Proyecto Las morenas de La Cueva: Hecho con amor
Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 15 segundos
Cuba está compuesta por sus provincias y municipios, pero el corazón de este país solo puede ser encontrado en los barrios. Desde los más pequeños a los más grandes, desde los más populares hasta aquellos que solo conocen sus habitantes. Cada uno tiene algo que contar, y a veces esa historia les brinda a muchos un lugar feliz.
En Santa Isabel de las Lajas existe un barrio llamado La Cueva, lugar donde en estos momentos varios niños tienen la oportunidad de encontrar una recreación sana de acuerdo a su edad y a sus gustos.
Creado por los mismos habitantes, el proyecto Las morenas de La Cueva lleva tres años, cumplidos en este agosto, realizando actividades para los más pequeños de la casa, desde juegos de participación a pasarelas de disfraces sobre personajes de cuentos infantiles.
Todo empezó con el cumpleaños de Theo, el perro pequinés de Tania Cabarroca Armenteros y su hija Amanda, dos de las creadoras y promotoras del proyecto. Por ese tiempo, los pequeños del barrio estaban realizando una fiesta de piyamas, la cual extendieron por varios días. La celebración del cumpleaños contó con todos los elementos normales que encontrarían en una fiesta normal (pastel, refrescos, chucherías) e invitaron a todos los niños que estaban en el barrio, junto a sus compañeros perrunos.
Al ver el disfrute de todos los presentes y después de darse cuenta de la falta de actividades recreativas para los niños, varias de las personas del barrio decidieron unirse para continuar brindando esta pequeña esquina de diversión.

Al mismo tiempo en el que realizan desfiles y juegos, crearon un pequeño grupo compuesto de varios niños del barrio para realizar números culturales que rescatan las tradiciones de la danza cubana, permitiéndole a todos los presentes tener una conexión con el pasado cultural de la isla.
Cada mes cuando realizan estas actividades, el barrio completo es transformado. Cada una de las personas de los alrededores ayudan a adornar las calles con globos, cadenetas, luces de colores y adornos hechos con latas recicladas. Lo convierten en un pequeño lugar de ensueño para quienes ahí asisten.
Todos los padres de La Cueva, apoyan con las pequeñas cosas que están entre sus posibilidades, desde viandas y sazones para la realización de la caldosa, y, cuando es permisible, con dinero para la compra de un pedacito de carne y de diferentes galletitas dulces y caramelos para darles a los niños.

Hay varias personas del exterior que solían vivir allí, que también deciden dar un poco de lo que tienen para comprar chucherías y los regalos para los ganadores de los juegos de participación, haciendo más amenas esas fiestas. María Esther Macías Sánchez explica que ella decidió continuar colaborando con las actividades de los niños debido a la difícil situación actual del país. “Quería dar su pequeño grano de arena para que los niños tuvieran un poco de felicidad”.
Tania Cabarroca expresó que el proyecto, con el paso del tiempo, ganó la asistencia de niños, acompañados de sus padres o adultos responsables, que provienen de otros barrios que de una manera exagerada podrían ser considerados al otro lado del pueblo lajero.
Las morenas de La Cueva continuarán con su trabajo con los más pequeños de la casa. En un tiempo donde para los niños es difícil encontrar actividades dedicadas a ellos y conocer a otros de su misma edad fuera de la escuela, estos momentos aumentan de importancia, para demostrarles que dentro de las mayores dificultades es posible encontrar un poco de felicidad.
Visitas: 3

