El camino especial de Hilda y Jorgito
sáb. Ago 24th, 2019

El camino especial de Hilda y Jorgito

"Lejos de ser un reto siento mucha recompensa con Jorgito"./Foto: Dagmara Barbieri

"Lejos de ser un reto siento mucha recompensa con Jorgito"./Foto: Dagmara Barbieri

Velos muy transparentes pueden obnubilar una realidad y al descorrerse develan la vida sin afeites, con verismos espeluznantes. Cuando hace 26 años Hilda Losa Hurtado tuvo a su hijo Jorgito Ciscal un halo prodigioso recubrió el alumbramiento. El camino suscitaba los miedos propios de ser madre por primera vez.

“Nadie me dijo su condición, no me causaron extrañeza sus ojos oblicuos… Un poco antes de tocarle la prueba genética de los 21 días, yo caminaba por el Bulevar cuando me fijé en el rostro de un síndrome de Down y vi a mi hijo.

“Entonces desperté a la verdad y luego lo corroboré, mi mamá y su papá siempre lo supieron”.

Pero a esta mujer, hoy cincuentenaria, no la amilanó tal certeza, quizás persistió aquel aura inicial de confusión, y cuando solicitó el círculo infantil no especificó discapacidades. Le concedieron uno de enseñanza regular: “Marineritos del Sur”.

“Allí me presenté con el bebé, las ‘tatas’ guardaron silencio y jamás hablaron del tema. Lo aceptaron con mucho cariño y tuvieron allí a Jorgito los tres primeros años de vida. Pienso que fue un acto de amor.

“Cuando crecieron las necesidades pasó a régimen especial en la institución indicada y posteriormente a la escuela de Junco Sur, donde diagnosticaron retraso mental leve. Por eso en tercer grado lo trasladamos para la primaria especial José Luis Chaviano, donde cursó hasta noveno. Siento un gran orgullo porque allí aprendió a leer y a escribir”.

Una pausa discurre, empaña la mirada, pero el nimbo se aleja y retorna el diálogo animado:

“Hasta ese momento ejercía como profesora de Física en la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA), pero cuando Jorgito quedó fuera del sistema de enseñanza dejé de trabajar. Me acogí a la ley que ampara a las madres de discapacitados, con el cien por ciento del salario y me dediqué a cuidarlo.

“Entonces llegó a la cultura, se le despertó una intensa vocación por la danza y la actuación, sistematizamos las visitas al Costa Sur a conciertos de artistas, y el grupo Palmares tuvo la gentileza de facilitarnos la entrada de forma permanente.

“A eso debo la felicidad de mi hijo. Todas las semanas tenemos un lugar en conciertos de lujo, yo no tengo como agradecer tal deferencia del establecimiento y de los cantantes. Con todos los famosos tiene fotos. Sube al escenario, canta y baila”.

El visionaje de fotos es vehemente, muchos álbumes, tomas digitales, videos, conforman los recuerdos de más de diez años de intercambio con el mundo del arte.

¿Qué ha sido para ti lo más importante?

“El apoyo de su papá, mi mamá, toda la familia; las muestras de afecto y el desenvolvimiento social de mi hijo.

“Te cuento una anécdota: a mi casa llegaron unas personas que durante su viaje a Italia encontraron un micrófono como souvenir, y al volver a Cienfuegos se dedicaron a buscarnos hasta que dieron con mi dirección. Ellos lo habían visto en el concierto de Adalberto Álvarez y no se les olvidó cómo disfrutó en escena.

“Ese regalo es ahora el amuleto de Jorgito, lo lleva a todas sus fiestas”.

Hilda tuvo a su hija Jeili, que actualmente tiene 20 años y es maestra. Habla de los riesgos y estudios intensos durante el embarazo que llegó a feliz término, y la ulterior combinación de ser madre de dos hijos.

“Me he adaptado y lejos de ser un reto siento mucha recompensa con Jorgito, primero asistía a la Plaza, a los espectáculos que allí organizaban. Salía tarde en la noche para que él bailara con las orquestas”.

Los miedos y desolaciones quedaron lejos, hoy esta madre siente la recompensa de haber aprendido a conocer las necesidades de su hijo peculiar y haber logrado transitar un camino especial, con bendiciones y logros.

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