Batiendo las alas de la imaginación infantil

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Satisfacción, entrega, solidaridad. Responsabilidad, confianza, gozo. Ése es el sentir de los niños y las niñas de la brigada artística Dionisio Gil.

Para comprobarlo, le invito a hacer un recorrido de la mano de unos príncipes enanos que son capaces de encauzar un proyecto comunitario sin perder esa ingenuidad propia de la etapa infantil que los hace saltar, jugar, reír.

 

 UN BREVE RECUENTO

Corre el año 2003, los pequeños de la zona 13 del Consejo Popular Centro Histórico se desarrollan como cualquier otro infante; sus vidas giran alrededor de las actividades escolares y las extraescolares. En el barrio no hay mucho más que hacer, sino jugar hasta la saciedad.

Por desgracia, algunos viven situaciones de desventaja social en sus hogares. Sobre ellos hay que influir para tratar de cambiarles su futuro; por ellos se construye este asidero, el cual estaría dado a convertirse en un espacio donde anclar los sueños.

El 26 de julio tiene lugar la primera presentación, pues esa histórica fecha marca la gestación de un proyecto que no se detendría jamás. A partir de ese momento comienza a navegar la nave que, para consolidarse, debe surcar los mares de la incomprensión familiar, algo que en un principio auguraba una travesía insegura.

A un año de su constitución, las opiniones están muy lejos de parecerse a las que sostuvieron hace un tiempo atrás. Padres, abuelos, en fin, todos los familiares y amigos de la barriada, han cambiado su opinión. Hoy son muchos los que se vuelcan para contribuir en la formación cultural y vocacional de sus hijos.

 

UNA MIRADA POR DENTRO

El desarrollo de las Artes Manuales forma parte del proyecto comunitarioLa Edad de Oro constituye uno de los proyectos de la brigada artística Dionisio Gil. Aquí se agrupan niños y niñas comprendidos entre los 9 y los 14 años de edad, con aptitudes musicales. Meñique está reservado para los más pequeños (de 5 a 8), en tanto Corazones reúne a los de nuevo ingreso, con vistas a prepararlos y valorar en qué manifestación artística se desempeñan mejor.

Y es que la brigada no sólo se dedica a la música, sino también desarrolla sus capacidades histriónicas. El proyecto teatral “El principito” fabula con la imaginación de los noveles artistas, mientras que el “Samuel Feijóo” profundiza en las artes plásticas y manuales.

Actuar sobre los principales problemas sicosociales constituyó uno de los objetivos que se trazaron inicialmente; al mismo tiempo buscarían la correcta formación educacional, así como el desarrollo de los hábitos de conducta y los valores.

“En la intersección de 33 y 66 surgió la idea -afirma Mercedes Caro Nodarse. ¿Cómo convertir a los chicos del barrio en hombres y mujeres del futuro, útiles, virtuosos, cultos, educados, dignos? Este es un barrio marginal y deseábamos darle un vuelco a la imagen de la comunidad. Fortalecer nuestra sociedad no es sólo luchar contra todo tipo de manifestaciones delictivas, es también educar, prevenir, aglutinar a todos los factores en cada acción que se lleve a cabo.

“Comenzamos con un coro de 16 muchachos, con los que poco a poco se trabajó para que pudieran cantar como solistas, en dúos, tríos y cuartetos (este el caso de Fidel Ernesto, Pedrito, Charo, Dayron o William)

“Le han encontrado una razón a sus vidas y no se conforman con lo que han aprendido, de ahí que demanden saber mucho más. Sin dudas, las clases que reciben de actuación, dicción y proyección escénica, rendirán sus frutos en el futuro. Les enseñamos a disfrutar las artes y a tener una vida más placentera.

“Lo mejor que pudo pasarnos fue la acogida por parte de la comunidad; algunas entidades como la Fábrica de Ataúdes, nos brindaron recortería para confeccionar el atrezzo de la obra teatral; otras nos cedieron sus espacios y sus trabajadores fueron cómplices de pequeños espectáculos donde pudimos constatar el talento de nuestros niños y la repercusión que causaron en el auditorio”.

 

LUISA, LA EDUCADORA

Conversadora, de dulces palabras y al mismo tiempo exigente, así es Luisa Acea León con sus niños, quien desarrolla una labor instructiva que va más allá de los simples acordes de una guitarra, del acordeón o la colocación de la voz.

“Somos una gran familia; ya usted ve cómo nos preocupamos por influir positivamente en ellos. No sólo velo por su desempeño en la brigada, sino conversamos sobre la importancia de sean niños y niñas educados -dijo mientras acompañaba con su acordeón una melodía dedicada a los padres, y que interpretaran en la Brocha Gorda, un espacio musical de la galería bulevariana en las noches del sábado.

“Aquí ellos aprenden a ser más disciplinados -continuó-, a ayudarse mutuamente; además de ocupar su tiempo libre en actividades provechosas para enriquecer su intelecto, contribuimos en su formación vocacional”.

Con más de 40 años de trabajo como educadora y varias distinciones y reconocimientos a su labor como formadora de las nuevas generaciones, Luisa apuesta por la sensibilidad infantil y esa frescura propia de una edad que los hace ser menos inhibidos a la hora de subir a la escena.

“Los niños de la brigada son artistas en el sentido más amplio de la palabra. Ellos transitan entre la música, la plástica y las artes escénicas y son capaces de asumirlo con mucha responsabilidad”.

 

SIN DESCUIDAR LOS ESTUDIOS

Además de los cambios en el comportamiento de algunos niños y niñas, observaron un adelanto en los resultados académicos de los educandos. Los 100 puntos alcanzados por Dayamí, una de las integrantes, son ejemplo de que todos priorizan las actividades docentes.

“Mantenemos un estrecho vínculo con las escuelas -refiere Mercedes Caro. Entre los requisitos que manejamos para incluirlos en el proyecto, está el de mantener una conducta adecuada en el centro escolar.

“Cierto es que requiere tiempo y dedicación por parte del ejecutivo del proyecto -léase madres, padres y abuelas de los menores. Y continuamos estrechando los lazos, pues esta retroalimentación rindió sus frutos, cuando la mayoría obtuvo mejores resultados que los logrados en períodos anteriores”.

 

HABLAN LOS PROTAGONISTAS

Última llamada a escena, en breve comenzará la función. Los artistas se preparan para salir y ya no les queda tiempo para más. Mientras se alista el vestuario de la obra “El conejito descontento”, Fidel Ernesto me confiesa que su sueño es llegar a ser un buen instructor de arte como su maestra Luisa Acea; para eso se prepara en varias de las manifestaciones artísticas. En cambio, Dayron desea ser informático, aunque reconoce su pasión por la música y la plástica.

Nayenci tiene madera para las artes escénicas y quisiera ser actriz; Pedrito lleva muy bien la tarea de ser responsable de cuerda cuando montan una pieza musical -el repertorio abarca más de 30-, a lo mejor en unos pocos años lleve la batuta de alguna agrupación de renombre, pues acaba de comenzar estudios en la Escuela Provincial de Arte Benny Moré, en la especialidad de percusión. Charo prefirió la guitarra y estamos convencidos de que su futuro estará muy ligado a la música, así lo augura su desarrollo en el seno de una familia musical por excelencia.

Yanet, Iyaris, Darianna y tantos otros han aprendido a compartir su alegría. Todos esperan ser hombres y mujeres de bien, para eso se les instruye.

Y si lo duda, lléguese hasta la zona 13 del Consejo Popular Centro Histórico -cuya presidenta, María Regla Eguizábal Álvarez se ha convertido en un puntal esencial para la divulgación y apoyo-, y pregunte por Ninía, Rey o por Cuqui, pues ellos podrán confesar lo que representa la brigada. Pero no sólo ellos, cualquier vecino estará dispuesto a brindar su testimonio sobre el impacto de la “Dionisio Gil”, que agrupa a varias personas que han dejado volar su imaginación para fomentar un trabajo educativo, histórico y cultural, capaz de involucrar a todos los factores del barrio y convertirse en un buen ejemplo de cuanto se puede lograr con un buen trabajo comunitario.

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