Guiteras nacionaliza compañía eléctrica yanqui

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Antonio Guiteras, como ministro de Gobernación del gobierno provisional de Grau San Martín, logró la aprobación de varias leyes de beneficio popular.

Completamente solo frente a reformistas y traidores de la Revolución de mil novecientos treinta y tres, tras el derrocamiento del tirano machado, Antonio Guiteras, como ministro de Gobernación del gobierno provisional de Grau San Martín, logró la aprobación de varias leyes de beneficio popular, pero ninguna tan aplaudida como la efímera nacionalización de la Compañía llamada “Cubana”, pero realmente norteamericana de Electricidad, aprobada el 14 de enero de 1934.


Como parte de las maniobra de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, tras el derrocamiento del tirano Machado, para que el poder político no quedara en manos populares, se determinó que tras otros cambios efímeros, el gobierno provisional de la Isla quedara en manos del anodino profesor universitario Ramón Grau San Martín, y propició que el poder militar quedara en manos de un sargento, aupado a coronel, llamado Fulgencio Batista, que respondía a los intereses de Washington.

Pero ante el nombramiento de Grau, las masas exigieron que un revolucionario ocupara la secretaría (que hoy denominamos ministerio) de Gobernación (que hoy llamamos del Interior) y la tarea correspondió al rebelde Antonio Guiteras Holmes. Este logró que Grau firmara leyes que beneficiaban a los trabajadores humildes, como la que fijó en ocho horas diarias la jornada laboral, un aumento de los salarios mínimos, la rebaja de las costosas tarifas eléctricas, y otras.

Cuando la dirección norteamericana se enteró del decreto que rebajaba las tarifas eléctricas, envió a un emisario ante la hermana de Tony Guiteras, llamada Calixta, tan revolucionaria como él, ofreciéndole medio millón de pesos en efectivo, un automóvil Packard de lujo, de último modelo, y la promesa de otras prebendas, si dejaba sin efecto ese decreto perjudicial para la entidad norteamericana.

No solo los dos hermanos rechazaron el suculento soborno, sino que apresuraron la firma de Grau en un nuevo Decreto que nacionalizaba el consorcio eléctrico estadounidense.   Guiteras fue al despacho de Grau en el Palacio Presidencial habanero y solicitó su firma en el decreto-ley. Grau condujo a Guiteras ante un amplio ventanal desde donde se divisaban los 29 buques de guerra fondeados en la bahía de La Habana, y le dijo: “Sólo esperan la orden de Washington para intervenir en la Isla”. Guiteras le respondió: “De todos modos van a hacerlo, por una causa u otra, vamos adelantando el camino de las reivindicaciones”, y presionando a Grau le recogió su firma en el documento, con la pluma Parker  color gris, que el profesor-presidente guardaba en el bolsillo interior del saco de su traje.  A su lado  Guiteras estampó su firma rebelde y salió a pié de Palacio.  Caminó con sus gastados zapatos, enfundado en su traje carmelita de mucho uso y llegó al número uno de la calle Monte, sede de la Compañía de Electricidad.   Personalmente entregó la orden de Intervención a míster Archibald Jones, su Gerente Principal norteamericano.  Inmediatamente ocupó su despacho y su silla, por primera vez un administrador cubano designado por Guiteras. Pero sólo permaneció allí medio día.

Al siguiente amanecer, 15 de enero, las Fuerzas Armadas cubanas, dirigidas por el Coronel Batista, derrocaron al gobierno de Grau San Martín que sólo tuvo un desenvolvimiento de poco más de cien días. La tradición de aquellos años rezaba: “Nadie se puede oponer a los designios de Washington, ni luchar contra el Ejército de la República”. Y efectivamente, así fue durante aquella República de mentiritas hasta el primero de enero de 1959.

Pero en aquella fecha se imponía el castigo máximo a un gobernante cubano por la osadía de atacar a la “sacrosanta propiedad privada de Estados Unidos”, y para probar que no debía repetirse por nadie esa desobediencia, el 8 de mayo de 1935, Guiteras fue asesinado en El Morrillo de Matanzas, cuando iba a salir para traer una expedición armada.  Era el castigo por ese atrevimiento inaudito.

Con la muerte de Guiteras desapareció completamente el breve proceso rebelde cubano tras el derrocamiento de Machado en los ’30.  El pueblo cubano debió soportar todavía 23 años más hasta el advenimiento de 1959.

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