Disputa sin destiempo

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La mitad de los hombres en la actualidad se reconocen como metrosexuales./Foto: Internet

Corr铆a el a帽o 1978. Recuerdo era una clase vespertina de Historia en la Escuela Vocacional Ernesto Che Guevara y la profesora rega帽贸 al disc铆pulo por sacar un peine de los m谩s grandes, pues seg煤n ella, dijo en voz alta que lo consideraba 鈥渄e mujer鈥.

Entonces el aludido, con el matiz rebelde de adolescente, pregunt贸: 驴D贸nde lo dice? El rostro de la docente qued贸 at贸nito, y lo guard茅 en la memoria con una mezcla de estupor ante la juvenil irreverencia y ambivalentes conceptos sobre la moda y los j贸venes, cuyas disputas siempre est谩n en boga.

Tras cuatro d茅cadas del citado incidente, han transcurrido cambios para estupefacci贸n de quienes vivimos tales conservadurismos. En 1994, el periodista brit谩nico Mark Simpson acu帽贸 con el t茅rmino metrosexual, la tendencia de varones h茅teros a apropiarse de atributos femeninos.

A estas alturas, la escuela cubana no ha podido abducir la predilecci贸n. La etimolog铆a es composici贸n ling眉铆stica proveniente del vocablo relacionado con 鈥渏oven de metr贸polis鈥 o urbano, y la palabra sexual, sin implicaciones de orientaci贸n de g茅nero.

Vemos entonces a varones con aretes y cejas depiladas, a la postre combinados con la vestimenta escolar actualmente en nuestras escuelas. Pero no siempre las modas y el reglamento para uso del uniforme son bien llevados.

La Resoluci贸n 186, que rige estas normativas, es flexible, pues cada centro educacional adapta estas medidas teniendo en cuenta sus particularidades, y ah铆 caben informalidades uniformadas y hasta extremismos.

Nuestro semanario, en art铆culo nombrado Sin uniformar posibilidades, apunt贸 particularidades como el uso de las medias en las hembras, legislan 鈥渢apar el tobillo鈥, mientras casi todas las escuelas exigen 鈥渓legar a la rodilla鈥, m谩s caras.

Salta tambi茅n la contradicci贸n entre la tolerancia de tendencias metrosexuales masculinas y propensiones del pelo bicolor en las muchachas.

Queda mucho por hacer en la conciencia tanto de educandos como de la familia y todos los sectores sociales, para defender el uniforme como s铆mbolo y que las modas no signifiquen menoscabo de valores.

La batalla es intensa, pues enrumbar hacia equivalencias identitarias constituye un imperativo. Las desviaciones del uniforme escolar son met谩foras de otros extrav铆os. Recientemente entrevist茅 a la Doctora en Ciencias Sociales Nereyda Moya Padilla, y ella refiri贸: “驴..Por qu茅 un programa televisivo como el que vi hace poco, tiene que aludir a paradigmas extranjeros como Shakira y Piqu茅鈥?”

Podr铆amos, por ejemplo, darles m谩s opciones a nuestros j贸venes con temas que los identifiquen con lo que aman del pa铆s en el que viven, de sus artistas, deportistas, de sus paisajes.

La paradoja entre la profesora de 1978 y las novedades contempor谩neas muestran que m谩s all谩 de una est茅tica individual, de g茅neros, la moda marca estilos e historicidades,聽por eso es motivo para dialogar, para pensar m谩s que criticar, para proponer m谩s que imponer. No son los j贸venes los que cambian, sino los tiempos, y ah铆 est谩 la eterna querella.

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