El canal Clave

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Constituye en la actualidad la industria del videoclip una de las grandes promotoras de valores, deseos e imaginarios, de tal que detenta la nada fútil misión de continuar convirtiendo al género —control social mediante la cultura— en uno de los reproductores ideológicos de mayor incidencia en la fijación de modelos de conducta dentro de los vastos pero más uniformados que nunca conglomerados de la juventud mundial. Apabullante resulta el control unidireccional de los exponentes de más popularidad (92 por ciento) por parte de solo tres grandes discográficas planetarias. Dichas transnacionales disponen de los recursos precisos para mantener su dominio a través de los iconos globales entronizados mediante sus campañas. Como en la comida chatarra y los emporios de la información. El globo come, lee y escucha lo mismo; salvo puntuales excepciones regionales, dadas tales no tanto por obrar con arreglo a peculiaridades culturales e intenciones independientes —aunque de hecho las haya—, sino por formar parte de sub-bastiones del mercado con destino a ciertas franjas que responden a idiosincrasias, perfiles, gustos, temperamentos. A lo larga forman parte del mismo pasto.

De forma acrítica, el receptor cultural universal recibe e incorpora conceptos, nociones, ideas involutivas como desigualdad, individualismo, hedonismo a ultranza, violencia de género, consumismo feroz, cosificación del ser humano, humillación del sexo femenino —la imagen permanente de la mujer como sierva sexual del hombre— o diferentes y veladas formas de racismo tradicional o en nuevas variantes. La narrativa de franjas determinantes del videoclip hoy concibe su ecuador en la latitud ideológica del relato suscrito al placer momentáneo y el sacudón endorfínico. La difuminación, ex profeso, de principios éticos elementales vertebra el discurso disociador de un género tendente a adormilar percepciones cual estrategia programática.

Además del antonomásico Lucas, varios programas de la televisión nacional han procurado defender la idea de un videoclip cubano, en parte escapado de tales tendencias, en parte acoplado con sumo placer y organicidad a estas.

Un canal como este opera en la práctica cual repositor de contenidos del género, nacionales y extranjeros (y de la música, de sus distintas manifestaciones en general, no solo el videoclip: no obstante tales cobran preeminencia en la parrilla diaria) y de la apropiada selección de ellos, desde una posición intencionadamente curatorial, dependerá su éxito en el tiempo o su mera adscripción al mecanismo repetitivo de la industria musical global.

Los primeros tiempos de Clave dan la idea de que quienes conciben y articulan su programación distan en mucho de lo último, si bien es imposible que un canal musical pueda abstraerse stricto sensu de tal, so pena de verse menguado su fondo visual a márgenes limitados.

Lo anterior hay que entenderlo, mas no puede convertirse tampoco en justificación, en algún momento, para explicar la sobreexposición de emblemas del mercado (Justin Bieber, repetido hasta la saciedad y por largas semanas omnipresente en los 12 de la semana; Rihanna; Taylor Swift…), por arriba de cantautores iberoamericanos, música del mundo, instrumental, autores nacionales y locales, cuya presencia debe ser más notable en el canal digital, ya visto por millones de compatriotas gracias a las cajitas decodificadoras.

Clave, pese a cierta saturación mainstream, encuentra puntos de equilibrio y se alza en antídoto contra el mal gusto rampante al cual ha sido condicionado parte del receptor nacional. Su irrupción y desarrollo son muy bienvenidos.

Pese a sus limitaciones, y de tratarse de una señal cuyo proceso de construcción progresivo, pienso, agregará alegrías, es a la fecha uno de los mejores canales temáticos de su tipo del planeta. Muy superior a MTV, Ritmo Son Latino o incluso al seminal VH1 —desprovisto de sus condicionantes comerciales—, cuenta con más de veinte espacios fijos. Si bien el porciento mayor de contenidos guarda relación con el clip, propone recitales, audiovisuales sobre la música e insertos con personalidades o eventos tendentes a irrigar de variedad la agenda semanal.

A Clave, eso sí, deben acceder especialistas que jerarquicen, expliquen y comenten la música nacional e internacional del momento; así como la discografía local y extranjera, quizá una de las grandes asignaturas pendientes del periodismo cultural patrio, originada en gran medida por la falta de un espacio con el cual aquí sí cuentan, pues están al aire quince horas diarias.

2 Comentarios

  1. Diego, estás escarbando en el ático del recuerdo. Esto es viejito, pero vigente como vigentes y lúcidas son tus aportadoras palabras. Gracias por tus comentarios. Saludos de martes.

  2. Clave es bastante variado, y bueno, tiene que quedar al menos un canal en la televisión en que pongan vídeos musicales extranjeros porque ya no se ven en los canales “para todos”. Una cosa es ser proteccionista con nuestra cultura y otra muy distinta es negar información al pueblo, que no todo el mundo puede estar pagando para ver lo último del paquete. Pero bueno, eso es ya llover sobre lo mojado. Sí creo que el programa que se llama Vídeo Mundo no debería repetir los vídeos de “Los 12 mejores” y deberían poner clips más variados, apartarse un poco de lo mainstream. Y los separadores que usan entre los programas son muy buenos, he visto documentales también excelentes y algunos conciertos muy buenos, como el último que dieron de Andrea Boccelli en Nueva York.

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