El ruido, enemigo omnipresente de la humanidad

Compartir en

Tiempo de lectura aprox: 6 minutos, 30 segundos

El ruido es un sonido inarticulado, sin armonía ni ritmo, que tiende a ser desagradable y molesto al oído y resulta un problema para la humanidad, reconocido así desde épocas tan antiguas como la Roma imperial. Incluso, la historia recoge normas escritas acerca de ello, que datan del siglo XV, cuando en la ciudad de Berna se prohibió la circulación de carretas provocadoras de sonidos excesivos.

Vivimos rodeados de ruido. Voces, bocinas, música, palabras, timbres, coches, motos, animales, aviones o trenes. Todos ellos forman una interminable lista de soniquetes que dejan su huella en la salud, porque “el ruido mata”. Aunque no nos demos cuenta, siempre está presente.

¿Qué dicen los expertos?

La contaminación acústica, es decir, el exceso de ruido generado por actividades humanas, el tráfico, la industria o la música alcanza por estos tiempos niveles insospechados.

Ya nadie duda que los efectos del ruido sobre la salud humana son enormes y están más que probados científicamente. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado el ruido como el contaminante ambiental que más problemas de salud origina detrás de la contaminación atmosférica y lleva más de 20 años alertando sobre esta circunstancia mediante diferentes documentos y guías.

La OMS asegura que cerca de 430 millones de personas padecen hoy problemas auditivos ocasionados por el ruido urbano. Se estima que el 65 % de la población mundial vive en ciudades y que ese número en el 2050 debe duplicarse. Por tanto, los problemas auditivos, en unos 25 años, también podrían aumentar considerablemente.

Asimismo, la organización declara que más de mil millones de personas en edades comprendidas entre los 12 y los 35 años corren el riesgo de perder la audición debido a la exposición prolongada y excesiva a música fuerte y otros sonidos recreativos, lo que puede acarrear consecuencias devastadoras para su salud física y mental, educación y perspectivas de empleo.

Caricatura de Osvaldo Gutiérrez Gómez (Osval).
Caricatura de Osvaldo Gutiérrez Gómez (Osval).

En efecto, los especialistas refieren que el ruido tiene un impacto notable en la salud afectando el nivel de concentración en nuestras actividades, la calidad del sueño, la capacidad auditiva y comunicativa y puede suponer, incluso, el incremento de la presión arterial o de la hormona del estrés, cefalea, irritabilidad y depresión.

Jesús Alba Fernández, catedrático de Física Aplicada y experto en acústica de la Universidad Politécnica de Valencia, sostiene que no damos importancia a la repercusión que puede tener el ruido en nuestro cuerpo, especialmente en los colectivos más vulnerables como niños, a los que puede retrasar su aprendizaje de la lectura, personas mayores o quienes tienen una patología que puede afectar al sistema nervioso y locomotor.

Por su parte, el Dr. En Ingeniería acústica por la Universidad Politécnica de Madrid y César Asensio Rivera refiere que “la contaminación acústica ha sido ignorada siempre, y precisamente ahí está el error. En muchas ocasiones, el ruido se convierte en un problema por no haber sido considerado desde la fase inicial de implantación de una actuación municipal”.

Y agregaba: “existen costes económicos asociados al ruido, influyendo las devaluaciones de suelos y viviendas, la reducción del uso de las infraestructuras de transporte aéreo. Tiene, además, costes sanitarios derivados de ausentismos laborales”.

Basados en los estudios, a finales de la década de los 90 del siglo pasado, la institución de salud mundial recomendó que los niveles de ruido en el exterior durante el día no excedieran los 65 decibelios (dB) y por la noche debían quedarse por debajo de 55. Hace cinco años, la organización presidida por Tedros Adhanom Ghebreyesus revisó estas directrices y rebajó los umbrales para el tráfico rodado por debajo de 53 decibelios durante el día y 45 por la noche. “Podríamos decir que para vivir en un mundo saludable deberíamos estar por debajo de los 65 dB”, explicó.

¿Y qué pasa con mi salud?

Habitamos desde hace mucho tiempo en un mundo donde el bullicio constante se ha convertido en parte de nuestro paisaje sonoro diario. La contaminación acústica se ha convertido en un problema del que todos debemos tener conciencia, porque la idea de que “yo hago en mi casa lo que me da la gana” acaba cuando esto afecta a otras personas.

En muchas comunidades los vecinos ruidosos, o los que ponen música alta hasta deshoras, al molestar a sus vecinos están incurriendo en un delito. Si bien es necesaria la conciencia en torno a la convivencia vecinal, lo es también en las instituciones y organismos rectores de velar porque se cumplan las normas de regulación de la contaminación acústica.

Es tan dañina la contaminación acústica en las ciudades que incluso puede tener unos efectos devastadores a largo plazo en la salud física y mental de las personas, así lo destaca un nuevo informe sobre problemas medioambientales de la agencia de la ONU para el medio ambiente.

Los sonidos no deseados, prolongados y de alto nivel procedentes del tráfico rodado, el ferrocarril o las actividades de ocio perjudican la salud y el bienestar de los ciudadanos, que padecen molestias crónicas y alteraciones del sueño. Estas molestias y alteraciones conducen a su vez a graves enfermedades cardíacas y trastornos metabólicos, como la diabetes, al tiempo que causan problemas auditivos irreversibles.

¿Cómo se aprecia el fenómeno en el mundo?

Hace pocos días, revisando las redes sociales, vi reclamos de internautas de varios países acerca de la urgencia de la elaboración de una ley contra aquellos que ponen la música alta, incluso desde sus casas, balcones, aceras…En la actualidad, cada país establece su legislación reguladora de los decibeles (dB), los cuales son medidos con sonómetros u otros equipos.

En un esfuerzo por preservar la tranquilidad y reducir la contaminación acústica, Alemania ha reforzado sus leyes para regular el ruido, con un enfoque especial en los domingos y días festivos. Estas regulaciones, conocidas popularmente como Ruhezeit (horas de silencio), exigen que los ciudadanos mantengan el volumen bajo y limiten las actividades ruidosas, particularmente los domingos, considerados en el país como un auténtico día de descanso, tal y como señala el medio Express UK.

Según las normas, entre semana y los sábados, los ciudadanos deben evitar ruidos fuertes entre las 22:00 y las 6:00 horas, mientras que los domingos y días festivos, las restricciones se extienden durante toda la jornada. Con ello se pretende enfatizar la importancia de estas horas de silencio para promover la paz social y garantizar un descanso adecuado para todos los ciudadanos.

Lea:
Normativa extranjera relativa a ruidos molestos

Suiza ha dado un paso firme en su lucha contra la contaminación acústica, endureciendo las sanciones para los vehículos ruidosos. Desde enero de 2025, los conductores que generen ruido excesivo se enfrentarán a multas de hasta 10.000 francos suizos (10.657 euros al cambio de hoy), una medida que busca reducir el impacto negativo del ruido en la calidad de vida de los ciudadanos.

El gobierno suizo ha ampliado la lista de ruidos considerados evitables, incluyendo aquellos generados deliberadamente, como acelerones innecesarios o modificaciones técnicas en los vehículos (sistemas de escape no homologados). Además, se ha aumentado la multa por calentar o acelerar innecesariamente el motor de un vehículo parado, buscando disuadir comportamientos perjudiciales para el medioambiente y la tranquilidad de los ciudadanos.

Daniel Carvalho Mejía, representante a la Cámara por Antioquia de Verde Oxígeno (2022-2026) propuso un proyecto de ley contra el ruido, el cual fue aprobado por el Senado colombiano en diciembre de 2024. La norma ordena actualizar y unificar las reglas contra la contaminación acústica y endurece las sanciones a quienes las violen.

Las ciudades latinoamericanas, caracterizadas por su ritmo vibrante y su calidez humana, enfrentan un reto silencioso pero significativo: la contaminación acústica. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región supera en un 50% los niveles de ruido recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las consecuencias de esta cacofonía urbana son alarmantes. Un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reveló que la contaminación acústica le cuesta a la región alrededor de 17.000 millones de dólares anuales en pérdidas de productividad y atención médica.

En Latinoamérica, esta problemática se agudiza debido al crecimiento descontrolado de las ciudades, la deficiente planificación urbana y la falta de políticas públicas efectivas para el control del ruido.

Ciudades como São Paulo, Brasil, y Santiago de Chile han comenzado a implementar estrategias de diseño urbano con enfoque acústico. São Paulo, con su programa “Ruido Zero”, ha logrado reducir significativamente los niveles de ruido en la ciudad a través de medidas como la instalación de barreras acústicas, la promoción de la movilidad sostenible y la educación ambiental. Por su parte, Santiago de Chile ha implementado la iniciativa “Plan de Gestión de Ruido”, que busca controlar y reducir la contaminación acústica en la ciudad a través de la normativa, la planificación urbana y la participación ciudadana.

¿Qué pasa en Cuba?

El ruido es una agresión física de la cual Cuba no está exenta, con efectos nocivos para la salud y una verdadera e ilegítima intromisión en el ámbito privado personal. Por ello se recaba de una legislación ambiental que considere al ruido comunitario en sus aspectos generales y específicos, aunque la solución a largo plazo radique en la consolidación de una cultura, educación y respeto a las reglas de convivencia.

Pero veamos. Este tipo de contaminación está regulada principalmente en la ley 81 de 1997 de Medio Ambiente, la cual establece que “contraviene el orden público quien perturbe la tranquilidad de los vecinos, especialmente en horas de la noche, mediante el uso abusivo de aparatos electrónicos, o con otros ruidos molestos e innecesarios…”.

En este último texto se hace referencia al ruido como problema ambiental en los artículos 147 y 152, que expresan:

Hoy en día la fuente principal de ruido ambiental en los entornos urbanos está dado por el transporte terrestre, donde los choferes, de autos, motorinas, triciclos, bicitaxis en su gran mayoría jóvenes no logran conducir sin potentes equipos de sonido donde predomina el mal gusto por la música de reparto, muchas veces con letras que rayan lo grosero.

Y qué decir de las motos ruidosas, sin silenciador y que se han convertido en un terror ruidoso cuando aceleran para arrancarlas, sin importarles a cuántas personas despiertan o asustan con ello.

También está la gritería vecinal, la música trastornada y trastornadora hasta la madrugada, tanto en viviendas, en las aceras y puertas de las casas suyas y de otros, y en establecimientos gastronómicos privados, o seudo culturales, donde pululan a la vera de todos aquellos encargados de velar por el irrestricto cumplimiento de las normas legisladas.

Nadie puede negar cómo este enemigo omnipresente de la sociedad, continúa creciendo. Los mil sonidos escapados al ambiente conforman una sinfonía diabólica para los oídos, y muy particularmente a la paz mental.

Sería muy ingenuo calificar el fenómeno como falta de silencio; merece catalogarse de indisciplina social y sobre todo, falta de exigencia en la obediencia a las leyes establecidas con el fin de salvaguardar el medioambiente, la convivencia y la salud.

Si las autoridades políticas y científicas intervinieran en la problemática, con las pruebas irrebatibles de los daños físicos y mentales, podría ganarse mucho. La humanidad carece de cultura del silencio, quizás, porque las últimas generaciones nacieron, y desde la cuna, fueron arrullados con el ruido de su entorno. Por tanto, si no se toma conciencia del fenómeno y no existe voluntad de hacerle frente al asunto con medidas efectivas, el agente perturbador, indeseable, molesto y hasta mortal, nos doblegará.

Visitas: 0

Mercedes Caro Nodarse

Licenciada en Comunicación Social. Directora del periódico 5 de Septiembre. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba y de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *