Verdecia, escolta de Fidel

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Marcelo Verdecia Perdomo, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) en Cienfuegos
Marcelo Verdecia Perdomo, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) en Cienfuegos Foto: Juan Carlos Dorado

‚ÄúSiempre estuve a su lado; de √©l aprend√≠ mucho. A veces nos mov√≠amos solos de una columna a otra y, en el transcurso del camino, preguntaba: ‚Äė¬Ņqu√© t√ļ crees si hacemos una emboscada, si los cogemos por aqu√≠?‚Äô. Mi preparaci√≥n militar era escasa y sol√≠a darle la raz√≥n. Le respond√≠a: ‚Äėcreo que s√≠, Fidel‚Äô. Nunca le llam√© Comandante‚ÄĚ.

As√≠ lo evoca el general de brigada Marcelo Verdecia Perdomo, presidente de la Asociaci√≥n de Combatientes de la Revoluci√≥n Cubana (ACRC) en Cienfuegos. Retorna entonces a sus 17 a√Īos, cuando abandon√≥ los cafetales donde trabajaba para contribuir al sustento de la familia y se incorpor√≥ al Ej√©rcito Rebelde, all√° en la Sierra Maestra.

‚ÄúLlegu√© a la Comandancia en 1957 y permanec√≠ all√≠ hasta finales de 1960. Particip√© en los principales combates, baj√© en la Caravana de la Libertad, pele√© en la Lucha Contra Bandidos en el Escambray, y luego en Playa Gir√≥n. Acompa√Ī√© a Fidel durante todo ese tiempo, fui su escolta‚ÄĚ.

Y tan joven, ¬Ņc√≥mo lleg√≥ a convertirse en guardaespaldas del Comandante?

“Te voy a decir por qué. Cuando me incorporé no pensaba en derrotar a Batista, ni sabía quién era. Tampoco conocía si el gobierno era malo o bueno; apenas escuchaba la radio. De hecho, la primera vez que intercambié con Fidel, no quiso aceptarme.

‚ÄúDespu√©s, en un segundo encuentro, √©l estaba en la casa de una t√≠a m√≠a; buscaba un lugar donde establecer la Comandancia. Aprovech√© la oportunidad y habl√© con Celia (S√°nchez Manduley), y ella me sugiri√≥ volverlo a intentar. Lo hice y al parecer le ca√≠ bien. Me dijo: ‚Äė¬Ņtienes arma?‚Äô; yo solo dispon√≠a de un ‚Äėrevolvito‚Äô. Entonces le orden√≥ a Celia: ‚ÄėSi tienes algo, d√°selo y que venga con nosotros‚Äô.

‚ÄúComenc√© haciendo guardia y, posteriormente, cumpl√≠ otras tareas. Quise bajar con la columna del Che o la de Camilo, pero Fidel se rehus√≥. Me ten√≠a esa confianza, cari√Īo. Nuestra forma de hablar resultaba amistosa, sobre todo porque yo era un muchacho, un guajiro‚Ķ‚ÄĚ.

¬ŅLo retaba a veces?

‚ÄúS√≠, te contar√© una an√©cdota para que veas. Durante la ofensiva contra el ej√©rcito de Batista, algunos de nuestros compa√Īeros se encontraban en el Hospital General, en medio de la monta√Īa. El Comandante lo visitaba casi todas las noches y en la mayor√≠a de las ocasiones iba con √©l. Un d√≠a me qued√© en la casita donde viv√≠amos, porque de Santiago de Cuba hab√≠an mandado dinero, ropa‚Ķ

‚ÄúFidel guardaba botellas de bebidas que le regalaban. Al regreso, tan observador como siempre, inquiri√≥: ‚Äė¬Ņpor qu√© no fuiste conmigo al Hospital?‚Äô. ‚ÄėMe puse a contar un dinero‚Äô, contest√©. No le prest√≥ mucho caso a la excusa y fue a√ļn m√°s directo: ‚Äė¬Ņde cu√°l botella tomaste?‚Äô. ‚ÄėDe ninguna‚Äô, respond√≠. Hizo una pausa, y luego dijo: ‚ÄėSabes, nosotros te tenemos muy malcriado‚Äô‚ÄĚ.

Pero, usted llevó su fusil…

‚ÄúMira, a inicios de 1958, en Jibacoa, Fidel iba a entrevistarse con Carlos Rafael Rodr√≠guez y otros compa√Īeros. A Ren√©, el hombre a cargo del fusil, le designaron otra misi√≥n. Y el d√≠a en que salimos rumbo a la Comandancia de La Plata, tom√© la mochila del jefe, la m√≠a, y el fusil de mira telesc√≥pica.

‚ÄúLo cuid√© hasta el Triunfo de la Revoluci√≥n: lo descargaba, limpiaba. Incluso despu√©s, en el trayecto de Ciudad Libertad al Habana Hilton, deb√≠a montarme en el carro con la mirilla. El Comandante deseaba andar con ella. Fue as√≠ hasta que el fusil se extravi√≥ en La Habana y apareci√≥, con el tiempo, en una Estaci√≥n de Polic√≠a‚ÄĚ.

¬ŅQu√© no olvidar√° de Fidel?

‚ÄúChico, hay tantas cosas. Ahora recuerdo que ech√°bamos competencias de tiro con una pistola. Aunque con Fidel nunca se ganaba, uno perd√≠a. Le gustaba poner un cigarro a 10 o15 metros para dispararle. Si t√ļ le dabas y √©l no, suspend√≠a el tiro, pasaba algo, inventaba el motivo. Necesitaba ganar. Eso lo distingu√≠a. Hallaba el modo de convencer y vencer‚ÄĚ.

 

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