El juicio contra Fidel y un alegato para la historia | 5 de Septiembre.
vie. Jul 19th, 2019

El juicio contra Fidel y un alegato para la historia

Obra de Pablo Toscano Mora, pintor nacido en Villa Clara en 1940. La pintura refleja momentos del juicio a Fidel Castro por los sucesos del Moncada, y se expone en el hospital Calixto García de la capital cubana. /Imagen tomada del blog Cuba Historia

Pretextando una inexistente enfermedad de Fidel Castro, el régimen de Batista separó de las sesiones del juicio por los sucesos del Moncada, al líder de esa gesta, Fidel Castro Ruz. Entonces el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba lo juzgó aparte, el 16 de octubre de 1953, en un saloncito de estudio de las enfermeras del viejo hospital civil santiaguero Saturnino Lora.

El tribunal, los soldados numerosos y el escaso público que permitieron entrar, algunas enfermeras y la periodista recién graduada Marta Rojas, fueron los únicos privilegiados que escucharon la autodefensa y programa que Fidel pronunció este día memorable.

Pero allí, en ese recinto, los jueces y soldados tuvieron que soportar desde el inicio la ironía punzante del acusado-acusador que de entrada comentó: “Parece que la justicia está enferma, por el lugar en que se me juzga”.

Se le ha preguntado a la periodista Marta Rojas qué impresión le causó Fidel Castro en ese juicio histórico y ella ha respondido así:

“El alegato de Fidel fue escuchado con evidente respeto y visible emoción por los magistrados del Tribunal, por los numerosos soldados de la dictadura, algunas enfermeras y otros pocos presentes allí. Fidel se veía impresionante ante el Tribunal que lo juzgó, pese a la toga raída que le dieron para ese acto en que actuaba como su propio defensor. La toga estaba descosida por una boca-manga y con cada gesto enérgico que Fidel hacía cuando hablaba seguía descosiéndose más. Pero todos lo escuchaban callados, asombrados que alguien estuviera acusando al tirano allí, custodiado por tantos soldados armados, jamás habían escuchado decir a un hombre semejantes cosas ante un Tribunal que sabía plegado al déspota”.

La reportera Marta Roja precisa: “No era el tono de la voz de Fidel, que era mesurado, ni el énfasis en determinados momentos, sino que, rodeado de guardias agresivos, todos escuchaban arrobados a aquel que había organizado el arriesgado asalto al cuartel y lo decía y justificaba los actos con sincero patriotismo. Nunca nadie se había atrevido a decir tantas verdades juntas, y eso los paralizaba, porque eran irrebatibles sus alegatos. Eran palabras tan sinceras, apasionadas, didácticas, convincentes, emotivas, que esas verdades los aplastaba”.

En esa salita del hospital santiaguero continuaba aquel combate del día 26 de julio y tuvo señalada victoria moral sobre la tiranía. La autodefensa y explicación del Programa del Movimiento Revolucionario, que desde entonces se llamó 26 de Julio, pronunciada por Fidel Castro un día como hoy, hace 64 años ante el Tribunal que lo juzgaba, se conoce históricamente como La historia me absolverá, por las palabras finales del alegato, que cerró diciendo: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Los historiadores lo han considerado el documento más trascendente de todo el período seudo-republicano y resultó un arma eficaz, de índole político-ideológica, para la lucha posterior y el programa del porvenir de Cuba que, por cierto, fue cumplido cabalmente y hasta superado. Ese texto fue reescrito posteriormente en la cárcel por Fidel, allá en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, de donde fue sacado clandestinamente, pliego a pliego, e impreso y distribuido en esas condiciones por toda la Isla por las heroínas del Moncada, Haydee Santamaría y la crucense Melba Hernández junto con otros compañeros.

En aquel saloncito también fue juzgado el cienfueguero, nacido en el barrio de Pueblo Griffo en esta ciudad, Abelardo Crespo Arias, hijo y nieto de mambises, que no había podido ser juzgado junto con los demás, por su estado de gravedad aún, por la herida de bala de fusil calibre 30,06 en un pulmón, que recibió en el asalto a la segunda fortaleza militar del país, el cuartel Moncada. Perido el factor sorpresa, cuando ya iban de retirada, el propio Fidel lo sacó del lugar, lo montó en el auto que usó aquel día y lo llevó a curar, sólo entonces salió de Santiago.

La periodista Marta Rojas, que nunca antes había conocido a Fidel ha confesado: “Cuando yo escuché ese alegato y la enumeración del Programa del Moncada, lo consideré una quimera. No podía imaginar que apenas seis años después, todo fuera realidad, y más”.

La periodista Marta Rojas, entonces recién graduada, fue testigo excepcional del histórico juicio a Fidel Castro. En esta foto de 2016, la cronista del Moncada relee sus originales escritos en 1953. /Foto: Vicente Brito (Escambray)
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