Arletty: Historia de una vida arrancada a la muerte
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Esta es la historia que nos cuenta desde una cama de hospital en Cienfuegos, Arletty Pelegrin Montero, una muchacha de 27 años, nativa del antiguo —cuánto me duele no decirlo en tiempo presente— central azucarero Panchito Gómez Toro (San Isidro), perteneciente al término municipal Quemado de Güines al Norte de la provincia de Villa Clara. Tras nacer su hijo, de casi 5 años, comenzó a padecer de cólicos biliares, hasta que hace unos cinco meses decidieron practicarle una colecistectomía (extirpación de la vesícula biliar).
“Tras una infortunada secuencia de acontecimientos en el tratamiento quirúrgico, la paciente fue a dar a Matanzas para realizarle allí una prueba conocida como: CPRE (colangiopancreatografía retrógrada endoscópica). Se trata de un procedimiento para examinar los conductos biliares y pancreáticos, y se realiza a través de un endoscopio”, cuenta el Dr. Ernesto Pérez Quintana, especialista de I Grado en Coloproctología, y Residente de Tercer año en Cirugía General.
Resulta que el Dr. Ernesto desarrolla su tesis, de segunda especialidad, precisamente, en el tema, y mientras acompañaba a un paciente a la vecina provincia (en el Centro no se cuenta con esta valiosa tecnología médica) para una CPRE, se topó con el caso de Arlettys, quien ya tenía una coloración mostaza, lo que se conoce en la Medicina como ictericia verdinica. De inmediato interactuó con el Dr. C Pedro Del Valle, reconocido gastroenterólogo matancero, y decide trasladar a la paciente hasta Cienfuegos para tratamiento quirúrgico.

“Recuerdo que llamé de inmediato a mi profesor, el Dr. Daniel Olivera Fajardo, incluso lo molesté en medio de su rutina casi diaria de quirófano, le describí el caso brevemente, y el profe sin titubear me dijo, ‘qué venga para Cienfuegos’. Hablé con la familia, ellos estaban consternados ante el posible diagnóstico de un tumor, y no dudaron en activar sus recursos limitados y la ayuda de amigos para llegar al HGAL”, abunda Ernesto, un médico que sabe bien de infortunios, porque tras 13 años de graduado, en uno y medio obtendrá el anhelado grado de especialista en Cirugía General, logrará realizarse en su verdadera vocación en la Medicina.
SE ACTIVAN LAS ALERTAS
Con el Dr. Daniel Olivera Fajardo, cirujano general, profesor, y a cargo de los Servicios Médicos Internacionales del Hospital Gustavo Aldereguía Lima, de Cienfuegos, tenemos establecido un vínculo para divulgar y comunicar la Ciencia, cuando una vida resulta salvada. Tras conocer sobre el caso de Arlettys, técnico en Rehabilitación Física en San Isidro, y ya recuperada, nos adentramos en su historia personal. Así, activamos la alerta periodística.

“Son una familia humilde, de procedencia campesina, paciente joven, madre de un niño pequeño. La recibimos acá y de inmediato valoramos la patología. Fue intervenida por un equipo multidisciplinario, y ya se encuentra en fase de recuperación, lista para regresar a casa; en un tiempo breve puede incorporarse a su rutina de vida. El posible tumor resultó ser un granuloma, retirado durante la cirugía.
“Tras la intervención quirúrgica se mantuvo en Terapia Intensiva, para observación y cuidados, y luego ingresó en Sala para tratamiento y recuperación. Todo marchó bien, resultó una cicatriz mayor, lógico al ser reintervenida con anterioridad antes de recibirla en Cienfuegos. La indicación es mantener una dieta baja en grasas, pero podrá hacer una vida normal”.

TEAM QUIRÚRGICO
El Dr. Opiew Alay, etíope residente en EE.UU., lleva 8 años en Cienfuegos. Durante seis períodos docentes estudió Medicina acá, y hace dos se prepara como especialista en Cirugía General, bajo la tutela del Profesor Olivera Fajardo. Fue él quien ingresó a Arletty Pelegrin Montero, porque a su llegada hacía la guardia en Urgencias.
“Por el color y los síntomas, con su historia clínica y el resultado de la CEPRE, supe que no podía perderme esa cirugía, que, en términos académicos, y de adquirir habilidades quirúrgicas, sería como asistir a una clase magistral con mi tutor. Recuerdo que la madre estaba nerviosa y lucía desesperada. Rápido apareció una cama en una Sala. Nunca olvidaré a esta paciente, porque ya hoy el cambio en su salud es notable. En Cienfuegos, y en este Hospital, he tenido muchas oportunidades en mi formación, en el intercambio con los profesores y residentes”, comenta Opiew, con una sonrisa enorme y una humildad, que aunque debiera ser norma, asombra en tiempos de durezas.

Yudis Acea Paredes, cirujana general es también miembro del team que intervino a la protagonista de esta historia humana, el día en que nos encontramos allí en la Unidad Quirúrgica de HGAL, desandaba por aquellos predios con los residentes que comenzarán en breve la especialidad. Ella también es docente y labra el camino de muchos. Siempre sonriente, pero muy ocupada, se mostró para la cámara, porque la relatoría de los que salvan vidas aun con recursos limitados, debe escribirse y graficarse.
Y la lista sería interminable, de enfermeros, anestesiólogos, médicos de varias especialidades y todo el personal que hace posible que sus semejantes regresen a la vida tras casi cruzar el umbral de la muerte, ellos permanecen en sus puestos en horas difíciles, con sueño, agotados por las carencias, pero para quienes el compromiso con sus semejantes permanece intacto.

SISTEMA DE APOYO FAMILIAR
Saillys, la Madre; Amaury, el padre; Dainier, el esposo, permanecieron de manera indistinta junto a la paciente, Arletty, viajaban hasta el distante pueblo de San Isidro, allá en Quemado de Güines, fueron de Norte a Sur en el Centro de la Isla Grande, para no dejar de atender las cosechas, cuidar del resto de la familia, del pequeño que anhelaba abrazar a su madre, y sostener a su familiar en el trance de la recuperación durante casi 50 días.
Yanely Martín Fernández, la jefa de Enfermería de la Sala de Cardiología, donde le facilitaron una cama para Arletty, resultó de una ayuda invaluable, junto al Dr. Yordano Comas Ravelo, jefe de los Servicios donde recibieron en una camilla a la paciente, y la despidieron caminando hasta la salida, curada, y con la humanidad por delante de quienes le acompañaron por casi dos meses en Cienfuegos.

Y atrás quedan todos los que de alguna manera salvaron a Arletty, incluso los amigos de los amigos, los que ayudaron con el traslado, los vecinos que allá en San Isidro le recibieron con aplausos, música y globos, a ambos lados de un camino polvoriento adonde la llevó una ambulancia; queda Ernesto con su sueño casi concretado de ser cirujano general, y queda Daniel Olivera, y su persistencia sin egos de salvar y salvar, más allá de títulos y vítores.
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Una bendición aparecer buenos profesionales que logren realizar una intervención quirúrgica de gran magnitud y con excelentes resultados. Felicidades a ese equipo de salud completo y todo el que aportó a esa familia, bendiciones para Arletis que logró recuperarse. Gracias a ese equipo. Éxitos.