La estela luctuosa del “Mambí”

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El “Mambí” era un tanquero a vapor de mil 983 toneladas de desplazamiento, construido en 1883 por Oswald Mordount y Cia. Southanmpton, para la Cuba Distilling Co. Inc., de New York. /Foto: Archivo
El “Mambí” era un tanquero a vapor de mil 983 toneladas de desplazamiento, construido en 1883 por Oswald Mordount y Cia. Southanmpton, para la Cuba Distilling Co. Inc., de New York. /Foto: Archivo

Aquel 13 de mayo de 1943 el buque mercante cubano Mambí navegaba al norte del puerto de Nuevitas con rumbo a los Estados Unidos. Formaba parte del convoy NC-18 que llevaba mieles, azúcar y otros abastecimientos para las fuerzas aliadas contra el eje fascista Roma-Berlín-Tokio durante la Segunda Guerra Mundial.

El “Mambí” era un tanquero a vapor de mil 983 toneladas de desplazamiento, construido en 1883 por Oswald Mordount y Cia. Southanmpton, para la Cuba Distilling Co. Inc., de New York; en aquel momento su tripulación la componían 33 hombres sencillos que amaban su labor. Hombres de mar, de paz. En la madrugada de aquel 13 de mayo morirían 23 de ellos víctimas del torpedeamiento de un submarino alemán. Trece de los nombres en la trágica lista eran de Cienfuegos, buena parte de ellos de la marinera barriada de Reina.

Así reflejó la prensa local el suceso que enlutó a trece familias cienfuegueras. /Foto: Archivo
Así reflejó la prensa local el suceso que enlutó a trece familias cienfuegueras. /Foto: Archivo

Dos de los diez tripulantes sobrevivientes en dos botes, cienfuegueros ambos, ya fallecidos, nos dejaron sus recuerdos: Andrés Silva Subirats estaba de guardia esa noche en su puesto de observación. De pronto vió venir sobre su buque aquella estela verde iluminada por la luna. Gritó con todas sus fuerzas: – “!Torpedooo a estribor!”, y se aferró desesperadamente al enrejado de madera del piso. La explosión lo lanzó contra la pared del puente de proa, primero, y al agua inmediatamente después. Cuando iba de caída hacia el mar, Andrés Silva vió a otro buque del convoy, el tanquero norteamericano Nickeline que transportaba combustible, yéndose a pique por un impacto similar.

Quintín Mota Rodríguez había sido relevado por Andrés en su guardia de observación. Estaba en la cocina tomando agua para irse a dormir cuando escuchó el grito de aviso de su compañero y casi inmediatamente el impacto que partió en dos pedazos al “Mambí” y que también lo lanzó al mar.

No sabía nadar y se aferró desesperadamente a algo duro y pesado, de metal, que lo sumergió en las profundidades. Pensó en su novia Estela que había quedado feliz, preparando la boda que sería a su regreso de este viaje. Ya ahogándose escuchó su voz enamorada que le decía se soltara de aquel hierro al que se aferraba. Le hizo caso y al momento inició un ascenso vertiginoso que lo condujo al lado de una balsa vacía a la que pudo abordar. En ella salvó a otros cuatro compañeros que ayudó a subir a bordo. Algo semejante realizó Andrés Silva en otra balsa, muy cerca de él. Cuando se unieron y creyeron estar a salvo, escucharon demasiado cerca la emersión del submarino, vieron sus reflectores buscándolos para terminar su obra destructora con las ametralladoras, y de nuevo Quintín Mota pensó en su Estela, que los conminó a quedarse silenciosos y quietos. Pasó el peligro inminente y pasaron las horas. Al amanecer fueron rescatados. No es necesario decir que Quintín se casó con su Estela, y que ella también estuvo a su lado el día que los diez sobrevivientes recibieron sus medallas de Héroes de la Segunda Guerra Mundial, conferidas también con carácter post mortem a los 23 fallecidos.

Obelisco a la entrada del puerto de La Habana, frente al Castillo de la Fuerza, dedicado a la memoria de los 77 marinos cubanos víctimas del hundimiento de sus embarcaciones por navíos nazis. /Foto: Archivo
Obelisco a la entrada del puerto de La Habana, frente al Castillo de la Fuerza, dedicado a la memoria de los 77 marinos cubanos víctimas del hundimiento de sus embarcaciones por navíos nazis. /Foto: Archivo

No fueron los únicos marinos héroes cubanos que cayeron en acción durante la Segunda Guerra Mundial. En un sencillo obelisco de piedra blanca, a la entrada del puerto de La Habana, frente al Castillo de la Fuerza, en un obelisco dedicado a los marinos cubanos víctimas de esa guerra en el mar, aparecen la lista de los 77 compatriotas (que incluye a los del “Mambí”) y los nombres de sus siete buques que yacen abrazados en el lecho del mar y en el recuerdo de los hombres y mujeres agradecidos del mundo.

Acá en Cienfuegos, el destacado artista local de la plástica, Mateo Torriente Bécquer, perpetuó el recuerdo de las víctimas del artero golpe nazi contra el tanquero Mambí en la escultura Estrella con caracola y cuerno.

Después de un largo peregrinaje la obra quedó definitivamente colocada en su actual emplazamiento el 2 de septiembre de 1989, y una semana más tarde la inauguración del conjunto, como parte de la celebración del aniversario 32 del levantamiento popular del 5 de septiembre. De esa manera la ciudad rindió tributo a sus hijos caídos por nobles causas, en 1943 y 1957.

Desde entonces la obra de Mateo nos acompaña permanentemente para recordarnos siempre los horrores de una guerra, mientras entona a través de su flauta marina un canto a la vida y al amor.

Estrella con caracola y cuerno, la escultura del artista cienfueguero Mateo Torriente Bécquer dedicada a la memoria de las víctimas del "Mambí".
Estrella con caracola y cuerno, la escultura del artista cienfueguero Mateo Torriente Bécquer dedicada a la memoria de las víctimas del “Mambí”.

1 Comentario

  1. Conocí a la Sra. Rosa Reyes viuda de unos de los marinos del Mambí, la cual era joven y tenía una hija pequeña, ella no se casó màs, y hablaba de su hèroe con orgullo, vivian en la calzada de Reina. Ahora los dos estàn juntos. Honor a quièn honor merece. Descansen en Paz nuestros héroes

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