El hospital de Cienfuegos: un sueño de muchos, libro recuento de los 45 años del centro asistencial

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El 23 de marzo de 1979 se inauguró el hospital provincial de Cienfuegos. Cuarenta y cinco años han pasado y esta fecha se sigue celebrando, cada año, sin parar. Fue un acontecimiento tener una institución como esa, la primera de diez que se construyeron en la Isla.

Ese día, a las cinco de la tarde, Fidel Castro le habló al pueblo de Cienfuegos, de Cuba. Fue un largo discurso. Inolvidable para quienes estaban allí. El futuro que se vislumbraba para la Salud Pública cubana no podía ser mejor. Era casi obligatorio soñar.

Cuatro décadas después se celebra la fecha con un evento de varios días llamado la Convención, donde se invitan personalidades, se presentan investigaciones, se imparten conferencias, se disfruta del talento local —cantantes, bailarines o tal vez un grupo musical—, y se come un poco mejor.

En ese contexto tendrá lugar la presentación del libro El hospital de Cienfuegos: un sueño de muchos, texto que pretende hacer un recorrido desde el mismo día de la puesta en marcha de la institución hasta lo que es hoy. Recorrido plagado de luces y sombras, de miradas tiernas e implacables, de hechos irrefutables. Sin embargo, es también un documento cargado de lirismo, donde en una extensa galería de fotos se muestran los rostros de aquellos que una vez nos acompañaron y que ahora están muertos o se han ido para otro lugar. Médicos, enfermeras, técnicos, trabajadores de servicio, desfilan como si se tratara de una procesión. Es un libro reflexivo, amoroso, nostálgico.

Uno de los testimonios más notables pertenece el doctor Pedro Hernández Sánchez, quien estuvo presente en el acto de aquel ya lejano día. Lo recuerda como una vorágine, como algo que terminó agotándolo, pero que siempre tiene a bien recordar.

“La voz de que Fidel acababa de llegar se corrió enseguida. Supimos que estaba en el lobby del Hospital. Junto con él venía una guagua llena de extranjeros. Eran expertos en salud, pertenecientes a países no alineados, y Fidel había tenido la deferencia de invitarlos a la inauguración. El acto debía empezar a las cinco. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde. Así que teníamos una hora para conversar, para recorrer el Hospital. Fidel nos hizo una pequeña seña cuando nos vio.

Recuerdo que José Antonio Gutiérrez Muñiz, ministro de Salud Pública en ese momento, estaba allí. Nos saludó con mucho entusiasmo. La llegada súbita y el aire de informalidad habían caracterizado las visitas anteriores de Fidel. Y esta no fue diferente. Aunque ahora pienso que fue la más informal de todas.

Fidel se dirigió al ministro de Salud.

—Tú te vas con los invitados —le dijo, mientras le ponía una mano en el hombro—. Yo me voy con el director del Hospital.

Entonces Fidel salió a caminar, iba al frente, dirigiendo la visita. Era fácil darse cuenta de que conocía bien el Hospital. Fuimos a varias salas. Nos hizo preguntas, como siempre, y elogió en repetidas ocasiones la terminación del inmueble.

En una sala del quinto piso lo esperaba un grupo de innovadores. Los que trabajaron en la cama Fowler, en la tarea de poder repararlas cuando se rompieran, pues no había piezas de repuesto para ellas. Los innovadores habían hecho una cama y la colocaron junto a otras cinco. Se hizo silencio. Fidel apenas podía contener la risa, las miraba con detenimiento, hasta que descubrió la cubana. Se dio cuenta por una de las patas.

Esta era una preocupación que tenía desde la visita pasada, cuando vino con Agostinho Neto. La posibilidad de que se rompiera el hidráulico y no hubiera manera de arreglarlas. El trabajo de los innovadores fue la respuesta. Fidel parecía un niño. Los felicitó a todos.

Luego, cuando regresábamos al primer piso, poco antes de entrar al elevador, le preguntó al doctor José Ignacio Goicoechea si era de Cienfuegos. Él le dijo que no, que era de Caibarién. Luego se volvió hacia mí.

—¿Y usted, delegado? —me preguntó—. ¿De dónde es?

—Yo soy de Sagua la Grande —le respondí.

Entonces Fidel se volvió para Humberto Miguel, quien había seguido expectante la conversación.

—Humberto —le dijo—. Ten cuidado, que el Norte te está invadiendo.

Nos reímos, como es lógico. Sin embargo, no pudimos sentirnos relajados. Era Fidel, era la escolta, era aquella cantidad de gente por todas partes. Así estuvimos, dando vueltas, hasta que a las cinco, finalmente, comenzó el acto”.

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Un Comentario en “El hospital de Cienfuegos: un sueño de muchos, libro recuento de los 45 años del centro asistencial

  • el 28 febrero, 2024 a las 7:22 pm
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    Una reseña anécdotica muy “potable”, y es que su autor, reconocido escritor, hijo de un notable Pediatra, también trabajó en el centro de documentación y biblioteca científica de HGAL. Particularmente recuerdo ese día de la inauguración, tenía 13 años y fui con mi padre, estaba en octavo grado, fue, más que todo, un acontecimiento de cienfuegueridad. Sobre el Dr. Pedro, qué decir? Comprometido con la salud y la vida de la gente hasta lo más profundo, y todavía lúcido; mi familia se honra con su amistad, y yo con atesorar una de las entrevistas periodísticas más placenteras de mi haber. Gracias Alexis, y gracias a mi CINCO web, por compartir

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