Vatel: el poder y el mayordomo

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Al parecer, el realizador brit√°nico Roland Joff√© piensa semejante a su coterr√°neo Stephen Frears en torno a que, a la larga, “lo √ļnico que importa en una pel√≠cula es la historia”, pues resulta proverbial el uso de excelentes guionistas en su cine.

Para Vatel (2000) el director de La misi√≥n, aquella notable Palma de Oro en Cannes ’87, parti√≥ de las premisas argumentales del reputad√≠simo dramaturgo Tom Stoppard, el guionista de El factor humano, de Otto Preminger; Brazil, de Terry Gilliam; El imperio del sol, de Steven Spielberg; o la tambi√©n por si mismo dirigida Rosencrantz y Guildenstern han muerto, Le√≥n de Oro en Venecia¬ī90. Stoppard definir√≠a el concepto de un drama hist√≥rico fragmentariamente biogr√°fico, fascinante ya sobre el papel -luego trabajado por tiempo por Jeanne Labrune-, que Joff√©, con sabia batuta y un equipo t√©cnico de otra dimensi√≥n (la m√ļsica de Ennio Morricone; la direcci√≥n de arte de Jean Rabasse, la fotograf√≠a a cargo de Robert Fraisse y el protag√≥nico absoluto de Gerard Depardieu) inundara de energ√≠a, pasi√≥n, sagacidad en una estirpe de celuloide de cuya plata emerge sensaci√≥n de solidez, y en cuya luz se vuelca una irreprochablemente pulcra realizaci√≥n.

Francois Vatel -el mayordomo y cocinero principal del palacio del casi venido a menos pr√≠ncipe de Cond√©-, quien en tres d√≠as de 1671 tiene sobre sus espaldas la responsabilidad de restaurarle las arcas y recolocar en el candelero de los imprescindibles del r√©gimen a su se√Īor, procurando que durante la visita de Luis XIV a la mansi√≥n todo resplandezca, es un personaje fabricado a mano por G√©rard Depardieu. Ello, con el fino arte de la filigrana con que modela un ser esculpido desde una contenci√≥n supina que no impide un extraordinario desborde interior de tonalidades emotivas. Un personaje recto, de rumbo vertical y pensamiento claro, mas a la vez cundido del dolor que acompa√Īa al conocimiento. Una persona empe√Īada en regalar felicidad desde una extra√Īa tristeza interna no exenta de esa seguridad de esp√≠ritu y conciencia que lo sobrepone a las mezquindades y ligerezas cortesanas. Un hombre que sirve al poder aunque lo desprecia, que demostrando su grandeza creadora supone encontrar la √ļnica manera de ser m√°s que un pe√≥n regenteado por caprichos de fichas mayores. Pero el poder es veleidoso, usa el talento a gana y conveniencia; por tanto Vatel sucumbir√° ante la imposibilidad de ser m√°s √©l en medio de la fatuidad se√Īorial.

Siempre ha existido compromiso en la obra de Joff√© –Campos de muerte, La ciudad de la alegr√≠a. Lo atestigua tambi√©n su Vatel pel√≠cula, no cine de √©poca, sino de todas las √©poca, en tanto su Vatel personaje resume la tragedia hist√≥rica, eterna de tantos talentos sobados por la fuerza, mutilados por la incomprensi√≥n.

Hay ahora otro pronunciamiento, qui√©rase simb√≥lico o no, valiente de un cineasta a tales proclive. Joff√© parece comparar a la humanidad, en su trayectoria secular, con una pir√°mide donde la punta superior parasita esas franjas interiores de creaci√≥n -los Vatel de ayer, hoy y ma√Īana empotrados a la fuerza en esa figura geom√©trica que los humanos forman como maldici√≥n.

Joff√© hermana la idea a la imagen de madera magistral, y ya por esto solo la pel√≠cula requerir√≠a mil loores. Por lo que es lastimoso que en una obra mayor existan elementos de composici√≥n del guion -que no por ello deja de figurar entre sus mejores apartados- que a todas luces tambaleen y restan aire a la estatura del filme. No me resultan en ning√ļn modo cre√≠ble ciertas aristas de la personalidad de la arist√≥crata encarnada por Uma Thurman, ni su atracci√≥n f√≠sica por el mayordomo ni la c√°ndida huida palaciega de esta ¬Ņarribista de buen coraz√≥n?, como tampoco el inopinado cambio de actitud del hermano homosexual del rey tras el rechazo po√©tico-diplom√°tico de Vatel para cohabitar su noble cama, con todo y lo que este ingenuo, peliculero tour de force desentonado en un estudio adulto de caracteres convenga a los intereses puntuales del gui√≥n.

Las anteriores laxitudes no son óbice, empero, para mellar una película digna, donde se condensa magistralmente las pasiones humanas, la psicología de una época -que a su vez refractan las de la especie, sin contextos temporales ya-, con trazos agudos y certeros. Interesante capítulo de la irregular, pero en suma trascendente, filmografía de Roland Joffé.

2 Comentarios

  1. Caro Diego: gran alegría me produce tu retorno. Depardieu, por cierto, está ahora muy encabronado con Wenstein por sus asaltos sexuales, tema que él desprecia y que en su filme con Abel Ferrara sobre el ex titular asaltador del FMI convirtiese en declaración de intenciones. No te pierdas. Le imprimes vitalidad a la sección de nuestro periódico. Saludos, Julio.

  2. Una pel√≠cula muy entretenida… y Depardieu es un astro de la actuaci√≥n. La Thurman es bella, no importa si su personaje es m√°s o menos cre√≠ble se√Īor cr√≠tico, el solo hecho de verla es ya un placer. Saludos, es bueno saber que el cicl√≥n no acab√≥ con el talento y el buen gusto.

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