El alegato de Fidel | 5 de Septiembre.
La Historia me absolverá es un material historiográfico fundacional riquísimo, pero además un texto literario de belleza y hondura.

La Historia me absolverá es un material historiográfico fundacional riquísimo, pero además un texto literario de belleza y hondura.

Debemos a la entonces novel periodista Marta Rojas, una de los pocos reporteros de Santiago de Cuba que fueron autorizados para permanecer en la sala donde se juzgaba al principal acusado por los sucesos del Moncada, Fidel Castro, el panorama que envolvió este acto judicial. Allí en el saloncito de estudio de las enfermeras del hospital del cuartel Moncada se celebró la vista de ese juicio oral histórico.

Pretextando una inexistente enfermedad de Fidel Castro, el régimen de Batista separó al líder de esa gesta, de las sesiones del juicio por los sucesos del Moncada. Por eso el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba lo juzgó aparte el 16 de octubre de 1953. El tribunal, los soldados numerosos y el escaso público que permitieron entrar, algunas enfermeras y la periodista recién graduada Marta Rojas, fueron los únicos privilegiados que escucharon la auto-defensa y programa que Fidel pronunció este día tan memorable.

Pero allí, en ese recinto, los jueces y soldados tuvieron que soportar desde el inicio, la ironía punzante del acusado-acusador que de entrada comentó:

“Parece que la justicia está enferma, por el lugar en que se me juzga…”.

Se le ha preguntado a la periodista Marta Rojas qué impresión le había causado Fidel en ese juicio histórico y ella respondió así:

“El alegato de Fidel fue escuchado con evidente respeto y visible emoción por los magistrados del Tribunal, por los numerosos soldados de la dictadura, algunas enfermeras y otros pocos presentes allí. Fidel se veía impresionante ante el Tribunal que lo juzgó, pese a la toga raída que le dieron para ese acto en que actuaba como su propio defensor. La toga estaba descosida por una boca-manga y con cada gesto enérgico que Fidel hacía cuando hablaba seguía descosiéndose más. Pero todos lo escuchaban callados, asombrados que alguien estuviera acusando al tirano allí, custodiado por tantos soldados armados, jamás habían escuchado decir a un hombre semejantes cosas ante un Tribunal que sabía plegado al déspota”.

 

La reportera Marta Roja precisa: “No era el tono de la voz de Fidel, que era mesurado, ni el énfasis en determinados momentos, sino que, rodeado de guardias agresivos, todos escuchaban arrobados a aquel que había organizado el arriesgado asalto al cuartel y lo decía y justificaba los actos con sincero patriotismo. Nunca nadie se había atrevido a decir tantas verdades juntas, y eso los paralizaba, porque eran irrebatibles sus alegatos.   Eran palabras tan sinceras, apasionadas, didácticas, convincentes, emotivas, que esas verdades los aplastaba…”.

En esa salita del hospital santiaguero continuaba aquel combate del día 26 de julio y tuvo señalada victoria moral sobre la tiranía. Aquella autodefensa y explicación del Programa del Movimiento Revolucionario, que desde entonces se llamó 26 de Julio, que pronunció Fidel Castro aquel 16 de octubre ante el Tribunal que lo juzgaba, se conoce históricamente como La historia me absolverá, por las palabras finales del alegato, que cerró diciendo:   “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Los historiadores lo han considerado el documento más trascendente de todo el período seudo-republicano y resultó un arma eficaz, de índole político-ideológica, para la lucha posterior y el programa del porvenir de Cuba que, por cierto, fue cumplido cabalmente y hasta superado. Ese texto fue reescrito posteriormente en la cárcel por Fidel, allá en la prisión de Isla de Pinos, de donde fue sacado clandestinamente, hoja a hoja, y fue impreso y distribuido en esas condiciones por toda la Isla, por las heroínas del Moncada, Haydée Santamaría y la crucense Melba Hernández, junto con otros compañeros.

En aquel saloncito también fue juzgado el cienfueguero Abelardo Crespo Arias, nacido en el barrio de Pueblo Griffo en esta ciudad, hijo y nieto de mambises, que no había podido ser juzgado junto con los demás por su estado de gravedad; malherido en un pulmón por una bala de fusil calibre 30,06, disparos que recibió en el combate del Moncada. El propio Fidel lo sacó del lugar cuando realizaban la retirada, lo montó en el auto que usó aquel día y lo llevó a curar; sólo entonces salió de Santiago.

La periodista Marta Rojas, quien nunca antes había conocido a Fidel ha confesado: “Cuando yo escuché ese alegato y la enumeración del Programa del Moncada, lo consideré una quimera. No podía imaginar que apenas seis años después, todo fuera realidad, y más…”.

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