Cuando la comedia cruza la línea

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“No he ido al gimnasio en mucho tiempo, no sabía que las mujeres ahora se visten como putas” fueron las palabras que un comediante norteamericano intento hacer pasar como broma durante un monólogo en el programa Saturday Night Live (Noche de sábado en vivo).

Una frase controversial, que le dio a su autor lo que quería conseguir, búsquedas en Google y publicaciones en redes sociales. Un nombre que casi nadie había oído antes entró en el conocimiento colectivo por una broma de mal gusto.

Lo importante de este momento de la cultura pop no es lo que dijo el comediante, sino el pequeño vistazo que da a lo que ciertas personas creen que la sociedad encuentra aceptable.

Hablar sobre los cuerpos de las mujeres como si fueran simples objetos ha pasado a ser un hecho común en redes sociales. Después de haber crecido moralmente desde los comentarios amarillista de las revistas a inicios de los 2000, el Internet como un conjunto regresó a juzgar cualquier pequeña diferencia.

La ropa que las mujeres llevan al gimnasio lleva en debate desde el auge de este tipo de locales. Usar licras y ajustadores deportivos tienden a ser lo único necesario para molestar a varios fanáticos del gym en redes sociales.

Según ellos, ese tipo de ropa los desconcentra de sus ejercicios, porque todos los demás tienen la culpa de las acciones que ellos mismos deciden tomar. Es más fácil criticar a alguien por lo que usa, que realizar un análisis introspectivo en uno mismo e intentar mejorar como personas.

Shane Gillis, el comediante, trajo con su broma el tema de vuelta al ojo público, pero en un momento aún más voluble. Desde el gran desagrado público que causó internacionalmente el caso de los Cornell 7, la forma en la que hablamos sobre las mujeres está siendo analizadas.

No es imposible hacer bromas sobre mujeres en el gimnasio, hay varios vídeos en Internet que son verdaderamente graciosos, pero continuar trayendo a la conversación la ropa de las mujeres, como si sus contrapartes masculinas no utilizarán el mismo estilo de ropa, está volviéndose un tema cansado.

Mientras más hablemos en redes sociales y en conversaciones casuales de los cuerpos de las mujeres como si fueran objetos y más las deshumanizemos, crece la oportunidad de que casos como el de Cornell ocurran sin generar ningún tipo de olas, volviéndose algo totalmente normal.

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