Cuando un artista se va (+ Fotos)
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Recién, el longevo dibujante Pepe de la Paz (José Domingo de la Paz Texier) tomó el camino de la ancestral Jagua, el sitio inmaterial donde moran los hálitos de quienes dedicaron su obra a la grandeza de la futura ciudad de sévres. Fue una noticia que llegó calladamente, como gustaba manifestarse el artista, en tanto señal de una personalidad humilde y noble. Nos tomó de sorpresa, pese a que llevaba más de ocho décadas sobre sus espaldas y la vida nos acostumbra a la retórica de los tiempos, como si la partida fuese mera consecuencia del deterioro de la piel y cognición. El legado y persistencia está en el bregar y Pepe, desde que sobrevivía como un adolescente de catorce años en el negocio de los lumínicos de la familia no hizo otra cosa que perpetuar la identidad de una región colmada de enigmas y deseosa del progreso.
Desde que los Texier, célebres artesanos en los finales del siglo XIX, iluminaron con sus creaciones la región, la sensibilidad fue creciendo en la estirpe y para los años cincuenta la familia logra imponer su sello y credibilidad. Forjado en estos denuedos, una vez que en 1964 la empresa para a las manos del gobierno revolucionario y se convierte en la Unidad de Propaganda del Partido, el niño Pepe (claramente el más talentoso de su linaje) es reclutado por la Escuela Elemental de Arte Rolando Escardó, entonces instalada en el Palacio de Valle, bajo la égida de Mateo Torriente Bécquer. Justo, Mateo refuerza esa pasión por el dibujo, descubre en él cierta habilidad para consumar una línea dinámica, de presurosa hechura, dispuesta a recrear los sitios urbanísticos (calles, edificaciones civiles y religiosas, parques, puertos, etc.) y ciertos géneros de las artes visuales, como la marina y el cartel. Mateo incitó al adolescente a perfeccionar sus estudios luego del paso por la escuela; empero, el prospecto aspiraba a ganar un salario en la Unidad de Propaganda del Partido y desplegar (como hizo en la empresa de lumínicos) una tradición en el diseño.

Aunque participó en algunas muestras de la recién creada Galería de Cienfuegos (ubicada en San Fernando), Pepe comienza a ser reconocido por sus laboreos como diseñador de carteles y uno de los mejores cronistas de la revolución en términos gráficos. En esta disciplina sobresalen sus diseños de Ernesto Guevara en la esquina de Prado y San Fernando, el Benny Moré al final del malecón y el logotipo para el equipo de beisbol local consumado en 2003. Igual, destacan las vallas lumínicas que otrora concibiera para las entradas de Villa Clara, Ciego de Ávila, Las Tunas y Guantánamo. No obstante, es hacia 1985 que asienta su popularidad, cuando es premiado con el afiche de la Jornada de la Cultura Cienfueguera, durante las celebraciones por el 166 aniversario de la ciudad. En este texto recrea a un camaronero pescando, en cuyo entorno figuran la torre de la Iglesia de la Catedral, la sede del gobierno y los vitrales; asimismo, el castillo de Jagua. Un segundo premio legitima su obra al año siguiente, cuando logra convencer con su afiche para la Jornada de Cultura, en el cual destacan elementos de la arquitectura cubana, como el arco de medio punto y la mampara; un cartel de expresivo colorido, a tono con los festejos populares.

Paralelo a estos bregares, el artista insiste en la línea de producción que dedica a la ciudad y sus sitios patrimoniales, fruto de lo cual nace la muestra Rincones de mi ciudad (junio de 2000), presentada en la salita Mateo Torriente de la UNEAC (organización a la que pertenece), doce cartulinas de línea desenfadada y realismo estructural, en la que predomina una visión melancólica e intimista (Sila Quintana) y latente colorido de alta gama lumínica; así como su dominio de la técnica de la acuarela; tal como se constata en su última exposición en agosto de 2025, llamada precisamente Acuarelas de Cienfuegos.

En el decurso de su carrera pictórica, que también comparte con su hijo Yoel de la Paz López, Pepe demostró su gran compromiso con las artes visuales y asumió retos que parecieran quebrar sus límites, como su inserto en el video arte Juguito de mango (junio de 2003), de la expo colectiva homónima que aconteciera en la Sala Mateo Torriente de la UNEAC. Llegó a ganar numerosos premios en los salones de Propaganda Gráfica 26 de julio. Por su intensa labor creativa fue reconocido en 1983 como Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura y poco después recibe la Medalla Raúl Gómez García, por los 25 años de labor en el sector.
Pepe igualmente fue un hombre que tuvo lazos profundos con todos aquellos que consideraba sus amigos. Claramente, su partida no es solo lamentable por la detención de su obra, sino también por la pérdida de un artista de fieles principios y amistad a pruebas.

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