Vigencia del ideario martiano

El 19 de mayo es una fecha inolvidable para el pueblo cubano. Ese día, en 1895, cayó en combate el más grande pensador de este país, José Julián Martí Pérez. Fundador del Partido Revolucionario Cubano, artífice de la guerra contra el colonialismo español y propulsor de la unidad que hoy hace invencible a la Revolución cubana. Con solo 42 años de edad ya contaba con un arsenal literario como compendio de todas las aspiraciones de los cubanos dignos de ayer y de hoy. Pero no solo su poesía y prosa son merecedoras de admiración, el ejemplo de amor a la Patria, de modestia, sacrificio y valor que representa su vida, es acicate para la lucha.

Digna de admiración resultó la actitud mostrada cuando, siendo muy joven aún, ridiculizó al regimiento de voluntarios al servicio del gobierno español. Sin haber cumplido 20 años, ya mostraba sus convicciones de patriota y sabía aprovechar los momentos para la denuncia oportuna de los desmanes sufridos a causa del colonialismo. De esa época es la conocida obra teatral Abdala y el alegato publicado en Madrid, El presidio político en Cuba, en el cual denunciaba la terrible situación colonial de la Isla.

Martí no solo fue un héroe consagrado a la libertad de Cuba; su visión de patria abarcaba a toda la humanidad; en especial supo prestar servicios en diferentes naciones de América Latina como Uruguay, Guatemala y Venezuela, y tuvo la osadía de predecir las intenciones de los Estados Unidos “de caer con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”, a impedirlas consagró su vida.

Especial importancia revisten los escritos dedicados a los niños, a quienes llamó “la esperanza del mundo”. En la revista La Edad de Oro pueden leerse mensajes con tanta vigencia hoy como en el momento de su publicación. El legado de Martí sirve de guía a 124 años de su desaparición física.

Dijo Martí en su discurso por el décimo noveno aniversario del alzamiento del 10 de Octubre en Nueva York: “…prever es el deber de los verdaderos estadistas: dejar de prever es un delito público: y un delito mayor no obrar, por incapacidad o por miedo, en acuerdo con lo que se prevé”. (O.C.  t 4. P 221). Recalcó en 1893 En prever está todo el arte de salvar. (O.C.  t 2. P 397). No admite discusión la certeza que mostramos los cubanos de hoy: en la obra y el ejemplo de nuestro Apóstol están todas las respuestas para la construcción de la nueva sociedad.

*En coautoría con Luis Alberto Gradaille

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