Marisol Fernández Granados: Oficio de enseñar arte

Una mujer que es arte en toda su expresión, sensibilidad y compromiso. Cubana de Cienfuegos y de Cruces, la patria chica donde nació, creció y vive, porque está enraizada allí, donde tiene por oficio enseñar desde la espiritualidad

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Foto: Juan Carlos Dorado

El pueblo de Cruces, término municipal de la provincia de Cienfuegos no llega a ser una ciudad, o quizá alguna vez lo fue, porque aún quedan huellas de una arquitectura cómplice, diríamos que refinada y ostentosa; pero no vamos a adentrarnos en disquisiciones rayanas con la historia y la sociología, ese es tema que deberá ser tratado en otra ocasión, y vayamos a las esencias, los seres humanos que escogieron vivir allí, pero no desde una pose y en silencio, sino que se quedaron para fundar y crear. Una mujer que dibuja con mirada escrutadora a su querida Cruces, Marisol Fernández Granados, pintora y pedagoga, nos cuenta.

“Soy crucence auténtica, rellolla y dolida por mi pueblo”, comienza nuestra conversación con esta frase lapidaria, encuentro que yo a toda costa quiero inclinar al tema de las bellas artes y la pedagogía de una mujer que es casi un ícono por esas tierras, pero que siente, además, una inmensa responsabilidad por lo suyo y los suyos, la patria chica. Continuemos la plática y al final, volveremos al principio.

Foto: Juan Carlos Dorado

“Todo comenzó en casa. Mi madre pintaba y desde pequeña siempre sentí afinidad por las artes en general. Estudié música, piano; y pintura, pero también escribo, prosa y poesía. Mientras otros niños de mi edad encontraban placer en jugar, yo leía, estudiaba y pintaba. También procedo de una familia de pedagogos, y eso ayudó a que desarrollara esa vocación; Porque poder trasmitir lo que una sabe a otras generaciones da un placer enorme. Así transité por varias enseñanzas, hasta que en octubre de 1959 tuve mi primer trabajo como maestra de música de la Enseñanza Primaria, y en aquella época llegué a ganar un salario digno con solo 15 años”.

La Campaña de Alfabetización, esa cruzada épica contra el analfabetismo que libró la Revolución nueva, la enamoró desde el primer día y hasta las lomas de Cumanayagua se fue Marisol, con un montón de mariposas saliendo de sus bolsillos de uniforme de campaña, y junto a farol y boina, también llevó sus pinceles.

“Llegué a ser la responsable técnica de maestros y alfabetizadores de todo el territorio montañoso de esa zona. Esa fue una etapa linda, siempre la recuerdo con especial cariño. Resultó muy bello, no tiene discusión. Al regresar, entonces decidí cursar estudios a otro nivel. Fidel había convocado a un programa de becas para los jóvenes de la Campaña, y yo pedí irme a la Escuela Nacional de Arte (ENA).

“Seis años estuve en La Habana, y al regresar me ubicaron en la Escuela de Arte de Cienfuegos, y así transcurrió mi vida, vinculada a la Enseñanza Artística, hasta que un día, al crecer la prole, constituir un hogar y adquirir otras responsabilidades familiares, debí quedarme en Cruces y dejar de viajar, todos los días, hasta la ciudad cabecera”.

Mientras conversamos, no puedo evitar recorrer con una mirada curiosa las paredes de su casa, colmadas de cuadros, desde primitivos y naif, hasta los más elaborados, con uso de técnicas cuidadas; tallas de madera sobre mesitas, una paleta dedicada por el pintor Servando Cabrera, y arte por doquier; sin dudas estamos en la morada de una persona de alta sensibilidad por la cultura. Fue declarada por las autoridades del territorio, en 2010: Personalidad de la Cultura Crucence, por sus aportes a la cultura, la educación y la formación de generaciones.

“Pero trabajar en mi pueblo no me limitó, en la Casa de la Cultura continué cultivando la música, la pintura y la literatura, soy fundadora de los talleres literarios en Cruces, aun en vigencia. Tras casi 40 años de labor me jubilo, y estando en casa llega un día un alumno y me pide que continúe ayudándolo, y después vino otro y otro, y entonces continué enseñando como hasta hoy. Llegué a tener 60 alumnos semanales. Les enseñaba teoría, apreciación, práctica, pero sin cobrar un centavo, porque tal y como me inculcaron y aprendí, tengo la responsabilidad de enseñar”.

Foto: Juan Carlos Dorado

Inquiero por la familia, los hijos, nietos, si alguno ha trascendido en el arte: “Tengo tres hijos, dos varones y una hembra, seis nietos y tres bisnietos, algunos en La Habana, otros fuera de Cuba, pero la distancia no mella nuestra relación familiar; ellos se inclinaron por las ciencias, mis vástagos; sin embargo, uno de mis nietos pinta y ha ganado premios incluso. Tengo 57 años, pero al revés, invirtiendo los números”.

Y no podía faltar en nuestra conversación el tema del Grupo Huellas, una especie de fraternidad artística, fundada allá por el 2001, recordando a Andrés Cruces, un amigo en común y entusiasta creador. “Nos une a todos los artistas de ‘Huellas’ el amor por el arte, no nos merecen atención los premios, las exposiciones, salones, sino que somos como una hermandad; todos han pasado por mí ‘aula’, personas que hacen culto a la humanidad, no tenemos pretensiones más allá de la amistad, me visitan siempre o escriben, los que están lejos, como Mario Javier”.

¿Qué es el arte para Marisol Ramírez Granados a esta altura de la vida? ¿Considera que entre el curriculo docente de las enseñanzas, la artística tiene la preponderancia adecuada?

“Todo, y también están mis gatos, llegué a tener 15; mi familia y mis alumnos. En cuanto a la enseñanza artística, me gustaría que se basara más en el modelo de hacer a los alumnos pensar, meditar, aprender infinitamente en función de la espiritualidad y alejados de la banalidad, pareciéndose a su tiempo. A los jóvenes, les digo, que tengan fe en ellos mismos”.

Y regresando al principio, ¿qué es Cruces para Marisol Fernández Granados?

“Es mi dolor de cabeza, a Cruces lo están echando al latón de la basura, la espiritualidad, los edificios, los recuerdos, los íconos. Cruces necesita cariño, amor. Estoy descontenta y me gustaría recuperar a ese pueblo de otrora, en lo patrimonial, cultural y arquitectónico, su teatro, la Estación de Ferrocarril, entre otros valores arquitectónicos y culturales. Quisiera que Cruces tuviera un conservador, tal como Cienfuegos tiene a Irán Millán, una persona que se sensibilizara con este, mi pueblo querido y el de tantos. Por suerte el arte nos salva y en ese sentido, el haber dedicado mi vida a enseñar aquí, donde están mis raíces, me reconforta”.

Foto: Juan Carlos Dorado

7 Comentarios

    • Gracias Raul Alberto, por acercarse a nuestro sitio web y comentar, Marisol es un caudal, me pasaría horas y horas conversando con ella; ama a Cruces como se quiere a una hija, no podía dejar de mencionarlo

  1. Conozco a Marisol de hace muchos años, fue profe de mi hijo Adonis, le enseño lo mas minimo de pintura, interpretar una obra no es facil, sin embargo enseña a hacerlo realidad, gracias Marisol tu contribuistes en el aprendizaje de mi hijo que hoy es pintor, gracias mil, Marvis

  2. Hola Magalys, excelente trabajo sobre una excelente profesional y persona, a quién conozco desde hace muchos años. Mis hermanos -los chinos iguel y Lázaro del clown-, y yo siempre hemos sentido gran admiración por Marisol y su obra. Gracias.

    • Gracias Julián, tu tierra ha dado grandes figuras en la historia, la Medicina, el deporte, arte… Marisol es una gran mujer y habla con mucho cariño de su Cruces natal, un abrazo colega

  3. Conocí a Marisol, hace más de 60 años cuando siendo muy jovencita, casi una niña, asumió la responsabilidad de las campaña de alfatizacion en Cumanayagua, en la cual yo era maestro en esa época y que bien lo hizo. Desde entonces siento por ella una respetuosa admiración por su dedicacion a las tareas de la educación y la cultura.
    Muchas gracias Magaly, por ese bello trabajo, tan merecido.
    Manuel Varela Pérez

    • Gracias profe, ella tiene muchas anécdotas que contar a las nuevas generaciones, y tanto por enseñar que es preciso que los lectores la conozcan, un abrazo

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