalación para la práctica del juego ciencia.

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