Empresa española se niega a vender a Cuba un repuesto para liofilizador del hospital Frank País por el bloqueo de EE.UU.
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La empresa española Telstar, filial del grupo alemán Syntegon con sede en Terrassa, Barcelona, se negó a vender una pieza de repuesto para un liofilizador instalado en el Complejo Científico Ortopédico Internacional Frank País, ubicado en La Habana, Cuba.
El equipo opera en el banco de tejidos del centro, su avería impide completar el procesamiento de aloinjertos óseos y piel porcina, insumos vitales para cirugías complejas y para la atención de pacientes traumatológicos.
Con otro informe unilateral y mendaz sobre Trata de Personas, el Departamento de Estado de EEUU pretende continuar justificando la política agresiva de ese gobierno contra Cuba y su persecución enfermiza a la colaboración médica cubana.
El caso quedó documentado por el sociólogo catalán Aníbal Garzón y el investigador Alejandro Pedregal. Su pesquisa, difundida por Cubainformación TV, reconstruye cómo una compañía europea se amparó en supuestas restricciones comerciales para rechazar la venta de esa pieza destinada al banco de tejidos del hospital, destinado a atender a la población.
El rechazo no obedeció a un problema técnico de la pieza, sino al destino cubano del equipo que debía reparar. Lo que revela es el alcance extraterritorial del bloqueo estadounidense sobre la salud pública cubana.
Las gestiones comenzaron el 26 de agosto, Pedregal abrió un intercambio prolongado de formularios técnicos y catálogos con la firma, un procedimiento que en apariencia marchaba con normalidad. Casi un mes después, al corroborar que el equipo final operaba en Cuba, Telstar comunicó el 24 de septiembre que no podía avanzar y la compañía alegó carecer de autorización corporativa para comerciar con la isla.
Ni siquiera el intento de adquirir el componente a título personal en Europa logró sortear la negativa, la empresa teme represalias o perder el acceso al mercado estadounidense. Ese cálculo, que ninguna sanción directa sobre la pieza justifica, es precisamente el objetivo del mecanismo de presión diseñado por Washington.
El cerco corporativo tiene su origen en el carácter extraterritorial de las medidas coercitivas de Estados Unidos, reforzadas bajo el actual marco de sanciones. La Ley Helms-Burton castiga a compañías de terceros países que sostienen vínculos comerciales con la mayor de las Antillas.
Por eso una firma con sede en Barcelona decide no vender una junta de goma a un hospital de La Habana, a miles de kilómetros de la Casa Blanca. Las cifras oficiales dan la dimensión del daño: Informes presentados por Cuba ante la Organización de las Naciones Unidas(ONU) estiman en más de 367 millones de dólares las pérdidas del sector salud en un solo año.
Detrás de las barreras burocráticas y corporativas hay decenas de pacientes que aguardan procedimientos traumatológicos y quirúrgicos. Su recuperación, y en algunos casos su esperanza de vida, queda en suspenso por una pieza que una empresa europea se niega a vender por temor a sanciones de Estados Unidos.
El Complejo Científico Ortopédico Frank País busca alternativas para reparar el liofilizador y restablecer el banco de tejidos. Mientras tanto, el caso documenta cómo el bloqueo se expresa en hechos concretos. Una junta de goma, un formulario sin autorización corporativa y un hospital a la espera.
(Tomado de Telesur)
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