Muerte del grupo de “Joaquín” en Bolivia

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Tamara Bunke, Tania la guerrillera.

La traición de un práctico boliviano llevó a la muerte a un grupo de combatientes internacionalistas de la guerrilla del Comandante Ernesto Che Guevara, el 31 de agosto de 1967, en el vado del Río Grande.

El grupo era comandado por Vitalio Acuña, el “Joaquín” en la guerrilla que, por razones operativas, el 17 de abril se separó del resto de la guerrilla comandada por el Che. Vitalio estaba muy enfermo y había otros compañeros que se curaban de heridas o enfermedades. Acordaron entonces que permanecieran tres días en reposo junto al río Iquire, mientras el Che con el resto de la tropa distraía a las fuerzas que lo perseguían. Pero aunque el Che hizo lo indecible por restablecer el contacto, ya nunca más les fue posible, por el enorme hostigamiento del Ejército boliviano, asesorado y abastecido por Estados Unidos, apoyado además, por agentes de la CIA que prácticamente dirigían las operaciones.

El grupo de “Joaquín” iba guiado por el boliviano Honorato Rojas. Ese práctico los llevó hacia el Río Grande y les indicó un vado, supuestamente bajo, por donde podían cruzar con confianza. Cuando los guerrilleros internacionalistas llegaron al centro del río, casi los tapa el agua, imposibilitándoles todo tipo de maniobras, incluso la de disparar, y allí los acribillaron los soldados apostados al otro lado del paso, donde aguardaban su llegada para asesinarlos. Fue una masacre.

En la emboscada traicionera perecieron hombres muy valiosos y una mujer extraordinaria, Tamara Bunke Bider, “Tania la guerrillera”, como la conoce y recuerda con cariño la historia, una ejemplar mujer argentina-alemana-cubana, hija de padre alemán y madre soviética, educada en Argentina y luego en Cuba. Incluso su preparación de clandestinaje para esta misión en Bolivia la realizó en el hotel Jagua y en un apartamento de Prado y calle 38 en Cienfuegos, en cuya fachada existe una placa recordatorio.

Apartameno de Tania la Guerrillera en el segundo piso, primero de izquierda a derecha./Foto: Portal de la Radio Cubana.

Los combatientes caídos en la emboscada artera son: Tania, el comandante Vitalio Acuña, combatiente de la Sierra Maestra y uno de los primeros campesinos que ayudó a la tropa de Fidel Castro tras el desembarco del “Granma”; el primer teniente Israel Reyes Zayas, “Braulio”, también cubano, como Vitalio; los combatientes bolivianos Moisés Guevara, Apolinar Aquino y Walter Arencibia; todos ellos heroicos, no se dejaron abatir, no se rindieron ni se desesperaron pese a estar sin alimentos, sin medicinas, apenas sin municiones, caminando jornadas extenuantes por lugares difíciles de montañas, lucharon fieramente hasta el final. De este grupo solamente se salvó el boliviano José Castillo, pues aunque en la masacre sobrevivieron el boliviano Freddy Maimura y el médico peruano José Cabrera Flores, días más tarde fueron hallados y asesinados inmediatamente.

El causante de sus muertes, el traidor Honorato Rojas, fue ajusticiado por miembros del Ejército de Liberación de Bolivia, en 1969, en Cochabamba, donde estaba disfrutando del dinero de su traición.

Los caídos en ese lugar, como Che y sus demás compañeros de la guerrilla internacionalista, descansan definitivamente en el Monumento levantado en la ciudad de Santa Clara.

Cuando se dio a conocer en Bolivia la noticia de la muerte de los integrantes de este grupo, la madre de Freddy Maimura vino a Cuba para comprobar la certeza de esa información. Antes de regresar a su país expresó aquí conmovida: “Me convencí de la veracidad de la muerte de mi hijo, pero también me convencí de que las ideas de mi hijo y de sus compañeros viven en las ilusiones de los revolucionarios de muchas partes del mundo”.

Estas palabras de la noble boliviana resulta el mejor colofón para esos queridos e inolvidables combatientes que perecieron hermanados por un ideal que ahora es realidad en su propia patria y en todo el ámbito latinoamericano.

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