Memoria viva y un abrazo de pueblo a los héroes del 5 de septiembre

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Con la solemnidad cienfueguera de septiembre, la historia se hizo presente en el umbral de dos hogares comunes, pero habitados por hombres extraordinarios. En un gesto de gratitud y más allá del protocolo, la ciudad salió al encuentro de dos protagonistas del levantamiento popular armado del día 5 de este mes, en 1957. Fue una visita íntima, cargada de simbolismo y de calor humano.

Hasta las puertas de estos veteranos llegaron los principales dirigentes políticos del territorio: el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), Armando Carranza Valladares; el miembro del Buró Serguei Martin Guerra; la gobernadora provincial, Yolexis Rodríguez Armada; el primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) Edil Pérez Pérez, además de integrantes de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) y una representación de pioneros. La comitiva no llevaba ofrendas ni presentes costosos, sino el más valioso de los regalos: la presencia, el reconocimiento, la escucha atenta.

Durante la visita, el tiempo se detuvo. Las voces quebradas por los años se tornaron nítidas al evocar aquellas horas decisivas. En casa de José Francisco Saladrigas Velázquez las anécdotas fluyeron con naturalidad y revivieron aquello días difíciles para la patria.

Saltaron a la luz nombres, momentos, acciones. Los más jóvenes constataron cómo la epopeya no solo se perpetúa en los libros, sino también en la memoria de quienes la vivieron en carne propia y escribieron pasajes de audacia, dolor y esperanza. Para ellos, el mensaje del héroe fue sencillo y contundente: “estudiar mucho, que es lo que los puede llevar a ser mejores personas”.

También breve, pero cargado de emoción, resultó el encuentro ocurrido en la Avenida 54, entre 51 y 53. Hasta esa dirección llegaron dirigentes y pioneros, en  representación del pueblo, para ofrecer un abrazo y un saludo cálido al combatiente Pedro Mur Labrada.

José Francisco Saladrigas Velázquez, héroe del 5 de septiembre de 1957.

El veterano se mostró alegre y agradeció el gesto de quienes hasta allí llegaron sobre todo de los jóvenes, a los que instó a seguir el ejemplo de Fidel Castro y estudiar su vida y obra.

Los dirigentes, por su parte, no se limitaron al saludo protocolario. Le transmitieron un mensaje de aliento, un reconocimiento sincero a su ejemplo y la certeza de que no fue en vano el sacrificio de quienes se levantaron en armas aquel 5 de septiembre. Fue un diálogo de generaciones, un puente tendido entre el ayer épico y el presente que ellos hicieron posible.

Cada visita concluyó con un apretón de manos y una muestra de afecto más elocuente que cualquier discurso. Al despedirse, quedó en el aire la promesa de volver, de seguir escuchando, de mantener encendida la llama de ese levantamiento que es orgullo  de todos los cienfuegueros. En la puerta de cada hogar quedó pegada una inscripción: “Aquí vive un héroe”.

En esos minutos compartidos, los veteranos volvieron a sentirse parte del sueño que ayudaron a fundar. Su ejemplo, como un faro, ilumina el camino de las nuevas generaciones que hoy, al pasar frente a sus puertas lo sabrán: allí vive un pedazo de la dignidad de esta nación.

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Yudith Madrazo Sosa

Periodista y traductora, amante de las letras y soñadora empedernida.

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