Vindicación de Sánchez Galarraga

*Por José Ramón Calatayud

Injusticias y sospechosos olvidos existen en la cultura cubana. Da la impresión, a veces, de una intención, una conjura, para sepultar en la desmemoria a ciertos artistas o escritores que, habiendo tenido éxito, e incluso, grandes éxitos, han sido absoluta e irremediablemente olvidados.

Cubiertos por la niebla de ciertos argumentos estéticos pretendidamente vanguardistas, aun cuando se sabe que las verdaderas vanguardias no desechan ni borran ni suprimen, y que por lo general, cuando se ataca desmedidamente a un autor hasta el punto de pretender desaparecerlo como si nunca hubiera existido, el interés es otro y esconde malas intenciones.

Pero sucede, suele suceder, que lo auténtico y verdadero emerge de las profundidades de la oscuridad como el agua desde el fondo de la tierra, sale a flote, se niega a desaparecer y muchas veces, como el agua, el verdadero arte se hace visible, y como el agua, forma lagunas a la luz del día, donde puede llegar quien lo desee a saciar su sed o simplemente mirarla desde lejos.

Hablo, ya se sabe, de Gustavo Sánchez Galarraga, enigmática figura de la cultura cubana, alrededor de la cual se levantaron barricadas. Lamentablemente no es el único; algunos, más de los aconsejables, se fueron por el hueco negro y desgraciadamente no todos podrán ser rescatados, pero bien vale la pena intentarlo si queremos presentar a las actuales y futuras generaciones un mapa comprensible del devenir histórico y cultural cubano, pues la cultura, como la historia, es una relación de sucesos, una cadena, y cada eslabón es imprescindible. Es cierto que no todos los eslabones son del mismo material, pero todos unen y sin esos eslabones la cadena se rompe, se pierden grandes segmentos y sucede un crimen cultural de lesa humanidad. En cultura nada es despreciable, cada paso cuenta, porque la cultura, el arte, también son la patria.

A muchos el nombre de Sánchez Galarraga le será desconocido, y si decimos que fue poeta, dramaturgo, periodista, activísimo promotor social y que publicó en los escasos 42 años que vivió decenas de libros de poesía y obras de teatro que fueron representadas con mucho éxito en Cuba y otros países, que recibió numerosos e importantes reconocimientos, quizás llame la atención de algunos, más esos son, tal vez, elementos fríos que poco dicen. Será necesario decir que la obra de Sánchez Galarraga no está escondida en bibliotecas ni en archivos insondables a donde solo acuden investigadores trasnochados. Es posible que una parte de su obra haya sido superada; que el estilo de sus comedias ya no esté de moda; que el modo neo romántico con tintes modernistas de su poesía no sea el preferido de hoy; pero de muchas maneras la producción de Sánchez Galarraga tiene absoluta actualidad, algo que no han logrado otros autores, cuyos nombres son sobradamente conocidos.

Vindicación de Sánchez Galarraga

El arte, el verdadero, no tiene edad, por lo tanto no se pone viejo, pero eso sí, el privilegio de no envejecer lo tiene solo el arte auténtico, el de valores permanentes. Muchas canciones que resultan popularísimas, por ser favorecidas por los medios, son olvidadas en poco tiempo, sin embargo, todos recordamos canciones como Pensamiento, de Teofilito Gómez o Veinte Años, de Maria Teresa Vera, entre otras muchas que tarareamos y viven en nuestra memoria sin saber cómo las aprendimos, lo que significa que lo auténticamente valioso es inmortal.

La obra de Sánchez Galarraga, que fue popular, leída y recitada por muchos años, no se encuentra enclaustrada en los libros, muchos de sus textos se convirtieron en canciones populares con música de Graciano Gómez y son cantadas de diferentes maneras por intérpretes de todas las épocas, como En falso, conocida como A mi pecho oscuro y Yo sé de una mujer, verdadero clásico incorporado al repertorio de muchos, como el español Joan Manuel Serrat, que excepcionalmente asume textos de esta naturaleza.

El conocido intelectual José María Chacón y Calvo, de rancio abolengo literario, dijo: “Durante veinte años fue el poeta obligado en los actos del más variado linaje, desde la solemnidad académica donde se premiara su poema patriótico Lámpara Votiva, hasta en las fiestas de un distante casino o liceo de un pueblecito recóndito”.

Roberto Méndez, profesor, poeta y académico opina que no hubo intención de eclipsarlo, cayó bajo el peso de la vanguardia que barrió también a otras figuras prominentes de entonces.

Pero Sánchez Galarraga no era solo poeta o dramaturgo, a esas vocaciones se unió la de escritor de libretos para notables zarzuelas como El cafetal, Rosa la China o María la O, verdaderos íconos de la cultura cubana, con música de Ernesto Lecuona, colaboración que rindió frutos excepcionales y llevó nuestra música a niveles de profundísima cubanía.

Nunca estuvo encerrado en una torre de marfil ni de ningún otro material. Su cubanía trasciende en su obra de carácter patriótico como Bronce heroico, que le valió importantes reconocimientos y condecoraciones.

Sánchez Galarraga fue maltratado desconsideradamente por mi admirada Renée Méndez Capote en uno de sus libros de crónicas que tanto disfruté en mi adolescencia, y a pesar del tiempo transcurrido no he olvidado el agravio. La aparición de algunos breves artículos en la prensa han despertado mi interés. El descubrimiento de un diminuto libro, gracias a la gentileza de mi amigo Orlando Víctor Pérez Cabrera, publicado por la ONBAP en 1958, titulado Selección poética, alimentó mi sed de justicia. Transcribo la breve nota sin firmar que acompaña al volumen:

Gustavo Sánchez Galarraga (1893-1934) personifica en la Poesía Cubana la doble paradoja de un poeta de salón que no se sometió a las modas literarias y de un aristócrata de nacimiento que trató de expresar la emoción popular. Hizo poesía ocasional, es cierto; pero de la misma forma que cantó sucesos felices o aflictivos de la crónica social, no fue ajeno tampoco a las conmemoraciones y contingencias patrióticas, ni a la incertidumbre cotidiana de las vidas humildes. Fue un poeta exuberante sin duda; pero si algo puede perjudicar la reputación de un poeta, no es exactamente lo que puede sobrar de su obra, sino lo que falta en ella. Si la abundancia expresiva puede arrastrar a cierta irregularidad, la parquedad no implica necesariamente perfección alguna; y siempre, en el primer caso, queda el recurso de la síntesis, en tanto que el segundo no admite el proceso contrario de la paráfrasis.

A Gustavo Sánchez Galarraga lo llamaron un retardado, estéticamente, pero el concepto de lo temporal aplicado al arte es siempre transitorio, y hoy poco importa si GSG fue un post-romántico en pleno modernismo, pues los modernistas y aun los vanguardistas de entonces son más anacrónicos actualmente, y tanto unos como otros deben ser enjuiciados por la obra realizada, siendo absolutamente secundario si la realizaron antes, en o después de su época. Todos pertenecen al pasado literario, de cualquier modo, y no siempre el que hace primero una cosa es el que la hace mejor. Y, considerada así la cuestión, hay más supervivencia legítima en los versos de GSG calificados de “viejos” por sus contemporáneos, que en otros muy “nuevos” entonces, y ahora más envejecidos que los de él, porque quizás se subordinaron perjudicialmente al capricho de una moda efímera. Bien poco importa para la posteridad poética quién fue más innovador o más regresivo, en una época determinada, cuando ya la perspectiva de apreciación pierde todos los prejuicios del hoy para proyectarse hacia el ayer. Y es así como algunos poemas de GSG son hoy más actuales, en su identidad con la emoción humana permanente, que los de otros, que exhiben el deterioro irreparable de coincidir con una consigna intelectual caduca o superada. Y no parece una conclusión exageradamente parcial ni ilógica, la de que el instinto poético de Gustavo Sánchez Galarraga fue más certero que el de la mayor parte de los poetas que fueron contemporáneos suyos, puesto que sobrevive indudablemente en estos poemas, que hoy ofrecemos en una apretada selección, como homenaje a un noble poeta cubano, que tal vez no fue un poeta de su tiempo, porque prefirió la intemporalidad en su poesía.

La vida está hecha de vasos comunicantes y muchos años después supe, por un singular libro del poeta Domingo Alfonso titulado Poetas, Poemas, Poesía & Poesía rimada que el autor de esa nota es nada menos que el eximio José Ángel Buesa, mucho más eximio ahora que asume la defensa de Gustavo Sánchez Galarraga, con toda actualidad, con argumentos de 62 años atrás, lo que demuestra que el arte y la justicia no obedecen a las leyes del tiempo.

*Escritor

5 de Septiembre

5 de Septiembre

El periódico de Cienfuegos. Fundado en 1980 y en la red desde Junio de 1998.

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