Monster: las matanzas de la incomprendida

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El 9 de octubre de 2002 fue ejecutada Aileen Wuornos, “la primera asesina serial de los Estados Unidos”, así calificada por los medios locales. Una década atrás —muy poco después de ir a prisión tras matar a siete de sus clientes— Nick Broomfield realizó el documental A.W: The selling of a serial Killer, en el cual exponía como familiares, amigos y policías querían sacar beneficios a partir de la venta de derechos o información sobre la famosa prostituta de carreteras.

En 2003, el propio documentalista filmó otro material titulado Aileen: Life and death of a serial killer, fundamentalmente sobre la base de la entrevista que ella le concediera la víspera de la ejecución, donde sacaría a flote la infancia sometida a abuso sexual y todo tipo de vejaciones de quien, siendo una niña de nueve años, ya cambiaba cigarrillos por favores carnales. Este documental, donde Broomfield impugna la pena de muerte y entre otras cosas pretende probar que la victimaria actuó presa de la locura, fue criticado en los Estados Unidos por “explotar” demasiado tanto al caso como a la persona de Wuornos.

Todo lo contrario sucedió cuando casi  paralelamente a dicha pieza se estrenó Monster, otra obra sobre la figura, ahora desde la óptica de la ficción. Sin embargo, en la casi mayoritariamente aclamada película escrita y dirigida por  Patty Jenkins, esta realizadora debutante intenta establecer elevadas cuotas de empatía emocional con la asesina. Al punto de que no solo se limita a hacer comprender al espectador las presuntas o reales razones por las cuales tuvo tan siniestro comportamiento —la respuesta personal al castigo infligido por la sociedad y los hombres resulta la lectura más evidente— sino que tampoco toma un distanciamiento ante la comisión por parte del personaje central de hechos de ningún modo justificables.

No es que llegue a la insensatez de respaldarlos, mas tampoco los rebate. Hay una delgada línea en abordajes como éste, fácil de quebrar si no se para mientes en que comprensión y humanismo no pueden confundirse con una solidaridad fuera de lugar. A la identificación del receptor con un personaje a quien nos conectan inextricablemente a partir del empleo de su propio punto de vista, nos conduce la guionista-directora Jenkins a través de la concepción toda del relato: el efectista comienzo donde Aileen está a punto de reventarse el cráneo de un tiro por su sufrimiento vital; el brutal castigo físico que le propina el primer tipo que mata y la inevitable defensa de la agredida; el dinero que le demanda su pareja homosexual —la joven de 18 años Selby Wall (Christina Ricci) en la película; en la realidad esta compañera sentimental se llama Tyria Moore— para continuar su vida errante de moteluchos y carretera…

Aileen opera como el proveedor en esta relación, de modo que como le cierran las puertas para trabajar honradamente -cosa que Jenkins se encarga de recalcar en una escena de rechazo laboral fortísima- debe seguir prostituyéndose y robándole a sus víctimas para que sobrevivan los cuerpos y el romance de ambas mujeres. Pero el caso es que, salvo el primer malacabeza a quien no tuvo más remedio que despacharse, todos los demás asesinados por ella ni le hicieron daño ni fueron los culpables de su desgracia personal. O sea, que la mayor parte de la hilera de asesinatos la comete por odio, rencor o venganza; no por autodefensa.

Por lo demás, este drama le funciona bastante bien a la Jenkins, quien da muestras de una fluidez narrativa exenta de varios de los remiendos o tropiezos de las operas primas, además de brindar excepcional muestra de conducción de actores a un cuadro de ellos no menos extraordinario, en el cual indudablemente sobresale la aquí —no cabe otra palabra— magistral Charlize Theron. Sometida a varios procesos paralelos de desglamorización, reconstrucción física a través del maquillaje de Toni G., aumento de volumen…,  la toda sexualidad exmodelo y bailarina surafricana adopta una transformación integral de ademanes, maneras, engolación vocal, rusticidad simple y llanamente fenomenal, por la que no le quitaba el Oscar ni el mismísimo De Niro si volviera a engordar 40 libras para su Jake La Motta de Toro Salvaje. Era, sin dudas, el año de Charlize (sobre todo si se tiene en cuenta el rasero evaluativo de interpretación de la Academia). Pero no el año de Monster. Se trata, nada más, de otra de esas actuaciones extraclases en una cinta no tanto mediocre pero sí desigual.

2 Comentarios

  1. Estimado lector: a nuestro criterio es lo mejor que ha hecho Charlize en su vida. Gracias por sus palabras. Saludos del autor.

  2. sin dudas fenomenal la actuación de charlize theron. la última vez que la vi fue en “one million ways to die in the west”, confieso que no me gustó tanto, creo que el estar acompañada de alguien con menos experiencia le restó brillo, pero aún así el papel que interpretó no estuvo mal.

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