Valores humanos: la laboriosidad
vie. Nov 15th, 2019

Valores humanos: la laboriosidad

No se puede querer andar por la vida sin trabajar, porque este constituye uno de los factores de mayor consideración dentro de la sociedad./Foto: Tomada de Radio Rebelde

No se puede querer andar por la vida sin trabajar, porque este constituye uno de los factores de mayor consideración dentro de la sociedad./Foto: Tomada de Radio Rebelde

“Érase una vez una descuidada cigarra, que vivía siempre al día y despreocupada, riendo y cantando, ajena por completo a los problemas del día a día. Disfrutaba de lo lindo la cigarra del verano, y reíase de su vecina la hormiga, que durante el período estival, en lugar de relajarse, trabajaba duro (…)”.

¿Y quién no conoce la fábula La cigarra y la hormiga, de Esopo?, sí esa misma que habla del esfuerzo, de la laboriosidad, y cuya moraleja nos dice que debemos dividir nuestro tiempo para todo, dedicar un lapso a divertirnos, otro a trabajar, y que no nos debemos confiar siempre en que todo nos va a ir bien, ya que hay épocas buenas y malas.

Ser laboriosos nos beneficia (y no solo para el bolsillo). También es un camino para la realización personal, la satisfacción con uno mismo y la felicidad. Quizá por ello François Marie Arouet Voltaire refería que “el trabajo aleja de nosotros tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad”.

Mientras que nuestro Héroe Nacional, José Martí, lo reseñaba como “dulcísimo consuelo, esta fuente de fuentes, esta fuente de orígenes, este cincel, pincel, creador, evocador, este amigo que une, añade, sonríe, avigora y cura. (…) El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermoso como ellas”.

Cuando trabajamos conseguimos varios objetivos: por un lado, nos sentimos parte de un proyecto, de un equipo o de un propósito. Y por otro, nos propone el camino para el aprendizaje y el desarrollo. Ahora bien, para conseguirlo requerimos esfuerzo y laboriosidad. No se puede querer andar por la vida sin trabajar, porque este constituye uno de los factores de mayor consideración dentro de la sociedad y una de las preocupaciones y ocupaciones más habituales de la gente.

Entonces, seamos útiles y veamos el acto propio del regreso de las faenas cotidianas como un espectáculo imponente, como lo describía Martí, “el de las cabezas de los hombres barridas por la palabra del orador justo y bueno: y es la tarde en la ciudad cuando vuelven a su casa los trabajadores”.

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