Los últimos soldados de la Guerra Fría

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Fernando Morais, autor del libro sobre Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, lo muestra a Luis Inacio Lula da Silva.

Ellos vieron escurrir la mayor parte de sus años mozos sin espacio para la expresión doméstica de sus deseos personales, el contacto físico con sus parejas, el crecer cotidiano de sus hijos, el beso diario, la brisa de los árboles, el alegrón de una lluvia pasajera, el trabajo diario de millones de sus compatriotas en Cuba…. Solo los Cinco pueden saber cuánto sufrimiento interior acallaron, moldearon, transformar en fuerza para poder soportar el castigo sin causa en pos de la causa mayor.

Hay que honrar, querer y admirar a Gerardo Hernández Nordelo; Ramón Labañino Salazar; Antonio Guerrero Rodríguez; Fernando González Llort y René González Sehwerert, Héroes de la República de Cuba, detenidos aquel triste sábado 12 de septiembre de 1998 y liberados en distintos momentos, tras sus injustas condenas. Son cinco figuras históricas del continente americano. Cinco personas extraordinarias.

Aunque los medios occidentales no lo difundiesen -con su tinglado en poder de actores contrarios a propalar el mínimo atisbo de claridad en relación con el caso-, constituyó su internamiento uno de los ensañamientos más notorios de cuantos tenga data la historia del Derecho y la Política a lo largo de la historia. La prensa EUA, otrora paradigma del Periodismo, deberá cargar en su agenda de descréditos la actitud sucia, taimada mediante la cual (in) observa el caso.

Pese al silencio mediático occidental, el crimen de lesa incivilidad resultó cada vez más conocido por miles de personas, quienes a través del planeta propalaban los resultados del desastroso fallo legal, el amañado proceso miamero, las exorbitantes condenas, el castigo extra de René y la valentía, el decoro, la dignidad sin par de quienes ofrendaron su juventud y cambiaron sus sueños individuales a favor de proteger uno más grande, perteneciente a más de once millones de cubanos.

En Los últimos soldados de la Guerra Fría (Arte y Literatura, 2013) el intelectual brasilero Fernando Morais (Minas Gerais, 1946) no solo realiza un acto de justicia histórica y de consecuencia intelectual para tamaño blanco, dignísimo de reivindicaciones tales; sino que lo factura dotado de las mejores herramientas de la no ficción, convertido en proteico heredero contemporáneo de aquel precursor Zola acusatorio, Capote, Walsh…

Maestro del reportaje literario en América Latina, el autor de La isla regala a sus hacedores un decálogo compositivo de cómo fraguarlo a partir de una investigación exhaustivamente abarcadora que comprende el seguimiento in situ del objeto de interés rastreado, el cotejo de fuentes originales, la contraposición y contraste del elemento factual (revisó e interpretó decenas de miles de documentos), la entrevista testimonial…

En pos de facturar este “admirable testimonio novelado” -calificándolo con palabras de Roberto Fernández Retamar-, Morais emprendió una labor de campo de más de dos años, durante la cual efectuó 40 entrevistas, la mayor parte en Cuba y Estados Unidos.

“Escrito en un estilo ágil, desprovisto de adjetivaciones y consideraciones ideológicas, el libro comprueba por qué Cuba resiste desde hace más de 50 años como único país socialista de Occidente; la Revolución y sus conquistas sociales inyectan en el pueblo un sentido de soberanía que lo induce a preservarlas como gesto de amor”, consideró Frei Betto en torno al volumen.

El éxito de ventas en la nación suramericana del texto -publicado por vez primera en 2011 bajo el sello editorial Compañía de las Letras- y su Premio Brasilia de Reportaje en la I Bienal  del Libro de Brasil atestiguan tanto la calidad como el interés despertado por la historia de las cinco legendarias figuras allí. Los  derechos de adaptación para la pantalla fueron vendidos a un inversionista  suramericanos y existe la posibilidad de su versión a tal medio.

“Fernando no necesitaba este libro. Es uno de los escritores más exitosos, publicado en el mundo entero, traducido a todas las lenguas, sus textos, también trasladados a la cinematografía, llegan a millones de personas. Él no lo requería para asentar su fama. Es al revés. Los Cinco necesitaban este libro, imprescindible para que la verdad avance, la solidaridad crezca y se acerque el día de la libertad. Fernando se embarcó en la monumental faena para redactarlo porque por encima de todo él es un gran compañero, que nunca le ha fallado a nuestros pueblos, que siempre ha puesto su inmenso talento del lado de la justicia. Este libro es un desafío a los lectores. Después de leer esta historia de altruismo, amor y entrega a los demás, nadie con decoro puede quedar con los brazos cruzados. Sus páginas son un llamado a la acción al que los jóvenes tienen que responder”, estimó Ricardo Alarcón.

La historia está superpoblada de procesos legales contra grandes figuras contra quienes fueron emitidas sentencias deshonestas e injustas, definido el carácter de las decisiones por circunstancias coyunturales o intereses perdurables de los poderes políticos, castrenses, religiosos… La cicuta, la hoguera, la horca, el pelotón de fusilamiento, la silla eléctrica, largos años en el corredor de la muerte o períodos cruentos de encierro castigaron osadías, “transgresiones”, actitudes valerosas para sus determinados períodos históricos; maldijeron con mentirosa maldad punitiva a la verdad. Porque esta duele, molesta, perturba los sueños de las clases dominantes.

La única verdad -la peor de todas para el Imperio- de los cinco prisioneros cubanos en los Estados Unidos, y razón por la cual guardarían prisión sin basamento judicial alguno tras ridículo proceso legal, es luchar por la preservación de la integridad soberana de su pueblo. Los últimos soldados de la Guerra Fría lo atestigua de manera exquisita. Es una pieza invaluable en la historia documental y literaria de nuestros hermanos antiterroristas.

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