La edad no jubila al conocimiento: Nuevas puertas en China al talento con canas
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Por: Vladia Rubio
El interés de las iniciativas chinas reside en que cuestionan la tendencia mundial a asociar una edad avanzada con la pérdida de utilidad social
La protección de los trabajadores que superan la edad legal de jubilación, la reincorporación de profesionales experimentados y la creación de empleos adaptados a las personas mayores sitúan a China como pionera en el aprovechamiento del conocimiento acumulado, sin convertir la longevidad en una obligación a seguir trabajando.
La experiencia también necesita oportunidades. En sociedades donde aumenta el peso demográfico de las personas mayores, los años de trabajo, los conocimientos especializados y las habilidades adquiridas a lo largo de una vida pueden convertirse en recursos valiosos.

China está ensayando distintas respuestas a este desafío mediante iniciativas que combinan protección laboral, reincorporación profesional y desarrollo de actividades económicas vinculadas al envejecimiento.
Una de las novedades más importantes de este 2026 es la aprobación de una regulación específica para proteger los derechos de quienes continúan trabajando después de alcanzar la edad legal de jubilación. La medida entró en vigor el pasado 1ro de julio y establece obligaciones para los empleadores y garantías para los trabajadores de este grupo.
Trabajar después de la jubilación
La regulación china sobre los derechos básicos de los trabajadores que superan la edad legal de jubilación aborda aspectos esenciales de la relación laboral: remuneración, descanso, vacaciones, seguridad e higiene en el trabajo y protección frente a accidentes laborales.
No se trata de un detalle menor. La posibilidad de continuar trabajando pierde buena parte de su atractivo si la edad se convierte en un motivo para aceptar condiciones menos seguras o una protección insuficiente. Por eso, la iniciativa tiene una importancia que va más allá de facilitar la contratación de personas mayores, busca establecer garantías para quienes ya forman parte de ese segmento de la fuerza laboral.

La disposición también establece que los empleadores deben ofrecer puestos adecuados a los conocimientos, las habilidades y la experiencia de estos trabajadores. Asimismo, promueve que las agencias de servicios de recursos humanos faciliten el acceso al empleo de quienes desean continuar trabajando.
Shanghái busca aprovechar el talento sénior
Las medidas nacionales tienen un complemento en iniciativas locales. El pasado marzo, Shanghái anunció nuevas actuaciones para facilitar el empleo de las personas mayores interesadas en seguir activas profesionalmente.
La propuesta contempla oportunidades laborales adaptadas a sus condiciones de salud y capacidades, así como una mayor participación de los servicios de recursos humanos en la búsqueda de empleos apropiados. También promueve la contratación de profesionales jubilados, entre ellos docentes, médicos y científicos, para que puedan continuar compartiendo sus conocimientos.

Otro aspecto singular es la propuesta de incorporar a personas mayores como evaluadoras de proyectos relacionados con productos y servicios destinados a ese mismo sector de la población. Su experiencia cotidiana puede aportar perspectivas útiles para valorar la accesibilidad, la funcionalidad y las necesidades reales de los usuarios.
La iniciativa plantea una posibilidad interesante porque quienes conocen de primera mano los problemas asociados al envejecimiento pueden contribuir al diseño y la evaluación de soluciones dirigidas a sus contemporáneos. No obstante, que esa participación mejore efectivamente los productos o servicios deberá comprobarse con sus resultados.
Una economía que también envejece
El interés chino por la participación de las personas mayores se relaciona con una transformación demográfica de grandes dimensiones. En enero de 2026, el Gobierno informó de nuevas medidas para desarrollar la denominada economía plateada, que comprende bienes, servicios y actividades económicas vinculados a las necesidades de la población de edad avanzada.

El anuncio se presentó en un contexto en el que China contaba con más de 310 millones de habitantes de 60 años o más. Las medidas pretenden estimular la actividad empresarial, ampliar la oferta de servicios y favorecer nuevas oportunidades económicas relacionadas con el envejecimiento.
Conviene distinguir, sin embargo, dos cuestiones que suelen mezclarse. Desarrollar productos y servicios para las personas mayores no equivale necesariamente a contratarlas. La economía plateada puede generar empleos para trabajadores de distintas edades, mientras que las políticas de empleo sénior persiguen facilitar la participación laboral de quienes ya han alcanzado la edad de jubilación.
Una estrategia que mira más allá del puesto de trabajo
¿Cómo puede una sociedad aprovechar lo que sus mayores saben sin reducirlos a una reserva de mano de obra? La respuesta requiere reconocer diferentes formas de participación: el empleo, la transmisión de conocimientos, la formación de nuevas generaciones, el voluntariado y las actividades comunitarias.
También exige considerar que no todas las personas mayores desean continuar trabajando, ni todas pueden hacerlo. Las condiciones físicas, la trayectoria profesional, los ingresos, las responsabilidades familiares y las oportunidades disponibles influyen en sus decisiones. Una política verdaderamente inclusiva debe ampliar las opciones, no imponer un modelo único de envejecimiento activo.

El interés de estas iniciativas chinas reside en que cuestionan cierta tendencia mundial a asociar avanzada edad y pérdida de utilidad social. Un profesional jubilado puede conservar conocimientos difíciles de reemplazar; una trabajadora con décadas de experiencia puede identificar problemas que pasan inadvertidos para quienes se incorporan al oficio.
El conocimiento acumulado, sin embargo, no es patrimonio exclusivo de quienes han vivido más años, ni sustituye la formación continua que exige un mundo laboral cambiante.
La Organización Internacional del Trabajo ha defendido la necesidad de adaptar los mercados laborales a las transformaciones demográficas mediante políticas que favorezcan tanto a las generaciones jóvenes como a las mayores.
Enfrentar a jóvenes y mayores como si el acceso al trabajo fuera necesariamente una competencia entre generaciones constituye un desperdicio. La transmisión de conocimientos, la tutoría profesional y la colaboración entre personas con trayectorias diferentes pueden favorecer el aprendizaje mutuo. Pero esa cooperación no surge automáticamente por reunir distintas edades en un mismo centro laboral; requiere organización, oportunidades y condiciones adecuadas.

Un futuro común, pero no una vejez uniforme
La experiencia china adquiere relevancia internacional porque el envejecimiento de la población no es un fenómeno exclusivo de Asia o de los países de ingresos elevados. Naciones Unidas ha señalado que en las próximas décadas, la mayoría de las personas de la tercera edad del mundo vivirá en países en desarrollo. Esta transformación tendrá consecuencias diferentes según los sistemas sanitarios, la protección social, las estructuras familiares y las condiciones económicas de cada sociedad.
No existe, por tanto, una única manera de envejecer ni una política universal que pueda aplicarse sin adaptaciones. En países con pensiones suficientes, servicios de salud accesibles y oportunidades de formación, prolongar voluntariamente la vida laboral puede ofrecer ingresos adicionales, vínculos sociales y satisfacción profesional. En contextos donde las pensiones son insuficientes o la protección social resulta precaria, continuar trabajando puede ser una necesidad antes que una elección.

La diferencia es fundamental. Celebrar la experiencia de los mayores sin examinar las condiciones materiales en que viven podría terminar embelleciendo situaciones de vulnerabilidad. No es lo mismo un médico jubilado que decide asesorar a jóvenes profesionales que una persona que debe continuar en un empleo físicamente exigente porque no puede cubrir sus necesidades básicas con la pensión. Ambos pueden aportar conocimientos y capacidades, pero sus posibilidades de elección son distintas.
También existen diferencias dentro de cada generación. La edad cronológica no determina por sí sola la salud, la autonomía, la capacidad de aprendizaje ni los intereses personales. Hay personas que desean emprender nuevos proyectos después de jubilarse y otras que solo necesitan descansar. Algunas poseen conocimientos especializados altamente demandados; otras han desempeñado ocupaciones informales que les dejaron escasas oportunidades de capacitación o protección social.
Por eso, las políticas de empleo para mayores deben acompañarse de formación permanente, adaptación de los puestos de trabajo, protección frente a la discriminación y sistemas de pensiones capaces de garantizar una vida digna. También deben reconocer las desigualdades acumuladas durante la vida laboral, incluidas las que afectan a las mujeres que han dedicado años al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
El verdadero avance será poder elegir
Las iniciativas chinas merecen atención porque combinan medidas concretas de protección laboral con propuestas para facilitar la reincorporación profesional y reconocer la contribución social de las personas mayores. Su importancia no radica únicamente en el posible aprovechamiento económico de una población que envejece, sino también en la oportunidad de revisar los criterios con que las sociedades distribuyen el trabajo, reconocen la experiencia y definen la jubilación.

El horizonte deseable no consiste en mantener a todo el mundo trabajando durante más años. Consiste en que quien quiera y pueda seguir haciéndolo encuentre oportunidades dignas; quien prefiera jubilarse pueda hacerlo sin caer en la precariedad, y quien no pueda trabajar disponga de los cuidados y apoyos necesarios.
La experiencia es un patrimonio social, pero no una deuda que los mayores deban pagar trabajando indefinidamente. Reconocer su valor significa abrir espacios para que puedan compartirla, pero siempre desde la dignidad que debe entrañar la vejez.
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