5 de Septiembre sigue siendo un grito de identidad

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Cada vez que el calendario marca el 5 de Septiembre en Cienfuegos, no solo recordamos una fecha; sentimos un latido profundo que nos atraviesa la memoria y nos sacude la conciencia. Han pasado casi siete décadas de aquella madrugada de 1957, pero el eco de los disparos en la Base Naval de Cayo Loco y el clamor popular en las calles de la Perla del Sur resuenan con la misma fuerza que entonces. No es nostalgia lo que nos convoca, es la certeza de que aquella gesta nos define como pueblo.

Lo ocurrido aquel día no fue un simple alzamiento militar. Fue una manifestación de soberanía popular. Un puñado de marinos y combatientes del Movimiento 26 de Julio, desobedeciendo órdenes de la tiranía, encendió la mecha de una rebelión que, en cuestión de horas, se convirtió en una fiesta de libertad. El dato estremecedor—y que a menudo se subestima—es que el pueblo no se quedó mirando desde las aceras. Los cienfuegueros salieron a pedir armas, a ocupar el Ayuntamiento, a tomar el Colegio San Lorenzo. Por unas horas, la ciudad entera fue un bastión de la rebeldía.

Pero la historia, como la vida misma, tiene sus tragedias. La falta de coordinación nacional y la desproporción de fuerzas convirtieron aquel sueño en un calvario. La represión no se hizo esperar y el saldo de sangre fue alto. La dictadura batistiana, herida en su orgullo, descargó toda su furia sobre los sublevados. Sin embargo, el régimen cometió un error garrafal: al intentar borrar la gesta con fuego y tortura, la inscribió con letras indelebles en el alma colectiva de Cienfuegos.

Hoy, al mirar atrás con la perspectiva que dan los años, me pregunto qué significa realmente esa efeméride para los periodistas que hacemos el 5 de Septiembre en su versión digital. La respuesta es clara: aquel coraje es el mismo que nos exige la profesión en estos tiempos de cambios profundos. Si ellos se levantaron contra una tiranía con armas escasas y determinación infinita, nosotros debemos levantarnos cada día contra la inmediatez sin contexto, contra la desinformación y contra el desaliento, con las herramientas digitales que tenemos al alcance de la mano.

El levantamiento del 57 no es para nosotros una reliquia del pasado. Es el origen de nuestro nombre y el sello de nuestra identidad. Cuando desde el sitio web o el PDF de los viernes contamos las historias de los cienfuegueros de hoy—sus luchas, sus logros, sus reclamos—estamos, sin saberlo, rindiendo tributo a aquellos jóvenes que creyeron que otro Cienfuegos era posible. Y tenían razón. No pudieron mantener el Cayo ni el Colegio San Lorenzo aquel día, como dijo Fidel, pero lo tomaron después, y lo tiene nuestro pueblo ahora, definitivamente y para siempre.

Porque, al final, el 5 de Septiembre ha dejado de ser una fecha en el calendario para convertirse en una actitud ante la vida: la de no rendirse, la de salir a la calle—o como hacemos ahora, a la pantalla—con la verdad como única arma. El heroísmo no está solo en las balas, sino en la coherencia de un pueblo que, como aquella madrugada de 1957, sigue negándose a claudicar. La trinchera cambió, pero el coraje es el mismo.

Que la memoria nos acompañe, y que el ejemplo de aquellos héroes nos impulse a seguir contando, desde el periodismo, la grandeza de esta ciudad que no se rinde. Porque 69 años, 70 o los que sean, el 5 de Septiembre seguirá siendo, para siempre, nuestro grito de identidad.

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Barbara M. Cortellan Conesa

Ingeniera Química por la Universidad de Camagüey. Diplomada en Periodismo. Máster en Ciencias de la Comunicación. Periodista-Editora del diario 5 de Septiembre. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba.

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