Termoeléctrica de Cienfuegos: cuando el archivo industrial se convierte en memoria viva
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Por: Maxlenin Rodriguez Jiménez*
Hay quienes ven en una termoeléctrica solo estructuras de acero, turbinas y procesos industriales. Para Leyanis Gallo Coma, técnico de nivel superior en adiestramiento; sin embargo, la planta es mucho más que eso: es una comunidad.
“En la termoeléctrica hay mucho más que máquinas, procesos y producción. Hay trabajadores con historias de vida, generaciones que han aprendido un oficio, conocimientos que se transmiten de una persona a otra, relaciones de compañerismo, tradiciones, símbolos y una memoria construida durante años”, afirma esta especialista en gestión documental, cuya formación académica en Gestión Sociocultural para el Desarrollo parecía destinarla a otros escenarios.
Pero la vida, a veces, teje rutas inesperadas, y Leyanis encontró en el corazón industrial de Cienfuegos el espacio perfecto para aplicar su mirada: “Mi profesión me enseñó a mirar los territorios más allá de sus estructuras físicas, a identificar sus recursos humanos y culturales, sus potencialidades, sus necesidades y, sobre todo, a reconocer a las personas como protagonistas de los procesos de transformación”.
De las comunidades territoriales a la comunidad industrial
La paradoja no es tal para quien comprende que el desarrollo cultural no entiende de fronteras sectoriales. “Cuando llegué a la termoeléctrica, no dejé de ser gestora sociocultural; simplemente cambié el escenario de actuación”, explica. Mi trabajo con la gestión documental y el patrimonio industrial parte justamente de esa perspectiva: comprender que detrás de cada documento, cada fotografía, plano, equipo y espacio hay una historia humana que merece ser conservada y transmitida”.
Humanizar la industria, para Leyanis, significa entender que una planta no está hecha solamente de acero y tecnología. “Está hecha también de las personas que la han construido, mantenido y convertido en parte de la historia de un territorio”.
Innovar para que el pasado dialogue con el presente
Gestionar información no es simplemente conservar documentos, sino lograr que el conocimiento que contienen pueda ser localizado, comprendido y utilizado. Ese ha sido uno de los principales retos de Leyanis en la empresa: cambiar la visión del archivo como un lugar donde se almacenan papeles, para convertirlo en una herramienta activa al servicio de la organización.
“He trabajado en la organización y clasificación de la documentación histórica, incorporando no solo criterios administrativos, sino también criterios relacionados con su valor histórico, cultural y patrimonial, detalla. Esto permite identificar qué documentos, fotografías, planos y registros contienen información relevante sobre la evolución de la empresa y su memoria institucional”.
La digitalización y la creación de estructuras que permitan recuperar la información de manera más rápida y ordenada han sido parte fundamental de su labor. “La idea es avanzar hacia bases de datos y herramientas digitales que faciliten búsquedas, consultas y relaciones entre diferentes tipos de documentos. De esta manera, una fotografía antigua puede vincularse con un equipo, un plano, una etapa determinada de la planta o con las personas y procesos asociados a ese momento histórico”.
Para ella, innovar en la gestión documental significa precisamente “hacer que la información deje de estar escondida y comience a generar conocimiento. Un documento que permanece en una caja puede conservarse, pero un documento correctamente identificado, digitalizado, contextualizado y accesible puede ayudar a tomar decisiones, reconstruir procesos, investigar, capacitar a nuevos trabajadores y fortalecer la identidad de la empresa”.
Su objetivo es claro: “que la sección de archivo no sea un cementerio de papeles, sino una memoria activa de la organización: un espacio donde el pasado pueda dialogar con las necesidades del presente y aportar información para construir el futuro”.
Un bien patrimonial: la historia detrás del objeto
Si tuviera que declarar un bien patrimonial de la termoeléctrica, Leyanis no elegiría un objeto físico aislado. “Elegiría una historia vinculada a uno de sus equipos o espacios más antiguos, acompañada por los documentos, planos y fotografías que permitan reconstruir su trayectoria. Porque considero que el patrimonio industrial no está solamente en el objeto físico, sino también en el conocimiento y en las historias humanas que existen alrededor de él”.
Proteger esa historia, explica, “representa una parte de la memoria de la empresa y del territorio. Un equipo puede dejar de funcionar, ser sustituido por una tecnología más moderna o incluso desaparecer físicamente, pero el conocimiento de cómo fue utilizado, quiénes trabajaron con él, qué transformaciones experimentó y qué significó para diferentes generaciones de trabajadores constituye un patrimonio que no debería perderse”.
Desde su formación, entiende la protección del patrimonio como una forma de garantizar que las futuras generaciones puedan conocer no solo qué produjo la industria, sino quiénes la hicieron posible y cómo evolucionó. Por eso, su propuesta sería construir un expediente patrimonial integral, “donde el equipo o espacio esté acompañado por fotografías, planos, documentos técnicos, testimonios de trabajadores y otros registros que permitan comprender su verdadero valor.
“Proteger el patrimonio industrial es darle una segunda vida a aquello que ya cumplió una función productiva. Es transformar la memoria de la industria en conocimiento para el presente y en legado para el futuro”, reflexiona.

Conectar generaciones a través de la memoria
Uno de los proyectos que ha impulsado Leyanis parte de una preocupación concreta: ¿cómo lograr que las nuevas generaciones de trabajadores conozcan y sientan como propia la historia de la termoeléctrica? “Porque si la memoria permanece únicamente en los archivos, existe el riesgo de que se pierda el vínculo entre quienes construyeron la historia de la planta y quienes hoy tienen la responsabilidad de continuarla”.
Desde su trabajo en gestión documental y su formación sociocultural, ha promovido la recuperación y puesta en valor del patrimonio histórico de la empresa, especialmente a través de la organización de fotografías, documentos, planos y testimonios que permiten reconstruir diferentes etapas de la vida de la planta.
“Una fotografía antigua puede convertirse en el punto de partida para identificar un equipo, conocer a los trabajadores que aparecen en ella, reconstruir una etapa de la planta y generar un intercambio entre trabajadores de mayor experiencia y jóvenes que recién comienzan su trayectoria laboral”, abunda.
Le interesa especialmente crear espacios donde los trabajadores mayores puedan transmitir sus conocimientos y experiencias a las nuevas generaciones. “De esa manera, el joven no recibe la historia como algo lejano o impuesto, sino que descubre que forma parte de una continuidad: que antes de él hubo personas que enfrentaron dificultades, desarrollaron soluciones, adquirieron conocimientos y dejaron una huella en la empresa”.
Su propósito es avanzar hacia una memoria viva de la termoeléctrica, apoyada en herramientas digitales, archivos fotográficos, documentación histórica y participación de los propios trabajadores. “Creo que cuando un joven conoce la historia del lugar donde trabaja, reconoce el valor de lo que otros hicieron antes y comprende que él también está construyendo una nueva etapa de esa historia”.
En ese sentido, su papel como gestora sociocultural no es simplemente conservar el pasado, “sino convertirlo en una herramienta para generar diálogo entre generaciones, fortalecer la identidad colectiva y construir sentido de pertenencia”.
Un legado de memoria viva
Si el archivo de la termoeléctrica es la memoria de la empresa, ¿qué legado le gustaría dejar a Leyanis como gestora?
“Me gustaría que mi legado fuera haber contribuido a que esa memoria no se pierda ni quede olvidada entre documentos y estantes”, responde sin dudar.
“Como gestora sociocultural, quisiera dejar una forma diferente de mirar el archivo: no como un depósito de papeles, sino como un espacio donde se conserva la identidad, el conocimiento y la historia de quienes han hecho posible la existencia de la empresa”.
Imagina el futuro: “Me gustaría que, dentro de algunos años, un joven trabajador pueda acercarse a ese archivo, encontrar una fotografía, un plano, un documento o el testimonio de alguien que trabajó aquí y comprender que él también forma parte de una historia que comenzó mucho antes de su llegada”.
Su legado sería, entonces, “ayudar a transformar la memoria documental en memoria viva: organizada, accesible, digitalizada cuando sea posible y, sobre todo, conectada con las personas.
“Porque una empresa que conoce y protege su historia no solo conserva el pasado. También fortalece su identidad y construye herramientas para comprender su presente y proyectar su futuro”, concluye.
*La autora es comunicadora de la Termoeléctrica de Cienfuegos
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