La intolerancia del amor | 5 de Septiembre.
mié. Nov 20th, 2019

La intolerancia del amor

Ilustración: Arí

La salida y el deceso del sol marcan el alejamiento de unas fechas y la llegada de otras. La rutina ha vuelto al trono, derrocada por una jornada que regresará cíclicamente cada año para socialmente obligarnos a ser más condescendientes, más amorosos, más humanos algunas horas, cuando deberíamos practicarlo siempre.

Pero las presiones sociales se marchan como lo hacen las personas en nuestras vidas; las conexiones que establecemos incluso con los desconocidos van develándonos porque no siempre quien es buen esposo, buen amante, buen hijo, buen padre, es por antonomasia la mejor persona en todos los contextos.

Existen situaciones que los muchos adornos no las cambian. Ni el contexto puede justificarlas. El 14 de febrero significó y será para muchos un día especial, aunque no todos hayan tenido amor.

Esta es la historia de dos hombres: X y Y. Serían las seis de la tarde cuando el hombre X delgado, de cabello blanquecino y ropas sucias tomó las sandalias, que protegían sus descuidados pies, y las colocó junto a una gorra en la mesa de un establecimiento cualquiera. El panorama estaba repleto de parejas y grupos de amigos que paladeaban la casi inatrapable cerveza dispensada, tan esquiva en los centros que deben expenderla.

Unos se marchaban y otros llegaban con la intención de cazar alguna mesa y batidora disponible. Aquel hombre X, que visualmente ejercía un efecto de repulsión, disfrutaba de su día como otro cualquiera, porque el amor, al menos esa definición imprecisa que esgrimimos, es para todos.

Quizás en su silencio ni siquiera recordara qué fecha era y el tumulto en la calle fuera para él menos que un suceso. Desconozco si cada tarde haría lo mismo: tirar sus cosas encima de aquel pedazo de plástico manchado y fumar dos o tres veces, mientras el alcohol le corría por las venas.

Estaba solo, con sus sandalias, su gorra, su pomo reenvasado de alcohol, sus cigarros húmedos, sus cuatro pesos estrujados. Solo en una mesa que otros creían necesitar. Otros acompañados, permanecían con sus zapatos, ropa limpia, y dinero para comprar más que alcohol y cigarros.

X, en cualquier sitio nos parecería a todos un ser repugnante, decir lo contrario sería hipócrita, porque alguien alcohólico, harapiento, indigente en nuestros constructos sociales no encaja, porque nuestra conciencia colectiva nos dicta que ser así está mal. Ese dictamen no implica discriminar o ser intolerantes.

La estancia de X en aquella mesa duraría poco. Llegaba Y con familia. Supongo que era más sencillo levantar a alguien desprotegido que a un grupo entero. Después de encenderle un cigarro, y sentarse a su lado, Y miró a X y le dijo que se fuera de allí. Lo hizo con frialdad, con tono autoritario que no admitía perretas. Lo hizo, y la noche siguió su curso porque un hombre más o menos es despreciable en la gran marea que somos. Nadie salió de su burbuja, ni siquiera yo, para defenderlo. El día que debíamos predicar amor por el otro, olvidamos nuestra humanidad.

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6 comentarios en “La intolerancia del amor

  1. Yadiris; Yo entiendo que el amor no es de un dia sea amor por su familia o por su esposa que es un amor muy profundo o por el projimo es todos los dia cada minuto cada segundo, tambien ser humano eso nase no se alquiere para mi el que solo refleja el amor el 14 de febrero es un ipocrita regalar un dia especifico y maltratar 364 dias no pienso que amor es cada instante que la vida nos da y expresarlo para todos y digo para mi una persona que ingiera alcohol todos los dias no tiene amor ni por el mismo por que hace sufrir toda la familia, el amor no es un beso ni una rosa es lo mas bello que el ser humano puede dar por que para eso no hace falta nada solo sentirlo de verda

    1. Muchas gracias Tomi por comentar en el sitio. es muy cierta su afirmación de que el amor es bello, pero excluir a alguien no lo es. Las razones que llevan a una persona a la adicción y las consecuencias sociales, económicas y de salud que esta trae consigo siempre son negativas; razón que no nos exime de ayudar a quienes la padecen o han escogido padecerla.

  2. “El día que debíamos predicar amor por el otro, olvidamos nuestra humanidad”. Suele suceder, Yadiris. Arropados en nuestro natural egocentrismo, con frecuencia nos olvidamos del prójimo, ignoramos que la condición humana no es privativa de unos pocos.

  3. El alcoholismo va en aumento, en mi barrio son demasiados, es una enfermedad que no es repulsión, precisamente, lo que la cura; pero la indifrencia por los semejantes, esa si que no tiene cura querida Yadiris. Me encantó esta crónica, el solo hecho de atraer las miradas de los lectores hacia la indiferencia y el alcoholismo, es una acción digna, gracias

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